A modo de reseña que no lo es

El Simpecado de la Virgen del Rocío sobre la Torre Blanca. Fotografía de la autora.

MORENO FERNÁNDEZ, Francisco Javier (2021): El Centro Histórico de Marbella. Arquitectura y Urbanismo, Studia Malacinata, 27, 2ª Edición. Málaga: umaeditorial. ISBN: 978-84-1335-074-5.

Cuando se tienden puentes de plata no queda sino huir y cruzar el río, a veces por fortuna, la otra orilla es acogedora.

La reedición de este libro en la colección Studia Malacitana es la respuesta a una demanda ciudadana expresada a través de espacios virtuales administrados por resistentes que mantienen una desafiante, incluso a veces quimérica, lucha por la defensa y conservación del Patrimonio. Uno de esos pertinaces denunciantes, José Luis Casado, prologaba en 2004 la primera edición de este libro con una contundente advertencia: las instituciones, a partir de esta publicación, “no podrán alegar desconocimiento en su responsabilidad de conservar la riqueza histórica de la ciudad”. Algo parecido se dijo el día de la presentación ante el delegado de cultura del GIL que se encontraba entre el público –entonces los cargos políticos no se sentaban en la mesa en actos que no eran institucionales—.

Para nosotros la divulgación y su canal, la edición eran los soportes de la creación de una conciencia conservacionista y de la extensión del conocimiento histórico. El aparato bibliográfico expuesto por Moreno en su libro de 2004 da cuenta del nivel de producción de la historiografía local en aquellos momentos. La aplicación de la perspectiva comparada a la bibliografía aportada en la edición actual ilustra un desilusionante desequilibrio. Más preocupante, si atendemos a que el sello editorial de la nueva producción historiográfica no es municipal. Parece como si don Fernando Alcalá que alentó nuestras vocaciones se hubiera llevado con él la voluntad del Ayuntamiento de publicar libros de Historia. Los suyos, por cierto, también deberían ser reeditados.

Francisco Javier Moreno podría haber eludido el ofrecimiento de poner en letra impresa una investigación que mantiene al día en las redes y a la que se accede en cualquier tiempo y espacio. Al fin es mucho más complicado acudir a la biblioteca y encontrar un libro que se agotó hace tiempo. Y, también, como en el caso de otros investigadores, no han faltado intentos de proscripción. A veces, los libros como los amigos incómodos se colocan en los rincones más recónditos de las estanterías. Es un empeño inútil porque aun cuando se intente silenciar al historiador, la historia siempre termina hablando. Igualmente, el autor podría haber elegido la reimpresión. Pero eligió lo que la honestidad intelectual exige a cualquier investigador: actualizar sus hipótesis y teorías a la luz de nuevas evidencias y si es preciso corregirse a sí mismo –algo menos arriesgado que corregir a los demás—. Afrontó un reto que ha supuesto varios meses de trabajo, en los que también junto a Escolástico Martín ha conducido varios debates virtuales sobre el centro histórico. Quienes habitamos este espacio desde la infancia apenas reparamos en la magia de su atrezo porque damos su belleza por merecida. Pero ese escenario que enamora al visitante ha sido sistemáticamente maltratado por el abuso de su función económica y desatendido por los poderes políticos que confían en su inagotable poder de seducción.

En el libro de Moreno construido sobre el basamento de una formación académica incontestable aflora el lamento de esa evidencia. Coincidimos con el autor en la ubicación de su investigación en el ámbito de la historia urbana, pero también en su carácter interdisciplinar. No es un trabajo meramente empírico y descriptivo. La fortaleza del marco teórico y conceptual y el abordaje de un período cronológico que incluye la Antigüedad permiten considerarlo un estudio de conjunto. De ahí su utilidad como obra de consulta. Sobre todo, si se tiene en cuenta que ha manejado prácticamente todos los fondos conservados en el Archivo Municipal y que sus referencias revelan las posibilidades que para cualquier paradigma historiográfico tienen fuentes muy poco conocidas como las del Hospital Bazán.

La voluntad interdisciplinar se plasma en la introducción de los apartados. El análisis morfológico y arquitectónico en cada etapa se aborda desde la interactuación de factores geográficos, demográficos y sociales, y siempre a partir de una puesta al día del estado de la cuestión.

Según el autor, las fuentes para la Edad Media son fragmentarias y la bibliografía local escasa: Catalina Urbaneja, Martínez Enamorado y García Baena. Sin embargo, la arqueología ha aportado sobre este periodo resultados que han avivado el debate historiográfico sobre el origen de la Alcazaba. Moreno ha venido utilizando las Memorias de Excavación de forma generalizada pero, sin duda, lo que ha dado sentido a la renovación de los presupuestos recogidos en la edición de 2004 ha sido las teorías elaboradas por el arqueólogo Pedro Sánchez Bandera y los arquitectos Gurriarán Daza y García Villalobos. Estas hipótesis cuestionan el origen califal de la Alcazaba y admiten la existencia de construcciones preislámicas, en concreto un Castellum cuyo emplazamiento se justifica por su valor estratégico. Ello no impide a Pérez-Malumbres negar la factura romana de algunos lienzos de la muralla. Si la arqueología fundamenta los estudios morfológicos, las fuentes documentales como las que contienen proyectos de obras han permitido seguir la evolución de la fortaleza desde sus funciones militares hasta su conversión en barrio residencial, un proceso de urbanización que el autor considera excepcional.

La configuración de la ciudad cristiana en sus aspectos urbanísticos pero también simbólicos y culturales puede ser abordada desde la mayor disponibilidad de fuentes dado que se desarrollará a partir de un marco normativo cuyo modelo jurídico Moreno sitúa en las partidas de Alfonso X. En estas ya aparecen mecanismos protectores de la propiedad comunal frente a la voracidad de los poderosos.Ese marco da lugar a ordenanzas y disposiciones que regularán el espacio en función de la convivencia con la población musulmana. Para el caso de Marbella, el confinamiento de las comunidades moriscas en el medio rural lleva al autor a reflexionar sobre el concepto de mudejarismo y su aplicación a un marco urbano donde no fue necesaria la segregación.

La nueva ciudad a partir de la última década del siglo XV se articula en torno a un centro religioso que es el templo erigido sobre la mezquita y el eje civil y administrativo que será la Plaza Mayor.

El itinerario por la arquitectura religiosa tiene un hito en el Convento de la Trinidad. Su decadencia comenzó en el siglo XVIII y el progreso de su ruina ha sido imparable. Fagocitado su espacio por las construcciones escolares del Obispado, resulta difícil reconstruir mentalmente su morfología original. Ello no ha impedido al autor analizar los restos de la capilla de Santa Catalina y del Claustro. Más afortunados han sido los establecimientos de la infraestructura benéfico-hospitalaria. En la primera edición de su obra, el autor muestra inquietud por el destino del Hospital San Juan de Dios. Establecido en la ciudad por orden de los Reyes Católicos, hoy es un espacio cultural dinámico. Como en el caso del convento de la Trinidad, el estudio del “Hospitalillo” se enmarca en la historia de la orden religiosa. En este caso la conservación de un riquísimo y casi inexplorado fondo documental, salvado de la destrucción en 1980, gracias a la sensibilidad de Francisco Cantos Liébana, ha permitido al autor seguir el rastro de sus funciones. También de forma “milagrosa” pudo evitarse la desaparición de una parte de los fondos del Hospital Bazán –los libros encuadernados fueron expoliados y son objeto de vergonzoso mercadeo—. Estas fuentes han sido tratadas con la minuciosidad que revela un relato histórico construido en paralelo al análisis morfológico del edificio más importante de la arquitectura civil renacentista. La complejidad de su planta y sus transformaciones estructurales son explicadas a partir de los proyectos de obras que se han conservado.

Moreno se muestra cauto en la consideración desde el punto de vista urbanístico de Marbella como ciudad barroca pero el barroco configura en el XVIII la  iglesia de Santa María de la Encarnación, levantada a finales del siglo XV. Su proceso constructivo ha sido seguido en el Archivo de la Catedral de Málaga. Tanto la documentación fotográfica del Fondo Temboury que el autor conoce bien como los informes elaborados para la instrucción de la Causa General en 1942 ilustran la magnitud de los daños sufridos durante la guerra civil. La silueta del templo y su elegante campanario se han elevado durante siglos como representación del ideal de la modernidad: la supremacía del poder religioso sobre el de las restantes jurisdicciones.

Pero también de la ciudad islámica y de la que se configura tras la conquista ha quedado huella de la gente común en las calles, en las fuentes, en los mercados, en posadas y mesones y en los senderos que la actividad económica convirtió en caminos.

La atención a la evolución urbana obliga al autor a integrar análisis demográficos desde los que traza una geografía basada en la diferenciación socioprofesional, tanto más acusada a medida que la ciudad sale de las murallas.

La urbanización de lo que será el Barrio Alto se desarrolla en la primera mitad del siglo XVI coincidiendo con la superación del retroceso demográfico que sigue a la conquista. El autor a partir de las transacciones comerciales identifica una pequeña elite especuladora a la vez que relaciona la expansión del barrio con la importancia religiosa de la parte alta, en torno a la ermita de San Sebastián.

La significación de este espacio sacro extramuros ha sido confirmado recientemente por la intervención arqueológica desarrollada en el nº 9 de la plaza de Santo Cristo. La importancia del hallazgo de los restos de la  iglesia de San Sebastián que Moreno ha podido estudiar in situ justifica por sí misma esta reedición. Pocas experiencias son comparables a la visita de esta excavación en lo que fue el restaurante icónico de la “Jet” marbellí. Tras la puerta de La Fonda ahora se puede ver una necrópolis que estaría situada delante de lo que fue una iglesia –no una ermita—. Este espacio se prolongaría hasta alcanzar la plaza de Santo Cristo. Pero sin duda el hallazgo más inesperado y sorpresivo ha sido un camarín del siglo XVIII cuya decoración adaptada a la cubierta de un comedor de lujo ha alterado profundamente la original. Estos restos y la vecina iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz cierran el itinerario de la arquitectura religiosa, de menor monumentalidad en el Barrio Alto que la arquitectura civil. La calle Ancha conserva las fachadas más bellas de una ciudad que deja escrito su sostén económico en el perfil socioprofesional de los barrios extramuros: la Marina y el Barrio Nuevo, situado al este del Arroyo de la Represa.

La atención prestada a los aspectos socioeconómicos en relación con el espacio urbano y un último apartado dedicado a la vivienda deja abiertas posibilidades a futuras reinterpretaciones en clave social. Arquitectura y urbanismo son los objetos del estudio pero el marco en que el investigador los sitúa trasciende esa centralidad abriendo expectativas a cualquier otro paradigma historiográfico.

La ciudad estudiada está habitada por sujetos reconocibles. La oligarquía local, el clero, los militares dejan ver su poderío en la sociedad del Antiguo Régimen a través del procesamiento de fuentes de Simancas y del Archivo Histórico Nacional; la gente trabajadora tiene nombre propio en el conjunto de padrones y fuentes estadísticas; sabemos de los marginados, pobres, discapacitados porque su infortunio quedó inscrito en los libros de San Juan de Dios. Reconocemos una geografía urbana a partir de la relación del grupo con los recursos y ello determina la historia de la sociedad. Pero también fuentes como los protocolos notariales y los testamentos, manejadas exhaustivamente en el Archivo Provincial, dan cuenta de las creencias y de las últimas voluntades individuales aproximando la investigación a la Historia de las Mentalidades y de la vida cotidiana. En resumen, la ciudad descrita no se percibe solo desde su morfología como un escenario de cartón piedra imaginado tras el telón del pasado.

La responsabilidad de estudiar y conocer ese espacio que habitó la Historia es del historiador, la de defender y conservar el legado patrimonial del Centro Histórico es de todos los que lo amamos.

3 pensamientos en “A modo de reseña que no lo es

  1. Espero que se venda muy bien, pero que no se agote la tirada antes de que me haga con uno 🙂

    Alejandro Pérez-Malumbres Landa

    Arqueólogo · Guía Oficial de Turismo Archaeologist · Official Tourist Guide

    +34 607 47 52 90  ·  http://www.arqueoguia.es

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  2. MUY ADMIRABLE DOÑA LUCÍA, GRACIAS POR ESTA JOYA. ¡ES USTED GRANDE, EN SU SABIDURÍA Y EN SU TEMPLE! RECIBA UN FURTE ABRAZO DE ESTE LECTOR, SIEMPRE AGRADECIDO, Y LEAL AMIGO. Rafael de la Fuente

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