DISCURSO Y VIOLENCIA MASCULINA

El estudio, ya clásico de P. Bordieu, concluye en que el sistema de dominación masculina se interioriza como normal a partir de la labor reproductiva que garantiza, la interactuación del Estado, la Escuela, la Religión y la Familia. Cada uno de los instrumentos y actuaciones derivadas del entramado institucional que se menciona, fortalecen y apuntalan unas construcciones que históricamente han justificado la desigualdad y, sobre todo, la inferioridad de la mujer. Un ser, que la teología cristiana –siguiendo la tradición aristotélica— supuso imperfecto con respecto al varón y que a partir de consideraciones biológicas la ha considerado –precisamente en el momento de desarrollo del positivismo y el psicoanálisis— sólo capaz de alcanzar la madurez sexual en detrimento de la intelectual. Incapacitada por tanto para el autocontrol de los instintos y de las emociones, su sexualidad que es, a su vez, el instrumento de perversión de los varones debe ser reprimida y controlada. Sobre todo, porque su única función es la perpetuación de la especie. El cuerpo de las mujeres, desde esta imprescindible exigencia adquiere una dimensión política y cualquier sistema de poder ha legitimado el dominio sobre el mismo, justificando a su vez, en cualquiera de sus modalidades, la violencia.

La más atávica y brutal, es sin duda la violación. La más extrema de las agresiones sexuales tiene la misma edad que las guerras. Desde la antiguedad, el cuerpo de las mujeres ha formado parte del botín. En las Cruzadas, en la conquista de América, en las guerras europeas de la modernidad… En Europa, los alemanes en las dos guerras mundiales; en 1945, los rusos en Berlín. En Asia, los japoneses convirtieron primero en Corea, después en el Pacífico Sur, a miles de mujeres en esclavas sexuales; la separación de la zona oriental de Pakistán fue acompañada de la violación masiva de las mujeres de lo que hoy es Bangladesh.

En los conflictos étnicos, el cuerpo de las mujeres simplemente se ha convertido en una estrategia bélica, un instrumento desde el que se quiebran las identidades. Ha ocurrido en el largo conflicto de Guatemala, en el que la violencia sexual sobre las mujeres mayas pretendía la desaparición completa de las comunidades indígenas del Quiché, tanto como en los conflictos que a lo largo de los años noventa presentan modalidades específicas de violencia de género y objetivos claramente genocidas: Sierra Leona, República Democrática del Congo y en el conflicto de los Grandes Lagos. En 1993, Amnistía Internacional denunció la violación de 40.000 mujeres bosnias como estrategia de la política de pureza étnica aplicada por los serbios en el territorio conquistado. El desprecio por los derechos humanos en todos los conflictos anteriores derivó –en parte gracias a la denuncia llevada a cabo por asociaciones de mujeres— al establecimiento de mecanismos de investigación y a la creación de tribunales especiales encargados de juzgar crímenes contra la humanidad, entre lo que se ha incluido la violación. Con el precedente de Nuremberg, desde 1998 se crea el Tribunal Penal de la Haya que juzga estos delitos y a sus autores, después de que la violación fuera considerada crimen de lesa humanidad.

Están puestas, por fortuna, las bases para la condena y la penalización de la violencia sexual en la guerra como lo están en la paz.

Sin embargo, lo ocurrido en Pamplona evidencia que la violación, como un hecho –si no cotidiano y recurrente pero tampoco tan raro— asociado a la multitud, a la masa, a la liberación de los instintos más primarios. Durante celebraciones tumultuarias es lo suficientemente impactante como para que se hayan desplegado mecanismos de seguridad excepcionales. Asumidos como en la feria de Málaga, incluso desde la autoorganización de mujeres tan conscientes como valientes.

Parecía no caber más consternación ante la violación sufrida por una joven en los San Fermines cuando nos enteramos de que el escarnio es consumido como espectáculo y entretenimiento por primates de la misma infrahumanidad que la los energúmenos encarcelados. Y estos otros “violadores pasivos” igual no estaban de feria, igual veían los vídeos en la paz doméstica mientras sus hijos miraban los dibujos animados. Esa complicidad es culpable y debe ser penalizada. Pero aun así estas situaciones, por aisladas y excepcionales que sean han de ser interpretadas desde una concepción cultural en la que arraiga que el cuerpo de las mujeres existe para ser dominado y poseído y que su conducta y sus elecciones dependen del comportamiento de sus hormonas. Al respecto es significativo, la complicidad del lenguaje con la dominación masculina en cuanto a la riqueza de expresiones que asocian el órgano sexual femenino a comportamientos irreflexivos e irresponsables que deben ser domeñados. Así cuando un hombre actúa según el dictado de sus genitales, lo hace con determinación y con la manifiesta intención de conseguir un objetivo meditado. A las mujeres se las veja a menudo, aludiendo al comportamiento lunático, derivado de lo que le sale de… Por eso, por mucho que algunos académicos se empecinen, frente al lenguaje sexista no se puede bajar la guardia. Lo sé porque he oído el insulto proferido por uno de estos animales, sin que del auditorio –compuesto de mujeres y hombres ilustrados y con formación universitaria— se levantara una voz de censura. Y mientras toleremos el soporte discursivo de la violencia masculina, tendremos que seguir soportándola y aun sorprendidos nos preguntaremos ¿cómo ocurren estas cosas?

5 pensamientos en “DISCURSO Y VIOLENCIA MASCULINA

  1. Jóvenes del siglo XXI, preparados para violar mucho antes de emprender su viaje a Pamplona. Ya lo habían hecho antes, pero no pasó nada. ¿Alguien denunció?
    Las leyes a este respecto son demasiado blandas, tanto que al leer tu lúcida exposición duele el corazón al pensar en el atropello y la humillación ejercida por estos energúmenos en los cuerpos y en las almas de estas chiquillas.

  2. Hay que seguir luchando desde la base. Educando a nuestras hijas y a nuestros hijos. Los que podemos, también en las aulas, haciendo que temas como estos, sean tan importantes como enseñar ortografía o las tablas de multiplicar.

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