LA SECCIÓN FEMENINA DE MARBELLA EN EL TARDOFRANQUISMO: MORIR BAILANDO

Introducción: el proyecto folklórico de la Sección Femenina

Verdiales en la Alcazaba, 1963. Fuente: Archivo Municipal de Málaga, Archivo Fotográfico, Signatura 23 – Sin especificar – 188 – 094.

El proyecto de renacionalización de España emprendido por el nuevo estado franquista confió a la Sección Femenina (SF) la recuperación de elementos étnicos-culturales que debían servir a la unidad patria desde la integración de los particularismos provinciales y regionales. El régimen admitió las identidades subnacionales como afirmación de la españolidad (Núñez-Seixas, 2014), a la vez que conjuraba la amenaza del regionalismo autonomista.

La SF contribuyó a la construcción del nacionalismo español con dos programas: Los Coros y Danzas (1942) y las Cátedras Ambulantes (1944).

Lo que sería la contribución de la SF a la cohesión de la nación española quedó claramente definido en el homenaje que la organización ofreció a Franco en Medina del Campo (1939). El proyecto folklórico de la SF, sin embargo, no se basó en los elementos culturales, sustraídos a la cultura popular andaluza y que colonizados por las elites representaban la españolidad, sino en el acervo cultural generado en marcos locales. La SF de Málaga utilizó como elemento constitutivo de sus Coros y Danzas, los Verdiales, unas danzas originarias de la comarca de los Montes y de la Axarquía que fueron sometidos, ya durante el primer franquismo a un intenso proceso de mixtificación.

Verdiales en la Alcazaba, 1963. Fuente: Archivo Municipal de Málaga, Archivo Fotográfico, Signatura 23 – Sin especificar – 188 – 096.

La Sección Femenina en Marbella. Decadencia y resistencia

La proyección internacional de los Coros de la provincia de Málaga fue notable desde los años cuarenta. Sin embargo, resulta difícil admitir el éxito del programa de recuperación de identidades locales a partir del folklore, al menos de forma generalizada, en todos los pueblos de la provincia. En algunos se manifestaron claras muestras de resistencia a unas actuaciones que no dejaban de ser afirmaciones de la victoria en la guerra civil. En otros simplemente no existían o se habían perdido los elementos culturales definitorios.

En los años setenta en pueblos interiores como Monda y Ojén se pudieron recoger villancicos, y peculiares formas de bailar el fandango (García Merino, 2015: 394). Sin embargo, el informe de la Cátedra que visitó Marbella en 1954, pone de manifiesto la escasa receptividad del proyecto cultural. Las clases de baile impartidas por Adela Ramírez, profesora de Corte y Confección, incluían el preceptivo canto del Cara al Sol. Pero las alumnas mostraron dificultad para asimilar las danzas, sobre todo el fandango (García Merino: 181). No parece, pues que el proyecto folklórico tuviera continuidad en una ciudad, donde la SF tuvo una trayectoria accidentada y fue muy cuestionada por la cúpula provincial.

En Marbella la organización, creada en 1937 (Rubia, 2015: 205), a finales de los cincuenta se encontraba bajo la dirección de María Jesús Montero pero en 1962 al frente de la delegación local, estaba su primera delegada, Carmen Romero Conde de cuya biografía se ha ocupado el profesor Moyano (Moyano, 2007). Durante más de una década, la “camarada Carmita” soportó estoicamente las presiones, descalificaciones y desconfianzas que la delegación provincial proyectó sobre la SF de Marbella haciéndola responsable del tibio fervor patriótico que demostraba su filiación. En 1962, no parece que en Marbella hubiera falangistas dispuestas a acudir al homenaje a José Antonio. La delegada respondía al requerimiento de la jefa provincial con un discurso que tenía más de resignación que de lamento: “aquí las niñas se ríen de todo y nada para ellas tiene atractivo”[1]. Sin ambages reconoció que no había organizado el homenaje porque estaba sola, no tenía secretaria y ni siquiera conocía al recién nombrado jefe local del Movimiento, Antonio Lizarza Iturarte. Pero sobre todo Carmen Romero achacaba la desidia de sus afiliadas al verano: “ya sabes cómo son las niñas de aquí y a mediados de junio fueron las fiestas locales. A partir de ahí es como si hubiésemos cerrado la Sección Femenina”[2]. No parece que las “niñas” se mostraran más fervorosas con la llegada del otoño, pues en noviembre, ante los requerimientos de la enérgica, delegada provincial, admitió que la SF no había celebrado el día de Santa Teresa, patrona de la organización, y que el único acto en honor de la santa fue la misa dominical, la de mayor afluencia, pero a la que asistieron contadísimas flechas y menos afiliadas[3]. Carmen Romero nunca respondió con acritud a los irrespetuosos escritos de la delegada provincial, que se dirigía a ella como si hablara a una menor: “¿te enteras?” “¿te queda claro?”. Por el contrario justificaba la situación de la SF, no solo por la apatía de las afiliadas sino por la falta de colaboración de cualquier instancia. Al menos ese fue su argumento cuando organizó en 1963 una exposición de la pintora Teresa Chiado en el Casino.

En la Memoria de aquel año[4] se refleja la actividad desarrollada por la SF que mantenía solo la más importante de las labores asumidas en la posguerra, la asistencial.

Es más que dudoso que en una ciudad en plena transformación de las mentalidades, pionera en el cambio de las costumbres tuviera gran significado la memoria pública del 17 de enero de 1937, el glorioso día de “la victoria nacional”. Sin embargo, la SF lo celebraba regalando canastillas y hatillos; leche y alimentos a las familias menesterosas. Pocas afiliadas colaboraban en lo que quedaba en el municipio de la obra de Auxilio Social. A excepción de la ayuda que le prestaba la regidora local, Carmen Jiménez, la jefa de la SF, afirmaba no poder contar con la colaboración de ninguna otra muchacha.

Entrega de una canastilla a una mujer en presencia del Manuel García del Olmo, Francisco Cantos Gallardo y el párroco Rodrigo Bocanegra, enero de 1954. Fuente: Archivo Fotográfico de la Universidad de Málaga, Signatura AF0807__19540119_AR_2221_0801L307-I.

En esos momentos la caridad del régimen, ejercida desde la posguerra por la SF local, había sido canalizada a través de la obra social de la Iglesia que en la estela del obispo Herrera Oria quiso representar el mitificado párroco, Rodrigo Bocanegra. La prueba más evidente de la marginación de la SF de la “política social” del municipio es que su delegada dejó de estar invitada a las reuniones de la directiva del Patronato de San Bernabé que canalizaba la entrega de viviendas para “pobres”. Y según sus propias palabras, en cambio solo se la requería para aparecer en las visitas del gobernador civil: “a las que he asistido siempre”, afirmaba[5]. En efecto, pese a las continuas acusaciones de inacción, las jerarquías de la SF no podían permitir la invisibilidad absoluta de la organización en el municipio.

En Marbella no se había desarrollado el proyecto cultural que tenía como eje el folklore, materializado en las agrupaciones de Coros y Danzas, creados en la mayoría de los pueblos de la provincia. Algunos como los de Ronda vinculados a la recién creadas Fiestas de Pedro Romero, tenían una gran proyección en el exterior. La aportación de la SF local al programa folklórico fue canalizada a través de su participación a partir de 1967 en la Comisión de Fiestas que organizaba anualmente la Feria de San Bernabé (Moyano, 2007: 419). Pero tampoco en este campo encontró la organización de Marbella la aprobación de la Delegación provincial. Por el contrario, la propuesta de la SF local de contratar a los Coros y Danzas de Vélez-Málaga y Ronda no fue bien vista por María Antonia Martí que no desperdició la ocasión para amonestar como era su costumbre a Carmen Romero Conde prohibiéndole programar en lo sucesivo cualquier tipo de actividad y mucho menos interactuar de forma personal con las autoridades políticas. La delegada provincial, además debía creer que el Movimiento Nacional tenía propiedades energéticas porque días más tarde ordenaba que la delegada de Marbella asistiera al pleno comarcal de consejeros del Movimiento que “te orientará y te proporcionará la vitalidad necesaria para el cumplimiento de tu cometido”[6].

Actuación de los Coros y Danzas en la Feria de San Bernabé de 1971. Fuente: COMISIÓN DE FIESTAS DEL MUY ILUSTRE AYUNTAMIENTO (1972): Marbella 71-72. Marbella: Publicidad HERAS.

La delegación provincial de Málaga pretendió en todo momento un control total de los mandos locales. Ello queda muy claro en las frecuentes amonestaciones de María Antonia Martí a las delegadas de las localidades turísticas que intentaban gestionar de forma autónoma la actuación de sus coros. A estas alturas la SF asumía que las danzas típicas que en 1944 Pilar Primo de Rivera había ordenado ejecutar en las plazas de los pueblos debían convertirse en atractivo turístico y Marbella se convirtió en el punto de mira del Departamento de Cultura de la SF. Lo último que la delegación provincial necesitaba es que la delegación local recuperara la iniciativa que en los años anteriores se le había exigido. La ofensiva contra Carmen Romero se recrudeció cuando Sol de España, el 28 de septiembre de 1968, publicó que la SF de Marbella intervendría en el rodaje de un documental, El maravilloso mundo que nos rodea. La reacción de la delegada provincial fue contundente. En un escrito más que hostil, tras recordarle que ninguna delegada local podía autorizar acto alguno sin su permiso, simplemente la amenazó advirtiéndole que si no obedecía debía atenerse a las consecuencias[7].

No era el único frente que la organización falangista tenía abierto en Marbella. En el curso 1967-1968, se planteó un conflicto en el área de las asignaturas competencia de la SF que debían ser impartidas en el centro religioso de María Auxiliadora. Las monjas –o quizá más bien, el párroco, Rodrigo Bocanegra— no parecían muy dispuestas a someter sus programas a la injerencia falangista y el asunto requirió la presencia de la delegada provincial de la SF quien gestionó el tema de las clases de gimnasia interactuando con la directora del colegio, Pilar Álvarez, y María Victoria, directora de un centro que dependía directamente del Obispado. Las falangistas y las salesianas alcanzaron un acuerdo. En ningún momento se consultó a la “camarada Carmita”. La delegada provincial salió de Marbella sin despedirse de ella, quien en tono humilde pero totalmente consciente del desprecio de su superiora jerárquica se reafirmó en su amor a la SF.

Carmen Romero era incapaz de hacer frente a las exigencias de la Delegación, limitándose a esquivar la más mínima fricción con la delegada provincial. No era fácil, la Delegación de Participación de la que dependían los Coros y Danzas controlaba cualquier competencia y la delegada local de Marbella tuvo que volver a dar todo tipo de explicaciones cuando el omnipotente Bocanegra organizó por su cuenta un festival en el que bailaron algunas niñas de la SF[8]. Este hecho fue determinante para que las jerarquías provinciales impulsaran la creación de los Coros y Danzas en la localidad. Parece evidente que Bocanegra no se conformaba con invadir el ámbito de Falange a nivel político sino que lo intentó también en el cultural. De cualquier forma, en aquellos momentos la SF local no tenía competencias más que en la intervención en la junta de festejos y en la organización de la Cabalgata de Reyes. En la que, según los informes, intervenían todas las afiliadas a la SF. No era cierto, apenas quedaban afiliadas y cualquier niña que pudiera hacerse con un traje de “pastora” podía encaramarse a las carrozas. La tramitación de los certificados del Servicio Social era la única función que a nivel institucional venía desempeñando la Sección Femenina.

El balance que en 1968 realizaba la Delegación Provincial era muy negativo. María Antonia Martí acusó directamente a la delegada local de ser incapaz de instrumentalizar la herramienta que era el Instituto de Primera Enseñanza en el que las clases de Hogar y Gimnasia debían ser un instrumento de captación. Se le ordenaba la creación del círculo de juventudes con el objetivo de: “preparar a un grupito de niñas, qué en el futuro bien preparadas, podrán ser unas afiliadas magnificas (…) quiero realidades”. Carmen Romero, sin dejar de guardar las formas, a comienzos de 1968, casi suplicaba que la sustituyeran: “si ves que realmente yo no sirvo para esto, dispone de lo que estimes que siempre estará bien hecho (…) Mi falta de juventud no escatima mi entrega ni mi devoción a Falange”[9].

Pero por más tanteos que realizó la Delegación Provincial ninguna de las escasas afiliadas mostró interés por el cargo en el que Carmen Romero desempeñaba ya un simple papel de figurante. En octubre 1968 se le ordenó representar a Marbella en el funeral que en Cuelgamuros se celebraba por los caídos de Málaga: “al frente de la delegación local irás tú con falda blanca y camisa azul”[10]. Para entonces, la SF asumía en la provincia programas de formación profesional que necesitaban mandos cualificados. La incorporación de dos profesoras encargadas de las asignaturas competencia de la SF, María Ortiz Checa y María Rosa Ramón hizo concebir a la Delegación Provincial la esperanza de reimpulsar el proceso de socialización falangista. No hubo adoctrinamiento desde su magisterio, sino la implementación de programas formativos y deportivos. La SF pudo en sucesivas memorias llenar el vacío anterior presentando la actividad de los equipos de baloncesto y balonmano femenino. Ambos impulsados por una profesora que ofreció a las primeras promociones femeninas del Instituto todo tipo de actividades y cuya resolución animó a algunas a no desfallecer, en una época en la que no era fácil acceder al nivel de la Enseñanza Superior.

En 1970, Carmen Conde “seguía al frente” de la delegación local. La colaboración de la SF en paliar los efectos de la inundación del año anterior, no logró ocultar el desplazamiento de una de sus principales funciones, la asistencial asumida por el Ayuntamiento.

La Memoria de actividades de aquel año refleja la coexistencia de los viejos repertorios de la figuración de la SF tanto en la presencia de sus afiliadas –de mantilla— en la procesión del Miércoles Santo como en los actos del Día del Turista. Incluso las competencias que institucionalmente le correspondían en el ámbito de la educación reglada, en Marbella eran intervenidas según los deseos de las salesianas que en 1970 se permitieron rechazar el nombramiento de las profesoras de Educación Física designadas por la SF.

La elección de consejeros del Movimiento permitió un respiro a la débil organización local cuando fue elegida una joven dispuesta a servir de apoyo “a la madura delegada”, fue María José Lorenzo Cuevas. No parece que insuflara nuevas energías a la organización, los informes de 1973 y 1974 eran demoledores. La jerarquía provincial admitía sin paliativos que en una de las localidades más importantes de la provincia había fracasado el encuadramiento. En 1974, diecinueve mujeres tenían el carnet de la SF. Esta situación era tan preocupante que incluso se solicitó a las autoridades locales que intervinieran, pues la jefa local: “está desorientada y además no admite ningún tipo de orientación”[11].

Carmen Romero fue cesada en 1974, tenía 59 años. En las dos últimas décadas había solicitado marcharse en reiteradas ocasiones alegando obligaciones familiares. Fue sustituida por la hija del alcalde, Mercedes Cantos. La delegada provincial no negoció con el jefe local de Falange la forma de despedir a quien se había puesto al frente de la SF en 1937, simplemente anunció con displicencia estar dispuesta a hacerle una despedida “íntima y sencilla pero llena de camaradería”.La inhibición de las autoridades locales demuestra la autonomía de la SF y su capacidad de maniobra frente a la dirección falangista en su persistente estrategia de invisibilizar a Romero.

Morir bailando

Las expectativas generadas por las nuevas dirigentes de la SF, familiares ambas de jerarcas de la cúpula falangista, explican la agudización de las presiones sobre la “nueva” SF. Durante el año que precedió a la muerte del dictador, la Delegación Provincial solicitó a la local que organizara un Premio de Investigación para la difusión del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera y la organización de la postrera peregrinación a Valle de los Caídos al que en septiembre de 1975 debían acudir dieciocho camaradas de la OJE y dos de la SF. Pero, sobre todo, se insistía en que Marbella debía incluir su proyecto folklórico de la organización en la oferta turística de la ciudad.

A pocos meses de la muerte de Franco, María Antonia Martí solicitaba al alcalde de Marbella que la final provincial del concurso de Coros y Danzas se celebrara en la ciudad. El emblemático Hotel Meliá Don Pepe fue el escenario de un evento celebrado en el marco de la feria local[12].

La contribución de la SF de Marbella al proyecto folklórico fue efímera. Una vez que Carmen Romero cesó, el Departamento de Participación acogió con entusiasmo la creación de la Agrupación de Coros y Danzas de Marbella propuesta por la nueva delegada, Mercedes Cantos. La naturaleza de su relación con María Antonia Martí, delegada provincial fue tan cordial como agria había sido la que esta mantuvo con la “camarada Carmita”. La nueva delegada local hizo saber, sin embargo, que en Marbella no había instructora. Pese al entusiasmo mostrado por el proyecto, el Coro de Marbella no parece haber recibido la instructora solicitada. Formado por diez chicas y siete chicos, quedó bajo la responsabilidad de María de la Luz Martínez que no percibía nómina[13]. Las dificultades de financiación de los Coros fueron comunes a todos los de la provincia, un hecho que en Marbella, al menos a nivel de equipamiento, fue solventado con financiación municipal.

Las fluidas relaciones de Mercedes Cantos con la delegación provincial quedaron pronto enturbiadas al seguir la delegación local la misma tendencia de Fuengirola o Mijas de gestionar de forma autónoma las actuaciones de sus agrupaciones.

En Marbella, el detonante de las tensiones fue el viaje de su agrupación en mayo de 1975, a la República Federal de Alemania. Un viaje del que la delegada informó a posteriori. Según el relato de aquel periplo, la delegación marbellí llegó a la ciudad austriaca de Innsbruck, encabezada por Mercedes Cantos. En la ciudad alpina bailaron en el hotel Holiday y unos días más tarde en la fiesta gastronómica de Kempten y en Múnich. Durante el transcurso del viaje visitaron el famoso castillo de Luis de Baviera. El informe, muy descriptivo, pasa por encima del patronazgo del viaje que se atribuye, sin mucho detalle, a un supermercado alemán[14]. Esta falta de información no permite la formulación de hipótesis alguna sobre la financiación –de momento— pero la posterior correspondencia entre la delegación provincial y local revela la misma tensión de los tiempos de Carmen Romero Conde.

El informe elaborado por Cantos no refleja que la delegación de Marbella extravió en aquel viaje un traje de verdiales perteneciente a la agrupación de Fuengirola y cuyo coste le fue reclamado con insistencia. Pocos días antes de la muerte del dictador se le solicitó la devolución de dos maletas y un baúl prestados por la Delegación Provincial. En un tono más que apremiante, en octubre se le exigía el pago del equipaje que según la factura presentada equivalía a 4.573 pesetas.

Entre 1975 y 1976, los Coros amenizaron veladas turísticas y promocionales en los establecimientos hoteleros más emblemáticos del municipio. A diferencia de otras agrupaciones que a poco del desmantelamiento de la dictadura tuvieron serios problemas de financiación, el ayuntamiento de Marbella sufragaba el equipamiento de los Coros y Danzas de la SF con un presupuesto de 128.000 pesetas. Era el montante del regalo de dieciséis trajes de lunares y dieciséis mantones y del pago de la mitad del coste de los trajes de ensayo[15].

La inversión en trajes de gitanas no deja de ser reveladora. La SF de Marbella no había contribuido al programa folklórico nacionalista fundamentado en el particularismo provincial. La enseñanza de los bailes de verdiales no trascendió demasiado el ámbito de las familias más cercanas a los círculos del “Movimiento Nacional”. La falda de vuelo rayada y la manteleta cruzada al pecho no era demasiado conocida en la ciudad, sin embargo, una versión de esta indumentaria distinguía a los grupos de niñas de la SF que en verano, desde el albergue García Morato venían de excursión al Vigil de Quiñones (Ramón Ortega, 1970)[16].

Albergue de verano en el Campamento Vigil de Quiñones, 1970. Fuente: RAMÓN ORTEGA, María Rosa (Inédito): El tiempo libre en la adolescencia.

En Marbella no hubo agrupación de Coros y Danzas hasta 1974. Para entonces, había pasado el momento del etnos provincial como particularismo de la esencia patria, de nuevo eran las representaciones de la españolidad las que se exportaban, de ahí la recuperación del traje de gitana por parte de los Coros y Danzas de la provincia.

El ayuntamiento solo se comprometió con la SF cuando ya el franquismo expiraba y el proyecto folklórico, al menos en Marbella, no tenía objetivo político. Ello no impidió una inversión desorbitada en trajes de gitana, explicable no solo desde la proximidad familiar de la delegada al poder local, sino por la exigencia de mejorar la imagen de la organización ante la Delegación Provincial, empañada por las deudas contraídas en el viaje a Alemania.

La última apuesta de la SF se desarrolló desde el Departamento de Formación, fueron los cursos de Auxiliar de Clínica en Planta, iniciados en lo que fue el primer centro hospitalario de la ciudad, en 1976, su realización permitía la obtención del Servicio Social. Pero el resultado de aquellos cursos transcendió la instrumentalidad de la prestación y dieron la oportunidad de una auténtica promoción profesional en el campo sanitario. La mayor parte de las muchachas participantes en aquellos cursos encauzaron a través de aquella experiencia su futura vida laboral. Esta actuación se desarrolló de forma paralela a las recurrentes actuaciones de los Coros, que al contrario de los de Ronda y Fuengirola[17], no parecen tener gran proyección fuera de la localidad[18] pero se mantuvieron activos hasta el final de la dictadura.

Hasta su desaparición en 1977, la SF defendió su proyecto etnográfico como parte del proceso de nacionalización de España. De hecho, aún en 1974, la SF de Málaga presentó como parte del acervo cultural de la provincia el traje de los saharauis[19]. Era el último intento de contribuir a la españolización de un territorio donde a esas alturas las mujeres habían pasado de ser sujetos colonizados a ser activistas del movimiento independentista (Bengochea, 2016: 79-99).

Título expedido por la delegada provincial de la SF de Málaga correspondiente al curso de Auxiliar de Clínica en Planta celebrado en Marbella en 1976. Fuente: colección particular.

Conclusiones

Desde finales de los sesenta, las localidades costeras no generaban identidades particulares sino representaciones derivadas del fenómeno turístico. En los últimos años del franquismo, la producción étnico-cultural de la provincia era el resultado de un proceso de mixtificación orientado al consumo del turista extranjero. Para ello fue imprescindible sustituir, o al menos compartir, el traje de verdiales, con las manifestaciones folklóricas que integrarán la españolidad. Si en algunos casos estas fueron tan seductoras como las que se ofrecían en las corridas goyescas de Ronda, en la mayor parte de la provincia y particularmente en Marbella adoptaron las formas más pintorescas del tipismo español.

En esta ciudad el proceso de encuadramiento de las mujeres en la SF parece fallido ya a finales de los años cincuenta, las memorias de los años setenta ponen de manifiesto este hecho de forma recurrente[20]. La responsabilidad de este fracaso imputado por la jerarquía provincial de la SF a la gestión de Carmen Romero, no parece justificado. No sólo desde el punto de vista del análisis de la realidad sino desde las formas en que las acusaciones de inacción les fueron formuladas. El tono de la correspondencia entre la delegada provincial y la delegada local de Marbella es indicativo de la estricta jerarquización de una organización cuya similitud con las creadas en la Alemania nazi y en la Italia fascista ha sido suficientemente estudiada. Y revela, por otra parte, el talante autoritario de sus mandos. Carmen Romero jamás contesto en el mismo tono a sus superioras e ignoró la desconsideración de la cúpula falangista local, porque, como revelan sus peticiones de dimisión, lo que quería es dejar la jefatura y trabajar de maestra junto a su esposo. Desde luego, ni la delegada provincial ni la Falange local valoraron que si Romero quedó al frente de la SF de Marbella durante más de dos décadas fue porque no había nadie que la sustituyera, lo que por sí mismo es indicativo de la debilidad de la organización.

La libertad de costumbres, el cosmopolitismo, la convivencia desde finales de los cincuenta de múltiples nacionalidades en una ciudad con proyección internacional desde luego estorbaron el programa de encuadramiento femenino. Y Carmen Romero conocía suficientemente a su ciudad como para no saberlo. Sin embargo, es posible que en su confesada y nunca disimulada inhibición pesara más el conocimiento de factores igualmente determinantes que podían explicar la limitada atracción de la SF.

En Marbella el proyecto falangista de cohesionar a las mujeres en torno al programa de nacionalización se vio mediatizado por la acción social y el programa formativo de la Iglesia. Ambas actuaciones, impulsadas por Rodrigo Bocanegra se materializaron en la creación en 1959 del Patronato Virgen del Carmen (Mata, 2008) que destinado a la promoción de jóvenes de extracción popular tuvo desde el punto de vista de las oportunidades una mayor capacidad de atracción. Por otra parte, la creación de un centro formativo de carácter religioso, “El Colegio de las Monjas”, dotaba al proyecto de catolización del párroco, caracterizado por su voluntad hegemónica, de un instrumento con capacidad de generar identidades más católicas que falangistas.

Los mecanismos de control social sobre el comportamiento femenino formaron parte de un política de ámbito estatal y un dispositivo implementado por el Patronato de Protección a la Mujer desde 1942. En Marbella estas mecanismos se desplegaron desde la Iglesia, en parte gracias a la amplitud de la obra social dirigida por el párroco. Si bien la naturaleza de este control sobre la población femenina no nos es desconocida, sigue siendo necesario para su definición un mayor análisis del conjunto de fuentes disponibles, sobre todo orales. Carmen Romero debía conocer de sobra el poder de sus adversarios. La documentación analizada refleja la existencia de tensiones relacionadas con la pretensión de las salesianas, en realidad de Rodrigo Bocanegra, de mantenerse al margen de las directrices de la SF, es decir de la política educativa del Estado pero la delegada local se abstuvo de enfrentarla.

No parece, por otra parte, que las jerarquías locales del Movimiento mantuvieran con la SF un compromiso de apoyo institucional, más allá del trato cordial con su delegada. La militancia femenina falangista no podía en modo alguno compararse con la filiación masculina del Frente de Juventudes ni con el protagonismo político que mantuvo en la ciudad. De hecho sus mandos locales impidieron que su capital simbólico en defensa del falangismo se amortiguara y sus mecanismos de encuadramiento se resignificaron en repertorios como El Batallón Infantil.

La capacidad de cohesión de la organizaciones falangistas masculinas en favor del proyecto nacionalizador fue mayor que la de la SF pero no tanto como para que no perdiera su espacio de proyección sobre la juventud de Marbella. Espació disputado por el insaciable Bocanegra que en 1971 creó el Club Juvenil Parroquial[21], Ron-Ro en abierta competencia, al menos en lo que respecta a la subvención de actividades, con los herederos del falangismo (García Merino, 2015: 235).

La contribución de la SF a las políticas de cohesión que constituyeron el proyecto nacionalizador del Régimen no es comparable a las exitosas estrategias de consenso desplegadas en Marbella durante el primer franquismo. Una cohesión que fue sostenida después, en función de los beneficios del turismo, por unas elites que transitaron a la democracia con su capital material y simbólico intacto y con un potencial de reproducción imbatible.

Bibliografía

BENGOCHEA, Enrique (2016): “Mujeres, nacionalismo y políticas coloniales en la provincia del Sahara (1958-1975)”, en Rocío Medina (coord.): Mujeres saharauis. Tres tuizas para la memoria de la resistencia.Sevilla: Acongagua, pp. 79-99.

COMISIÓN DE FIESTAS DEL MUY ILUSTRE AYUNTAMIENTO (1972): Marbella 71-72. Marbella: Publicidad HERAS.

GARCÍA MERINO, José Joaquín (2015): La Educación Musical Reglada en Málaga durante el Franquismo (1936-1975). Tesis doctoral dirigida por la Dra. Isabel Grana Gil. Málaga: Universidad de Málaga, en línea: https://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/11636 (consulta: 8/8/2020).

MATA, Ana María (2008): Marbella fue una sotana. Rodrigo Bocanegra Pérez, “Don Rodrigo”. Málaga: la autora.

MOYANO PUERTAS, Francisco (2007): “Perfiles: Juan Belón y Carmita Romero”, en Francisco de Asías LÓPEZ SERRANO y José Luis CASADO BELLAGARZA (coords.): Estudios en homenaje a Antonio Serrano Lima. Marbella: Asociación Cilniana, pp. 403-420.

NÚÑEZ-SEIXAS, Xosé M. (2014): «La región y lo local en el primer franquismo», en Stéphane Michonneau y Xosé M. Núñez-Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez, pp. 127-154.

RAMÓN ORTEGA, María Rosa (Inédito): El tiempo libre en la adolescencia, 1970.

RUBIA OSORIO, Ana María (2017): El primer franquismo en Marbella (1937-1959). De los años del hambre a los años del sol. Málaga: umaeditorial.


[1] Archivo Histórico Provincial de Málaga (AHPM) – Instituciones del Movimiento Nacional (IMN), Caja (C.) 29533.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] AHPM – IMN, C. 29503.

[11] AHPM – IMN, C. 29518.

[12] AHPM – IMN, C. 29533.

[13] AHPM – IMN, C. 29505.

[14] Ibídem. El informe completo se reproduces en García Merino (2015: 365).

[15] AHPM – IMN, C. 29505.

[16] El trabajo inédito de María Rosa Ramón Ortega, El tiempo libre en la adolescencia, es una valiosa documentación para procesar el programa de actividades de las asignaturas que correspondían a la SF. La amplia muestra fotográfica permite una aproximación a la naturaleza de las actividades lúdico-recreativas y sobre todo, a las deportivas. Mi agradecimiento por el legado de esta documentación a María Rosa Ramón, profesora de gimnasia femenina en el Instituto de Segunda Enseñanza e impulsora del equipo de baloncesto femenino, nunca será suficiente.

[17] No es descartable, a la vista del abultado presupuesto destinado a su equipamiento, que la agrupación local de Coros y Danzas actuara al margen de los dictados de la Delegación Provincial.

[18] Podría ser que realizaran actuaciones sin mediar la autorización de la Delegación Provincial. En este caso no quedarían reflejados en las correspondientes memorias.

[19] AHPM-IMN, C. 29492.

[20] AHPM-IMN, C. 29518.

[21] Fue inaugurado el 4 de julio de 1971 por el ministro de Información y Turismo, Alfredo Sánchez Bella. Hoja Oficial del Lunes, 05/07/1971.

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