Libertad

LibertadMe aproximé a Pureza, Jonathan Franzen (Salamandra, 2015) porque me interesan las vivencias de los berlineses del “otro lado del muro” en los momentos previos a su desaparición. Uno de ellos, Andreas –disidente de la RDA— es el protagonista de una novela desconcertante que terminé sin saber si me había gustado o no. Por eso la recomendé tan sólo a ese tipo de lectores que saben de literatura y valoran la lectura desde un ejercicio crítico e interpretativo, por si su criterio resolvía mi incertidumbre. Jose, un lector exigente me devolvió el reto enviándome, otra novela de Franzen, Libertad (Salamandra, 2011). Una narración que teje las historias de tres generaciones de una familia americana en un presente al que asoman legados inquietantes: alcoholismo, depresión, incomunicación y atavismos culturales y religiosos. Pero entre el bagaje que se hereda y se transmite hay también valores e ideas, activismo, militancia, compromiso social, ética y humanismo. La historia abarca todas las situaciones familiares pero también, la amistad y las relaciones sociales y de convivencia. En un primer nivel se disecciona la vida de una pareja, (Walter y Patty), desde el enamoramiento al desamor; el sexo, la desconfianza, el recelo y al fin la infidelidad. De forma paralela la relación con sus hijos, versus –que aboca al fracaso— de la que ambos tuvieron con sus padres.

La maternidad, asumida como rol hegemónico y abductor de cualquier aspiración personal conduce a la protagonista, una mujer atractiva, exitosa deportista, amada y deseada, primero a la frustración y después a la infelicidad cuando su hijo tempranamente huye de su amor y de su casa, rompiendo el cordón umbilical que la mayoría de las madres perciben eterno e indestructible. Una ruptura que el padre asume desde un nivel que integra un componente más político que emocional, pues padre e hijo son elementos de uno de los varios binomios que a modo de eslabones encadenan la narración y que de algún modo reproducen la polarización ideológica de la sociedad americana.

El muy progresista y demócrata Walter hijo de un modesto hostelero alcoholizado, sólo a base de esfuerzo y voluntad llegó a la Universidad, donde acabó la carrera de leyes con el mismo “pantalón de pana con el que la empezó”. Con esta evocación de sí mismo le reprocha a su hijo, un adolescente totalmente escorado a los valores neoconservadores que inspiran al Partido Republicano, su obsesiva fijación por el éxito fácil, por el dinero rápido y su total indiferencia hacía las causas que han inspirado la vida de Walter: el ecologismo, el pacifismo, o la situación de los pueblos afectados por la política imperialista y belicista del gobierno estadounidense, pero también la deserción de cualquiera de sus responsabilidades familiares que incluyen el desencuentro con su hermana y el abandono de su madre.

Este eje vertebrador de un relato que se supone escrito desde la introspección se interrumpe por fugaces apariciones de los ascendientes de los protagonistas, presentados también en un juego de contrarios. Cultos, ricos, socialmente admirados como profesionales y activistas políticos, los descuidados padres de Patty son la antitesis de la sordidez de la familia de Walter cuya madre, maltratada por el marido y el trabajo, a diferencia de la de Pathy ama a su hijo.

Como destellos fugaces se asoman al relato retazos de la vida cotidiana, de la convivencia entre vecinos, de actitudes y valores que retratan no sin ironía, comportamientos arquetípicos de la sociedad americana.

Entre la compleja urdimbre de vidas relatadas destaca aquella que transita más cerca de la autodestrucción y la locura, la de Richard. Este es el amigo eterno, fundido como a crisol en el magma de la pareja cuya realidad es desde los tiempos del Campus un trío que tarda en reconocerse. Frente a la apacible vida conyugal de los primeros años de la pareja, el desarraigo, las drogas, una sexualidad compulsiva y desenfrenada son los elementos vitales de Richard. Un músico bohemio y desarraigado cuya presencia no desaparece nunca de la cotidianeidad de sus amigos que no saben que compiten por el amor de quien al sucumbir al deseo pero también al optar por la renuncia termina destruyendo no sólo a la pareja, sino a los tres individualidades.

Estas vidas son pulverizadas por el dolor de perdidas como la de la joven amante de Walter; por la separación de Patty, primero de su esposo y después de su amante-amigo, Richard; por los remordimientos de Joey, el hijo en el que se imponen los principios morales de sus padres sobre el oportunismo y la impostura; por la caída de Richard en el infierno de las droga. Vidas que transcurren en un mundo donde el telón de fondo son los grandes temas que fracturan la sociedad americana: los movimientos ecologistas enfrentados a los intereses de las grandes empresas depredadoras de los recursos naturales; el racismo, el terrorismo, los modelos de convivencia y sobre todo la guerra de Irak. Un tema del que el autor se sirve para poner al descubierto la descarnada realidad de las empresas carroñeras que se enriquecen con la destrucción de Oriente Medio; de la manipulación de los discursos patrioteros que permiten que el ciudadano común justifique el intervencionismo militar, la dominación y el sufrimiento de la población civil. La guerra que no ha contado como la del Vietnam con la insurgencia ciudadana, proyectada desde los Campus a toda la sociedad civil. Una línea que en la crítica a la relación con el mundo poscolonial hizo suya un boxeador negro que puso frente a la guerra a grupos indiferentes y apolíticos que mutarían los movimientos sociales hacia los nuevos activismos que Walter representa, la defensa de la naturaleza y de la Paz.

Una lectura, la de Libertad que acaba en lagrimas inevitables, no porque contra todo pronóstico tenga un final “feliz” sino porque tiene un final posible. El de las vidas que se recomponen en el sostén de principios morales imbatibles; en la amistad, capaz de superar traiciones que nunca fueron deslealtades; en el empeño de mantenerse juntos seres que no han dejado de amarse; en el bálsamo del amor filial y fraterno, capaz de calmar las almas más agitadas. Un final desde el que es posible creer en la reconciliación con nuestros demonios y nuestros enemigos. Una opción reservada a quienes nunca permiten que la mala hierba crezca en sus corazones.

4 pensamientos en “Libertad

  1. Este comentario nos lleva a desear conocer al autor y a la lectura de sus libros. Me encantaría que te prodigaras más en la crítica de libros que resulten especialmente interesantes.

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