La Cultura en Marbella, 1980-2000

inauguracion-upInauguración de la UPM (28 de agosto de 1982): Julio Moreno (PSA), Antonio Murcia, alcalde de Estepona (PTA); Alfonso Cañas, alcalde de Marbella (PSOE); Rafael García Conde, concejal delegado de Cultura (Independiente – PSA); Manuel López (PSOE) y Francisco Pedrazuela (GIM). Fotografía: Archivo personal de Rafael García Conde (ARGC).
Presentación de la obra

La Universidad Popular de Marbella: la singularidad de un modelo de intervención cultural

“Nunca ha significado tanto el término de cultura como en los días de la Transición”, afirma José Carlos Mainer, en uno de los mejores ensayos realizados sobre la España reciente: El aprendizaje de la Libertad. Uno de los ejes interpretativos de este magistral ensayo es la continuidad de ciertas claves culturales del tardo franquismo durante la Transición.

En Europa, la aspiración a la democratización cultural fue un efecto de la sociedad del bienestar. En España, la expansión del consumo cultural se produjo durante el Desarrollismo, no sólo a nivel de entretenimiento, sino también en torno al debate político e intelectual. Durante el proceso no se dio, sin embargo, la reconciliación entre la cultura de elite y la cultura popular. Un reto planteado por las políticas culturales de los ayuntamientos conformados en 1979 en las principales ciudades españolas.

Fue entonces cuando se generalizó el uso de un nuevo concepto, el de Animación Sociocultural –la cultura como práctica— que se asimila a su vez a la democracia cultural, concepto superador de la democratización de la cultura.

La expansión de las pautas de consumo cultural es reconocible en la Marbella de los años setenta, ciudad socialmente muy diversificada, paradigma del desarrollismo y de la liberalización de las costumbres.

La democratización de la cultura y la democracia cultural no son términos sinónimos, ni siquiera necesariamente vinculables. De ahí que entre uno y otro modelo necesariamente haya de mediar una voluntad política de modificar las políticas culturales. A partir de 1982 la implantación en Marbella de un proyecto de animación sociocultural a través del instrumento de la Universidad Popular (UPM) más que novedoso fue impactante. Se demostró que la ciudad que el mundo conocía como el escaparate del ocio, de la riqueza y el lujo no era tan apática y tan banal como aparentaba. Bajo sus oropeles existía el movimiento vecinal, un sindicalismo activo que se había ensayado en las huelgas de hostelería, ciertas redes de sociabilidad cultural: grupos de espeleología, talleres de cerámica y pintura, asociaciones musicales… que confluyeron en lo que sería la UPM.

La expansión de la enseñanza primaria y el desarrollo de la secundaria había atraído a Marbella a toda una generación de maestros jóvenes y de profesores de instituto; la expansión de los servicios públicos y la actividad derivada de una economía terciaria perfila una sociedad demandante de un ocio y una gestión del tiempo distinto al que se ofrecía al turista. Desde esta demanda, a impulsos de docentes y de la voluntad política de la Delegación de Cultura del primer ayuntamiento democrático, surgió en 1982 la institución que ha hegemonizado las políticas culturales del municipio.

El proyecto no consiguió, sino de forma muy limitada, la creación de grupos dinámicos con proyección comunitaria. Primero porque, entonces, la animación sociocultural ni siquiera existía, o parcialmente, como disciplina y sus fundamentos teóricos eran desconocidos para la casi totalidad de los actores implicados en el proyecto. Después porque, a veces, las necesidades de los individuos y de los grupos no coinciden exactamente con los programas que se han diseñado para ellos. No hubo, por tanto, democracia cultural sino un desarrollo extraordinario de servicios culturales que contribuyeron a la democratización de la cultura. La UPM durante varias décadas ha sido la más importante factoría de ideas, creación, sociabilidad, espectáculo y Educación de Adultos con arraigo –en función de su estructura descentralizada— de todo el municipio.

El trabajo que presentamos no pretende establecer un balance entre fortalezas y debilidades, sino facilitar una base empírica que posibilite la interpretación del significado de la cultura en cada momento histórico. Planteamos ahora su divulgación ante el extendido fenómeno de la banalización de la cultura y la preocupación suscitada en historiadores, profesores, escritores, gestores culturales, programadores… Sobre todo, por la necesidad de distinguir entre democratización de la cultura y la devaluación del producto cultural que conlleva su banalización.

En su conocido ensayo sobre el tema, Mario Vargas Llosa ha mostrado su preocupación por que la cultura devenga en simple entretenimiento. Más peligroso es que el poder político confíe su gestión a intereses económicos o personalistas. Tan peligroso como que estos actores justifiquen la devaluación del conocimiento y la creatividad en función de una línea alternativa –supuestamente progresista— al esfuerzo intelectual, a la profesionalidad y a la cultura académica. Esta, por cierto, suficientemente cuestionada por una red de factorías de pensamiento crítico gestionada por docentes y pensadores antiacadémicos e incluso antisistémicos pero de gran solvencia intelectual.

El trabajo que presentamos se ha realizado en función del compromiso contraído con la comisión que hace diez años organizó el veinticinco aniversario de la creación de la UPM. Fue un encargo de los amigos y compañeros con los que durante esos veinticinco años habíamos compartido acuerdos y disidencias.

Sin la ayuda de Mónica Caballero y Tomi Prieto no se habría culminado pero sin la insistencia de Mercedes Carrillo tampoco. El trabajo es así mismo deudor de los testimonios prestados tanto por los impulsores del proyecto como de los trabajadores de la UPM, así como de los materiales personales prestados por Auxiliadora Tapia, Rafael García Conde y Silvia del Moral a quienes agradezco su apoyo. Igualmente, muestro mi agradecimiento a los cargos directivos que facilitaron la consulta de fuentes en los archivos de la FMAC de Marbella y San Pedro Alcántara, Javier Mínguez y especialmente a Isabel Chaves quien apoyó incluso a nivel personal la recogida de fuentes. No podemos dejar de recordar a quienes ya no leerán este trabajo porque extrañaremos sus comentarios.

la-upmObra completa en [PDF]

© Lucía Prieto Borrego                                                                                                  Depósito Legal: MA-621-2010

2 pensamientos en “La Cultura en Marbella, 1980-2000

  1. Fue un enorme orgullo, un gran privilegio, poder colaborar con una profesional de la Historia de la talla de Lucía, lo fue mucho más que dicha colaboración pudiera hacerla con una persona tan buena que supera con creces a la mujer historiadora, lo es hoy más que nunca al ver mi nombre reflejado junto al de mi hermana, siempre a mi lado incondicionalmente. Por fin una obra que considero posee mucha calidad ve la luz aunque sea de forma digital. Nunca es tarde si la dicha es buena,

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