LA UNIVERSIDAD POPULAR DE MARBELLA: TREINTA AÑOS DE FORMACIÓN EN GÉNERO

MujerDurante la Transición, las organizaciones de mujeres aportaron al día Internacional de la Mujer Trabajadora, identificado por los sindicatos con las mujeres obreras, un carácter reivindicativo que convirtió el 8 de marzo en una celebración propia del Movimiento Feminista. Este espíritu fue asumido desde su creación en 1982 por la Universidad Popular de Marbella y San Pedro que en 1986 diseñó y en 1987 desarrolló un programa propio coordinado por Julia Paladino e Inés Maldonado y apoyado por el equipo de Animación- Socio Cultural y por el Departamento de Alfabetización y Cultura.
En la Universidad Popular Municipal (UPM) el Programa Mujer priorizó una actuación sobre las mujeres adultas desde la consideración de estas como sector social desfavorecido, históricamente excluido del sistema educativo o bien parcialmente incluido en el mismo pero obligadas a asumir un currículum diseñado para el sexo masculino, ajeno por tanto a su experiencia. En todas las universidades populares existieron Aulas de Mujeres a cargo de militantes y activistas de formaciones feministas, fueron el precedente de los Proyectos específicos destinados a mujeres que se implantaron y desarrollaron con los siguientes objetivos:

  • Facilitar procesos de socialización entre mujeres.
  • Concienciación de su condición de sujeto social activo.
  • Promoción de la participación activa y crítica.
  • Promoción del asociacionismo.
  • Facilitación de instrumentos y medios para la elevación del nivel cultural o de formación y reciclaje profesional.
  • Posibilitar el asesoramiento e información en torno a temas de asistencia social, derecho familiar.
  • Fomentar la creación de cooperativas laborales de mujeres.
  • Desarrollar campañas reivindicativas e informativas sobre divorcio, nulidad, adopción… (La información del Programa Mujer procede de nuestro libro inédito, La Universidad Popular de Marbella. La singularidad de un modelo de intervención cultural).

En Marbella y San Pedro el programa, durante los años ochenta, se proyectó en una serie de actuaciones programadas a partir de las demandas de las alumnas de cursos y talleres de la de la UPM –sobre todo de las mujeres con menos nivel cultural y económico— pero siempre abiertas a la gente de los barrios donde se instalaban nuestras sedes. De aquellas demandas surgió la Escuela de Padres y los cursos de capacitación para mujeres jóvenes en busca del primer empleo; servicios de orientación laboral; educación para la sexualidad; cursillos médicos sobre salud reproductiva y planificación familiar. Eran años en los que muchas mujeres contaban en las aulas de Santa Marta, Las Albarizas, San Pedro, El Salto, Nueva Andalucía y Las Chapas que se sentían inútiles; que no haber ido nunca a la escuela las llenaban de vergüenza y humillación, que no sabían explicar lo que era sentirse pequeña cuando a veces, los maridos, los patrones e incluso los hijo, por su ignorancia, las vejaban pero ninguna sabía lo que era “la violencia de género”. Para ellas se programaron conferencias impartidas por profesionales médicos, psicólogos y abogados y por primera vez en el municipio se habló de “malos tratos”, de planes de igualdad, de educación no sexista, de los derechos de las mujeres. Aquellos planes formativos de la UPM fueron el germen las políticas de género institucionalizadas: primero lo que se denominó Oficina de Información a la Mujer puesta en marcha con una subvención del Instituto Andaluz de la Mujer en el curso 1989-1990 y posteriormente las sucesivas concejalías deIgualdad.
Los muchos logros en las políticas de género no deben relajar la presión sobre las administraciones para seguir avanzando hacía la igualdad y sobre todo en el plano educativo para el mantenimiento de planes destinados a erradicar el sexismo en la sociedad. La escuela es el principal instrumento pero no el único.
En Marbella el actual debate en torno a los organismos autónomos locales ha permitido de nuevo el eterno cuestionamiento de la función del de “Arte y Cultura” –al menos en su supuesto desdoblamiento en los planes de Educación de Adultos— una actuación que si bien como todo programa de financiación pública debe ser controlado y fiscalizado tanto en el cumplimiento de sus objetivos como en su utilidad social, debería ser valorado, al menos, en los muchos aspectos en los que como proyecto de democracia cultural fue pionero. Como institución casi totalmente feminizada permitió en el programa de Formación de Adultos implantar aprendizajes desde la perspectiva de género. Lo hicimos no desde la formación, que no teníamos –aún no había, si no excepcionalmente planes de género en la universidad, másteres, etc—, sino desde el convencimiento de que la situación de las mujeres tenía que cambiar y que cambiaría sólo en base a la formación, a la educación y a la cultura; lo hicimos desde la empatía con todas aquellas mujeres que acudieron a nuestras aulas y que siempre fueron más amigas que discípulas.
Hoy treinta años después de aquel 1986 que puso en marcha el primer programa de mujer, recuerdo todos los 8 de marzo celebrados en la UPM: charlas, tertulias, cine y teatro y a quienes lo hicieron posible, sobre todo a las compañeras que ya no están. Evoco hoy aquel programa no desde la nostalgia sino desde la esperanza de que puedan inspirar actuaciones adaptadas al momento actual: sexismo emergente, situación de las mujeres inmigrantes, permisividad social e incluso institucional con actitudes y comportamientos machistas y misóginos.

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