El Maleficio

No, no es cierto que esta ciudad no ame a su patrimonio, no es cierto que sea insensible, no es verdad que sus políticos siempre fueran indiferentes, inhibicionistas o abiertamente aniquiladores de cualquier obstáculo patrimonial a los intereses especulativos. A principios de los años setenta del pasado siglo, cuando la ciudad se había consolidado como uno de los principales destinos turísticos de Europa, el ya designado sucesor del dictador, el futuro Juan Carlos I, inauguraba la Sala de Arqueología, en cuya organización trabajaba Carlos Posac Mons, descubridor de la Villa Romana de Río Verde y se editaba la primera Guía Arqueológica de Marbella, referente de todos los estudios posteriores. La creación de un museo municipal, proyecto que en la actualidad –en consonancia con la proximidad de las elecciones— ha sido anunciado como de rápida e inaplazable ejecución, estaba incluido en la Carta Cultural que en noviembre de 1978, el alcalde, Francisco Palma, elevó al Ministerio de Cultura, la tercera parte de las actividades para las que se solicitaba subvención estaban relacionadas con el mantenimiento de la Villa Romana y de la Basílica Paleocristiana de Vega del Mar. El primer ayuntamiento democrático mantuvo con la política patrimonial de la última corporación franquista mayor continuidad que la que tendría el conformado en 1983. La Delegación de Cultura dirigida por un andalucista integró en el Consejo Municipal de Cultura a la mayoría de colectivos que desarrollaban desde la década anterior actividades relacionadas con el Patrimonio natural y con la creación artística o artesana. Uno de estos colectivos, el Grupo de Espeleología, sería uno de los aportes más significativos de sensibilidades afines a la conservación del Patrimonio arqueológico. No en vano, varios de sus miembros trabajaron en 1982, asesorados por los arqueólogos Bartolomé González Ruiz, Rafael Puertas y Carlos Posac en la clasificación y elaboración de las fichas de los restos arqueológicos que conformaban la colección municipal. Era una actuación encaminada a la consecución del reconocimiento oficial del Museo Municipal que exigía el previo inventario de las piezas y su catalogación. El 30 de marzo de 1982, la Comisión Municipal Permanente aprobó el inicio de los trámites para el reconocimiento como museo del modesto conjunto de piezas que dignamente se exhibió en la sala del siglo XVI en la que Jesús Gil, “enamorado de sus pintura murales”, instaló su despacho. Se deshizo de las piedras y desmanteló el museo, sin que de muchas de las piezas se sepa su paradero. Veinticinco años después, la actual Delegación de Cultura, ha retomado la creación del denominado, ahora, Museo de la Ciudad que, sin duda, será realidad, al menos discursivamente, antes de las próximas elecciones. Los ayuntamientos de los años ochenta apostaron por la política patrimonial promoviendo la compra del Ingenio Azucarero de San Pedro Alcántara y del Hospital de Bazán. Su mirador, una pequeña joya arquitectónica del siglo XVI, otea el casco antiguo para el que, el 2 de abril de 1981, la Comisión de Cultura solicitó que se evitara la proliferación –vergüenza me da decirlo— de anuncios luminosos que ensombrecían las fachadas encaladas, distintivo de su belleza.

Sala de Arqueología inaugurada por los príncipes de España el 14 de marzo de 1972. Fuente: Marbella 71-72, Comisión de Fiestas del Muy Ilustre Ayuntamiento de Marbella, 1972.

La preservación del yacimiento arqueológico de la zona de Guadalmina suponía ya la confrontación con intereses urbanísticos. La corporación de 1979 no actuó bajo presión ciudadana cuando consiguió la paralización de las obras acometidas en una propiedad de los Goizueta. La denuncia, efectuada por el mismo delegado de Cultura sobre la destrucción del yacimiento, fue comprobada por una inspección municipal que constató los daños en un espacio cercano a la Basílica Paleocristiana que era Monumento Histórico Nacional. Este yacimiento, el más importante, sin duda, del término municipal, no dejó nunca de suscitar el interés de los amantes del Patrimonio. En 1981, un joven maestro de San Pedro creó el Grupo de Misión Rescate “La Azucarera” con el objetivo de limpiar de maleza la iglesia y la necrópolis de Vega del Mar, amenazada también por el bosque de eucaliptos que le da sombra. Aquel mismo año, una campaña de excavación y limpieza dirigida por Carlos Posac demostraba la voluntad política de lo que ahora se llama poner en valor un yacimiento, sobre el que treinta y siete años después se ciernen las peores amenazas. Esta política patrimonial pilotada desde la Delegación de Cultura fue pocas veces obstruida, si bien los concejales de centro derecha siempre se mostraron cautos nunca la estorbaron. Y aquel Ayuntamiento impulsó una labor editorial de divulgación histórica que no ha tenido continuidad. La revista Cilniana dio cabida a investigaciones sólidas como las del profesor Alfonso García Guzmán o el profesor Jiménez Quintero, concursantes fallidos del Premio “Vázquez Clavel”, rompía, pues, la hegemonía que la obra de Fernando Alcalá mantenía sobre la actividad editora; propuestas, como las que en la Comisión Permanente de Cultura formulaba el concejal andalucista, Julio Moreno, iban encaminadas a que en obras promocionales de la ciudad se incluyeran contenidos históricos, alusivos al pasado minero.

Campaña de excavación en la Basílica Paleocristiana de Vega del Mar, verano de 1981, su director, Carlos Posac, en el centro de la imagen. Fuente: Sur, 25-09-1981.

A partir de 1983, la política cultural da un giro con una menor atención a los temas patrimoniales que continuó en la agenda política de la oposición: en noviembre de 1983, el PASOC solicitó iniciar los trámites para la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del Convento de la Trinidad. Bajo aquella corporación, la creación en 1986 del Archivo Histórico Municipal, cerraba en parte el proceso de recuperación del Patrimonio documental. El presupuesto de la Delegación de la Cultura se había elevado un 34% y el socialista Antonio Mazuecos quiso convertir a Marbella en un referente cultural, llegó a proponer la incorporación de asesores de gran prestigio intelectual como José María Amado y Lorenzo Saval. Esta tendencia a la utilización de personajes icónicos como representación de la Delegación de Cultura ha tenido cierta continuidad, visible en la apuesta gilista por artistascomo Felipe Campuzano y en la fabricación ad hoc de talentos e intelectuales locales, sin relación con el tema patrimonial.

No, no es cierto, al menos en su totalidad, que esta ciudad no haya amado y respetado su Patrimonio.Los equipos docentes de los Centros de Educación de Adultos de Marbella y San Pedro Alcántara, integraban y desarrollaban en sus programas contenidos y actividades relacionadas con los edificios de interés histórico, autoeditaron materiales de estudio y organizaron jornadas sobre la historia de la ciudad. Por su parte, en el Centro de Formación del Profesorado durante la década de los noventa, se desarrollaron cursos en los que varios especialistas abordaron el proceso histórico, desde el análisis de los yacimientos arqueológicos, la antigüedad y el medievo; desde las fuentes escritas, la castellanización; desde la arqueología industrial, la industrialización y desde la documentación del archivo municipal la historia social y política del siglo XX.

Programa del Curso de “Historia Local” organizado por el Centro de Profesores de la Costa del Sol en 1995. Fuente: Archivo de la autora.

Al margen de los actores institucionales, un conjunto de asociaciones y colectivos se han venido durante décadas comprometiendo desde distintas ópticas con la conservación del Patrimonio y con la difusión de la investigación histórica. Cuando el ayuntamiento gilista, arrasó la Colonia de El Ángel, investigadores, maestros y amantes de la Historia confluyeron en un conjunto de actividades organizadas en, 1994, en la sede de la Hermandad de San Bernabé. Francisco Cantos Moyano, un investigador de talante humanista, propició allí –quizá por primera vez— un debate sobre la Guerra Civil muy alejado del discurso integrista que utiliza la defensa del Patrimonio histórico contra la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Una postura que pone de manifiesto la progresiva y perversa sustitución del interés histórico por el interés político al servicio de la ultraderecha. Pero en aquel encuentro lo que mayormente se puso en evidencia fue la magnitud de la destrucción patrimonial. En apenas tres años habían desaparecido las huellas de la actividad agraria e industrial de El Ángel, las rejas de las ventanas del Cortijo Miraflores habían sido arrancadas y el edificio expoliado. La imagen de la ruina en que se había convertido el Cortijo, adquirido unos años antes por el Ayuntamiento, era sobrecogedora. Y un grupo de personas decidió denunciar el expolio y trabajar por su conservación. Pero lo hizo, según se iría convirtiendo en asociación con los instrumentos del conocimiento, de la investigación, del estudio, de la edición, del debate y del compromiso, “Cilniana” funcionó según un modelo colaborativo y horizontal, en el que, salvo casos muy excepcionales, todos sus miembros trabajaron por intereses comunitarios, desplazando si no sus ideas políticas personales, sí los intereses de partido, salvaguardando de la visibilidad las situaciones laborales que podían ser objeto de represalias y evitando una proximidad con el poder que pudiera confundir la colaboración con el apoyo. Intensos debates, sobre la presencia que cabía a los representantes municipales, precedieron a cada uno de los actos de la asociación “Cilniana”, que sobre cualquier otro presupuesto, durante mucho tiempo hizo gala de independencia, dejando a los concejales sentados entre el público.

Catálogo de las publicaciones de la asociación “Cilniana” entre 1996 y 2006. Fuente: Archivo de la autora.

     No, no es cierto que a nadie le haya importado la Historia y su Patrimonio: quienes tenían experiencia en excavaciones, formación en arqueología y voluntad retiraron con sus propias manos la basura que ocultaba la ermita de los Monjes; otros buscaron fotografías, las clasificaron y organizaron exposiciones; quienes se dedicaron a la edición pedían artículos y los corregían; quienes a la investigación escribieron e impartieron conferencias; quienes a la distribución pateaban librerías y bibliotecas, muchas veces –porque era más fácil depositar que cobrar—.

     Otros grupos han surgido en defensa del Patrimonio: “Marbella Activa” que ha vuelto a convocar un nuevo premio de investigación histórica, la asociación ha renovado las herramientas reivindicativas y ha incorporado el reconocimiento del Patrimonio inmaterial; la asociación cultural “San Pedro Alcántara 1860”, que viene con un conocimiento en profundidad del tema, advirtiendo del peligro que se cierne sobre el espacio de arqueológico de Vega de Mar, y, en la red, el grupo de facebook “Historia de Marbella” es lugar de encuentro de centenares de amantes de la Historia. Pero ni el compromiso ni la voluntad de los grupos surgidos de la sociedad civil y de las personas que los lideran pueden sustituir las obligaciones que los poderes públicos tienen con respecto a la conservación del Patrimonio. En solo tres años y bajo la dirección de dos directoras generales –del Partido Popular y Opción Sampedreña— han sido destrozados los mosaicos de Villa Romana de Río Verde; la Junta de Andalucía ha multado al Ayuntamiento por la utilización de una excavadora en el yacimiento de Vega del Mar; el Trapiche del Prado también ha sido asaltado y sus muros pintarrajeados –sin que el Ayuntamiento, por cierto, lo haya denunciado—; han roto la histórica fuente que cierra el rectángulo de la plaza, un espacio urbanístico abierto en el siglo XVI que han iluminado como un casino de Las Vegas. Desde la convicción de que no existe culpabilidad puesto que no hay intención por parte del poder político de dañar el Patrimonio, ya solo se me ocurre la posibilidad de que sobre el término municipal planee un maleficio y que la solución sea un exorcismo como el que se aplicó hace unos años al Cortijo Miraflores, pues los fantasmas ya no han vuelto a aparecer.

     Catalina Urbaneja afirmaba con claridad, hace unos días, que cada vez que se denuncia un desastre se responde con el anuncio de proyectos millonarios para un futuro inmediato pero que todo sigue siempre igual, aunque durante un tiempo se apacigua el incomodo clamor de los denunciantes.

     ¿Se han podido evitar estos desastres? ¿Cómo es posible que responsables de Patrimonio no se asesoren sobre el protocolo a seguir antes de ordenar la limpieza de un BIC y se envíe una excavadora? ¿Cómo es que antes de ordenar una obra municipal en el casco antiguo, la Delegación de Obras no informe a la de Patrimonio? ¿Cómo es que la Delegación de Cultura puede desarrollar actuaciones rápidas y eficaces para solventar la agresión a la “Fuente de la Plaza” y, a fecha de hoy, no se ha intervenido en la limpieza del Trapiche del Prado? ¿Conocía la Delegación Municipal de Cultura la Memoria Preliminar de las actuaciones arqueológicas con georradar encargadas por Acosol en la playa de Lindavista? ¿Por qué Patrimonio no se ha pronunciado? Parece claro que, con respecto a la política patrimonial, las delegaciones funcionan como auténticos reinos de Taifas. Pero si los concejales se ponen de acuerdo para regalar Patrimonio territorial a Benahavís ¿cómo es que no son capaces de ponerse de acuerdo para proteger el Patrimonio histórico?

Portada del libro Guía Artística de Marbella, de Mª Dolores Aguilar; Rosario Camacho y José Miguel Morales, editado por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Marbella en 1982.
Fuente: Biblioteca de la autora.

Un pensamiento en “El Maleficio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s