Elecciones municipales, una ciudad bicolor: los barrios rojos

Una ciudad bicolor

Fuente: El mapa del voto en las municipales, calle a calle, El País, https://elpais.com/politica/2019/05/29/actualidad/1559081659_074745.html [17-08-2019].

El geógrafo Natera Rivas publicó en 2002, bajo el título Heterogeneidad social y diferenciación residencial en Marbella un sólido estudio en el que establece que el estatus social y familiar tiene una dimensión espacial que determina la división del término municipal desde el punto de vista social. En el casco urbano de Marbella, las zonas que por su estatus quedan por debajo de la media, establecida en función del conjunto de variables tomadas por el autor, correspondían a la denominada Colonia de la Esperanza –Plaza de Toros— y a la Divina Pastora; a los espacios colindantes con ambas barriadas y al Barrio Alto, donde Aduar y Leganitos se acercan a las zonas de estatus más inferior. Los barrios que más se acercan al límite que marcan la media son el casco antiguo y el de Miraflores.

Resulta evidente que las conclusiones de un estudio del año 2002 no pueden ser asumidas sin tener en cuenta la profunda transformación urbanística y el consiguiente poblamiento pero las tesis de Natera siguen siendo válidas para gran parte del término municipal. Por otra parte, la información del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía permite visualizar espacios muy diferentes atendiendo al grado de urbanización que reflejan mallas clasificadas según el número de habitantes y que pintan un mapa entre el rojo intenso –celdas con más de mil— y el amarillo pálido – menos de cincuenta—. Parte de las zonas más densamente pobladas coinciden con los espacios que en el estudio de Natera se identifican con los más desfavorecidos socialmente.

Avenida del Trapiche (Pilar-Miraflores). Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

No sabemos hasta qué punto se puede establecer una relación entre la orientación del voto y el nivel de vida. Y de cualquier forma en los sectores de menos nivel social no puede decirse que no se haya votado a la derecha, sino simplemente que se ha votado más a la izquierda. Sin embargo, la principal característica de los espacios en los que el PSOE ha obtenido más votos es su deterioro y ese voto quizá se deba a la impotencia de ver como en veintiséis años de predominio de partidos populistas y conservadores las condiciones ambientales han empeorado. Los barrios más rojos son los que están sobre mallas más densas y los que sostienen en sus espacios una mayor concentración de servicios comunitarios: dos colegios públicos quedan dentro del perímetro de Miraflores que integra nada menos que el edificio de los juzgados, además de la Oficina de Empleo, y hasta ápoca muy reciente, el Centro Permanente de Educación de Adultos. Durante el gilismo mientras se consumaba la privatización y urbanización del cauce bajo del río Huelo, en su tramo posterior se ubicó el mercado. El barrio quedó saturado en su oferta de servicios públicos y por tanto colapsado porque a medida que se urbanizaba la antigua finca del Mayorazgo, los vecinos se percataron de que también eran propietarios de lo que se creía eran espacios comunes y cerraron las pocas plazas que quedaban entre el bosque de cemento. Los parcos espacios destinados a aparcamientos que existían se redujeron y los problemas de circulación se agudizaron. Después, en el espacio comunitario del mercado se instaló un gimnasio e ingenuamente se creyó que puesto que era una concesión municipal se respetaría la propiedad pública del aparcamiento, por el contrario su coste –tres euros la hora— es muy superior a los parkings “municipalizados” del centro. Antes al barrio le cupo el orgullo de ser también depositario de los “sofisticados” y “modernos” equipamientos culturales como el bunker donde se dan las clases de la antigua Universidad Popular, el más costoso y sin embargo incontrolado programa cultural del municipio; la “magnífica” y “acogedora” biblioteca municipal que comparte los mismos aseos con las aulas de “Arte y Cultura”  y el “soleado” y “ventilado” bajo donde se ubica el Centro de Participación Activa para Personas Mayores. El barrio presenta un conjunto de incongruencias que lo convierten en el versus de las ciudades habitables. Primeramente, está dividido de norte a sur por el eje de la avenida del Trapiche, la vía principal que comunica el casco urbano con la autovía y con la estación de autobuses. Cualquiera que entre o salga de Marbella desde o hacia el norte tiene que cruzar el barrio de Miraflores, de forma que cientos de personas y vehículos a diario suben y bajan por una vía que tiene hoy menos anchura que cuando la transitaban los maquis; franqueada por aceras tan estrechas que sólo cabe un peatón y en algunos tramos, en modo alguno, pueden pasar personas con problemas de movilidad. En segundo lugar, el barrio está situado entre dos de las arterias verdes más amplias de la ciudad pero en sus calles las escasas zonas ajardinadas no tienen uso comunitario y por tanto carecen de asientos. Los bancos que no deben superar la treintena a falta de plazas están diseminados de forma anárquica. Los espacios que se abren entre los bloques están convertidas en zonas de aparcamientos, tan disputadas que los vecinos se ponen de acuerdo para poner los coches en doble fila o triple, según la zona. Es cierto que existe una pequeña plaza en el tramo intermedio de la avenida del Trapiche –en realidad un ensanchamiento de la acera— también amenazada por una terraza invasiva que ya ocupa un tercio del espacio, pero afortunadamente allí hay ¡seis bancos! que se disputan cordialmente nuestros mayores. Los que allí no encuentran sitio –hay que tener en cuenta el espacio que ocupa los andadores y las sillas de ruedas— se sientan unos metros más abajo sobre un pequeño murete, llaman irónicamente “el parlamento” y que acoge a los vecinos de las calles más cercanas, con más años y más achaques, por desgracia pronto dejan el sitio libre… Ese muro, durante mucho tiempo próximo a contenedores de basura, nos golpea de ausencias pero sobre todo avergüenza e indigna porque junto a él han pasado todos los candidatos que han pedido el voto en Miraflores. Este barrio sin espacios verdes, sin aparcamientos y con graves problemas de circulación presenta una tercera contradicción: en su ángulo suroriental, el acceso a las calles Santo Domingo y Huerta de los Guerras está cerrado al tráfico y solo pueden acceder los residentes, de forma que en el tramo alto de esta última calle solo los residentes pueden aparcar porque se ha impedido la circunvalación de una manzana colocando macetones a modo de barricada. El barrio ha conocido una pérdida progresiva de espacios comunes bien de iure, bien de facto que ha beneficiado a unos vecinos tanto como ha perjudicado a otros.

Leganitos. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

No solo en Miraflores se dificulta la movilidad de las personas y la circulación, un poco más al sur, sobre el antiguo llano de Leganitos se asienta un colegio, el cuartel de la Guardia Civil y el ambulatorio, este, totalmente emparedado entre dos bloques. La dificultad de aparcar cerca de la entrada obliga a personas enfermas, con problemas de movilidad o lesionadas a caminar. Entre el albergue África y la carretera de Circunvalación, sobre el conjunto de calles que se abren a la izquierda del camino del Trapiche se tienden dos mallas que superan los dos mil habitantes, mientras que las que cubren los bloques situados a la derecha de la misma calle superan, en torno a la Plaza Ramón Ibáñez –no es una plaza sino un aparcamiento— los mil quinientos.

En las tres secciones de este espacio, el PSOE supera el 40% de los votos pero no alcanza el 50%. En la malla más densa, entre las calles Reino de Aragón y Los Almendros, ese partido llega al 49%. Los valores del PSOE –entre 40% y 50%m— se mantienen al otro lado del Parque de la Represa, entre el Puente de Málaga y el norte de la Divina Pastora, y entre calle Peñuelas y la carretera de Ojén –calle Serenata—. Pero se va incrementando a medida que los barrios situados a la izquierda de este eje y el parque de la Represa se extienden en dirección norte: el PSOE supera el 50% de los votos en la sección 7, donde en la malla tendida entre calle Valencia y la calle Juan Breva caben 2.324 personas. El color rojo se prolonga más intenso en la sección 34, en torno a la plaza Paco Cantos. Aquí el PSOE obtiene el 56% e IU el 7%, sin duda uno de sus mejores resultados, lo que significa que el voto rojo se sitúa en el 63%. Aunque en la sección 11 –Santa Marta y el tramo alto de la calle San Antonio—, el PSOE baja al 51%.

Divina Pastora y Santa Marta. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

El Parque de la Represa separa un espacio, que a sus márgenes presenta similitud entre sus condiciones de habitabilidad –mallas entre mil quinientos y dos mil habitantes— y la orientación de un voto favorable en más del 50% al PSOE. El espacio urbano que engloba las sucesivas fases de la barriada Divina Pastora, Arcos de San Enrique y Santa Marta contiene además de los colegios García Lorca y Vicente Aleixandre, otros servicios comunitarios: el segundo mercado de la ciudad y una de las tres parroquias del casco urbano, pero ni la disponibilidad de aparcamientos, ni la circulación es más favorable que en el barrio de Miraflores. Por el contrario, a vista de satélite, la densificación es mayor y a su margen oriental no existen zonas ajardinadas sino la colapsada calle Serenata que separa la zona de una Nueva Divina Pastora donde ya cambia la orientación del voto.

La ciudad roja se prolonga hacia el norte, al este de la carretera de Ojén. Entre esta vía y Las Albarizas el color es muy intenso en la sección 10, entre la Plaza de Toros y el cementerio de San Bernabé que incluye también, los bloques de La Patera cercanos a la carretera, aquí el PSOE obtiene el mismo porcentaje que en la zona septentrional de Divina Pastora (56%), mientras que Cs e IU comparten un 4%. Este porcentaje se amortigua en la sección 25, en torno a la Plaza de Toros, donde el PSOE obtiene el 51% que con el 6% obtenido por IU determinarían una considerable mayoría de la izquierda –en una sección donde UCIN obtiene como IU, el 4%—. La candidatura de José Bernal obtiene el mejor resultado (57%) en la zona oriental de la Plaza de Toros, en el conjunto de bloques que se aproxima a la barriada de Las Albarizas. Esta zona configura un espacio intensamente urbanizado con mallas entre los 1.794 y 1.987 habitantes en el que las únicas zonas abiertas son las Plaza de Toros y el Cementerio de San Bernabé. Y en el que se repite de forma recurrente la tendencia a colocar en los espacios urbanos más densificados los servicios públicos de mayor necesidad para los ciudadanos: las oficinas del Cuerpo Nacional de Policía de expedición de DNI’s y pasaportes y de Extranjería, así como las oficinas de la Seguridad Socia. Afortunadamente hay pocas corridas de toros pero cuando las había y Julián Muñoz repartía entradas a discreción la entrada al barrio se colapsaba. Los muertos son los únicos que transitan sin dificultad hasta el cementerio de San Bernabé. Sus deudos y amigos rara vez pueden acceder en automóvil –parece que está en vía de solución—, quienes llegan allí por primera vez se extrañan de la inexistencia de aparcamientos ante el tanatorio, tan próximo a un colegio público, que las risas y gritos de los niños se elevan sobre el callado llanto por los difuntos.

Plaza de Toros. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

En esta geografía urbana, sitúa el catalogo de Barrios Vulnerables, en base a los informes elaborados por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Marbella en 1991, el espacio señalado por Natera como más desfavorecido socialmente, La Plaza de Toros y Las Albarizas, está ultima también en esa fecha concentraba equipamientos educativos y sanitarios, pero también en ese momento quedan dentro del perímetro que marcan barrios vulnerables: el casco antiguo en el que se incluyen Divina Pastora y Santa Marta. Los informes reconocen que el centro urbano presenta diferencias de nivel entre la zona histórica y su límite oriental, que es a su vez la zona más degradada y que el problema fundamental de este espacio es el aparcamiento y la circulación. Diez años más tarde, y según la misma fuente de información, las zonas citadas –específicamente Peñuelas, Albarizas y Divina Pastora— siguen formando parte del catálogo de barrios vulnerables porque ha sido “segregada de las principales actuaciones de transformación de la ciudad, quedando áreas muy marginales como la barriada de Las Albarizas, localizada al este de la ciudad”. Una década de gilismo había transformado profundamente la ciudad pero no había actuado en los barrios más pobres sino para seguir construyendo. Estas zonas mantienen el máximo nivel de vulnerabilidad en el catálogo del Ministerio de Fomento de 2011.

El rojo intenso de las barriadas que quedan al norte del cementerio se diluye en los bloques que siguen el eje de la avenida López Domínguez hasta su confluencia con la Carretera General. En estas secciones el PSOE no alcanza el 50% pero supera por poco margen al PP. En la zona en torno al estadio, solo los votos de IU (7%) permiten un margen más ancho a favor de la izquierda. Ciertamente esta zona urbana más rosada que roja presenta mejores condiciones que las de los barrios anteriores: la vía que la atraviesa, avenida José López Domínguez, es más ancha que la del Trapiche y el tránsito de personas de reducida movilidad es más fácil. A diferencia de Divina Pastora, Miraflores y Plaza de Toros, los espacios deportivos y la existencia de plazas abiertas y zonas infantiles de juegos desahogan un espacio igualmente muy densificado, sobre el que se tienden mallas entre mil quinientos y dos mil habitantes. En la zona el estadio municipal contiene un conjunto de equipamientos que cedidos a establecimientos de ocio, a asociaciones recreativas o culturales que junto al disfrute de los locales “okupan” también el espacio exterior como aparcamientos de los que carece el principal equipamiento cultural de la ciudad.

Calle San Javier (San Pedro Alcántara). Distrito 2, Seción 10. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

El conjunto de barrios referidos es una pequeña isla de color rojo situada en el centro de un mar infinitamente azul, solo al este de Río Verde unas gotas rosadas han caído como por casualidad sobre la sección 3 del distrito 3 y sobre las secciones 10 y 6 del distrito 2. La primera corresponde a una pequeña zona situada entre San Pedro Alcántara y Nueva Andalucía, donde el PSOE con el 39% de los votos se sitúa con muy pequeño margen por encima del PP pero donde Podemos obtiene uno de sus mayores porcentajes (7%). Este espacio es coincidente con una malla que sobre La Campana determina valores superiores a los mil habitantes. La segunda mancha rosada ha caído en el distrito 2 en las secciones 6 y 10, donde el PSOE queda por encima del PP y del partido localista OSP que gana en las seis secciones del centro de la población sin alcanzar en ninguna el 35% de los votos. En el estudio de Natera, San Pedro presenta en siete de sus secciones un estatus social por debajo de la media, la zona de más bajo nivel era el extremo más septentrional del casco urbano, que es donde en la actualidad se ha concentrado el voto rojo (36% y 37%) y donde en torno a la plaza José Agüera se tiende una malla que supera los dos mil habitantes, si bien en los barrios cercanos a la avenida del Marqués del Duero se superan los mil quinientos y los mil novecientos en la plaza de Juan Macías. Estas zonas han entrado en de los perfiles trazados para los barrios vulnerables entre 1991 y 2006, de hecho en el catálogo de este último año es la única zona del término municipal que mantiene esa catalogación.

Aunque en modo alguno se pueden establecer tesis concluyentes parecen aceptables o, al menos, considerables algunas evidencias:

El espacio electoral de color rojo se concentra en una superficie mínima del extenso término municipal de absoluto predominio azul; esta pequeña isla roja presenta una densidad alta, un fuerte grado de urbanización; y en sus zonas más degradadas, altos valores –paro, nivel de estudios y condiciones de la vivienda— que durante tres décadas las han situado en el catálogo de barrios vulnerables. Sin embargo en este pequeño espacio se concentran la mayoría de los servicios comunitarios del término municipal: educativos, culturales, sanitarios, judiciales, cuerpos de seguridad y lúdico-recreativos que se han ido instalando sin previsión de equipamientos, de forma que todos los habitantes del término municipal utilizan unos servicios cuyos inconvenientes solo afectan a los ciudadanos de los barrios más desfavorecidos.

Desde el punto de vista electoral, el color rojo señala zonas de preferencia socialista pero con valores muy cercanos al PP. De cualquier forma, si se exceptúa San Pedro, en ninguna de las secciones las restantes opciones alcanza el 10% de los votos, lo que supone un clara bipolaridad del voto, que no nos exime de ocuparnos mínimamente del “voto residual”. Izquierda Unida alcanza los valores más cercanos al 10% en los mismos espacios que gana el PSOE, si bien su porcentaje más alto (8%) –en este caso de alto valor simbólico— lo obtiene en el barrio que rodea al estadio, una de las pocas secciones en la que el PP y el PSOE empatan. Entre Santa Marta y norte de la Divina Pastora, IU alcanza el (7%) y en las secciones más rojas de Plaza de Toros y Miraflores al 6%. De ello podría deducirse que los votos de Miguel Díaz proceden del espacio natural de la izquierda sociológica y que el descenso de sus votos se debe más al voto útil al PSOE que al desvío de sus votantes hacia otras formaciones puesto que en la mayoría de la zona roja, Impulsa Ciudad no alcanza a IU, si se exceptúa el barrio de Santa Marta, donde queda por debajo de esta formación y de VOX que obtiene aquí el mejor resultado de los barrios rojos.

La ciudad roja, lo es de forma muy relativa, primero porque la atraviesa una afilada flecha azul, correspondiente a la zona norte del estadio, y en la zona que tras La Patera se extiende al norte de la avenida Arias de Velasco. En segundo lugar porque en las secciones rojas el PP roza el 30%, lo que unido a los votos obtenidos por Cs –en torno al 4%— y a los de VOX –si bien estos están, a excepción de Santa Marta (7%) en torno al 2%m— limitan la victoria socialista y revelan los sólidos apoyos que el PP conserva en los barrios populares. Apoyos hábilmente trabajados primero a través de un asociacionismo vecinal domeñado durante el gilismo y que en algunos barrios visibiliza, sobre todo, en sus fiestas “patronales” –a las que se ha dotado de un fuerte componente religioso— una absoluta identificación con los valores y símbolos de la derecha. Y después por el recurso, según el modelo gilista, de colocar al frente de los distritos a su personal de confianza “cercano a los vecinos”, de forma que la gestión de la problemática ciudadana no se percibe como un derecho que debe ser resuelto a través de los servicios municipales por el trabajo de los funcionarios sino como un favor que hace el partido a través de sus militantes. Y por último es innegable que el partido en el poder pese a la solidez de sus clientelas, muy bien cohesionadas también en los centros de mayores, las mismas de la época GIL, se ha batido cuerpo a cuerpo en estos barrios amenazados de rojerío. Esto último fue evidente, primero durante la campaña cuando –damos fe— en muchas casas se recibieron invitaciones “de parte de Ángeles” para asistir a la paella que el partido ofrecía en el Parque Miraflores o cuando en plena jornada de reflexión, se preguntó, también vía telefónica, si nos habíamos enterado de que las mejoras efectuadas en el barrio. Y después, el 28 de mayo cuando vimos en los colegios electorales, familias completas con los emblemas azules que sin el preceptivo distintivo de interventores, estaban “echando el domingo” junto a las mesas electorales. La derecha se lo gana… En la época de GIL porque la oposición socialista resultó igualmente corrupta y después porque los que vinieron sin ser corruptos ni delincuentes siguieron utilizando en su beneficio a las clientelas que habían constituido una administración municipal paralela y que el PP ha terminado por institucionalizar asegurándose su lealtad política. La sucesiva incorporación de adeptos y la conversión del personal de confianza, sin cualificación específica, en personal laboral fijo, determina, al menos en algunos servicios, un voto agradecido que se multiplica a nivel familiar. Pero estos factores endógenos no explican por sí solos el innegable apoyo electoral a la candidatura de Ángeles Muñoz. En el triunfo de la derecha ha sido determinante que el PP gobierne en la Junta de Andalucía. Durante tres legislaturas la alcaldesa o sus portavoces han achacado las carencias y deficiencias de los servicios sanitarios, culturales y educativos a la deslealtad socialista, llegando, si era necesario, a manipular la realidad para justificar el incumplimiento de proyectos prometidos como la construcción del geriátrico en el Trapiche del Prado. Este discurso ha permitido la interiorización de que el desbloqueo del hospital comarcal, la falta de suelo para equipamientos escolares o la mejora de los ambulatorios dependen de los “amigos políticos”. Por último, no ha sido menos determinante el control de la institución municipal, obtenido gracias a la felonía de OSP que vendió las legitimas aspiraciones de los independentistas a la derecha nacionalista y antimunicipalista que hoy controla esa población.

Los apoyos que el PP tiene en los barrios no pueden desvincularse de la desconfianza que genera una oposición que no ha sido lo suficientemente contundente. La izquierda debería haber denunciado, en base a la confluencia con el sindicalismo de clase, la política de recursos humanos y no engancharse al oportunismo de la absorción acrítica de los organismos municipales autónomos; jamás tendría que haber imitado la política de promoción de personal de confianza, sin méritos para las funciones asignadas; tendría que haber exigido transparencia en las cesiones a empresas concesionarias y la elaboración de inventarios de bienes municipales que permitan identificar la “okupación” de bienes públicos sin finalidad comunitaria… La izquierda tiene que comprometerse en la recuperación del tejido asociativo; implicarse en las acciones de la sociedad civil y volver a trabajar en los barrios por la recuperación de servicios y espacios comunes. La oposición tiene que ser vigilante y denunciar la perversidad de las prácticas que empozoñan la democracia municipal, sus votantes merecen que trabajen por recuperar el espacio que han perdido… Pero de momento solo se evidencia desaliento.

5 pensamientos en “Elecciones municipales, una ciudad bicolor: los barrios rojos

  1. Un lúcido análisis de los resultados de las últimas elecciones municipales. Pero no sólo eso, también de la actuación de los partido políticos, que hunde sus raíces en tácticas gilistas.

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