“Make Roma Great Again”

El último número de la revista Historiografías publica el artículo “Make Roma Great Again: la Antigüedad como recurso en el contexto de la crisis y el nuevo giro derechizador” que “examina cómo el recurso de la Antigüedad clásica parece haber cobrado una dimensión inusitada en la política y en la cultura de masas en décadas recientes” (PASAMAR, Gonzalo: “Presentación“, p. 3).

Por si es de vuestro interés se puede acceder al texto completo en: [pdf].

Defensa de Tesis Doctoral

El lunes 12 de julio de 2021, en la Facultad de Filosofía y Letras de la  Universidad de Málaga (Online), a las 11:00 horas, tendrá lugar la exposición y defensa de la Tesis Doctoral de D. Pablo Benítez Gómez, titulada:

República, retaguardia y justicia militar en la Serranía de Ronda (1930-1940)

Dirigida por la profesora Lucía Prieto Borrego – Departamento de Historia Moderna y Contemporánea, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.

Ante el siguiente Tribunal:

Presidente: Dr. D. Francisco Alía Miranda – Universidad de Castilla–La Mancha
Secretaria: Dra. D.ª Encarnación Barranquero Texeira – Universidad de Málaga
Vocal: Dr. D. Miguel Ángel del Arco Blanco – Universidad de Granada

Para acceder a la sala virtual donde se realizará la Defensa de la Tesis Doctoral debe entrar desde el navegador Chrome en el siguiente enlace: https://eu.bbcollab.com/guest/a2ba0998bba8466b87cfdcc8a123b95d

A modo de reseña que no lo es

El Simpecado de la Virgen del Rocío sobre la Torre Blanca. Fotografía de la autora.

MORENO FERNÁNDEZ, Francisco Javier (2021): El Centro Histórico de Marbella. Arquitectura y Urbanismo, Studia Malacinata, 27, 2ª Edición. Málaga: umaeditorial. ISBN: 978-84-1335-074-5.

Cuando se tienden puentes de plata no queda sino huir y cruzar el río, a veces por fortuna, la otra orilla es acogedora.

La reedición de este libro en la colección Studia Malacitana es la respuesta a una demanda ciudadana expresada a través de espacios virtuales administrados por resistentes que mantienen una desafiante, incluso a veces quimérica, lucha por la defensa y conservación del Patrimonio. Uno de esos pertinaces denunciantes, José Luis Casado, prologaba en 2004 la primera edición de este libro con una contundente advertencia: las instituciones, a partir de esta publicación, “no podrán alegar desconocimiento en su responsabilidad de conservar la riqueza histórica de la ciudad”. Algo parecido se dijo el día de la presentación ante el delegado de cultura del GIL que se encontraba entre el público –entonces los cargos políticos no se sentaban en la mesa en actos que no eran institucionales—.

Para nosotros la divulgación y su canal, la edición eran los soportes de la creación de una conciencia conservacionista y de la extensión del conocimiento histórico. El aparato bibliográfico expuesto por Moreno en su libro de 2004 da cuenta del nivel de producción de la historiografía local en aquellos momentos. La aplicación de la perspectiva comparada a la bibliografía aportada en la edición actual ilustra un desilusionante desequilibrio. Más preocupante, si atendemos a que el sello editorial de la nueva producción historiográfica no es municipal. Parece como si don Fernando Alcalá que alentó nuestras vocaciones se hubiera llevado con él la voluntad del Ayuntamiento de publicar libros de Historia. Los suyos, por cierto, también deberían ser reeditados.

Francisco Javier Moreno podría haber eludido el ofrecimiento de poner en letra impresa una investigación que mantiene al día en las redes y a la que se accede en cualquier tiempo y espacio. Al fin es mucho más complicado acudir a la biblioteca y encontrar un libro que se agotó hace tiempo. Y, también, como en el caso de otros investigadores, no han faltado intentos de proscripción. A veces, los libros como los amigos incómodos se colocan en los rincones más recónditos de las estanterías. Es un empeño inútil porque aun cuando se intente silenciar al historiador, la historia siempre termina hablando. Igualmente, el autor podría haber elegido la reimpresión. Pero eligió lo que la honestidad intelectual exige a cualquier investigador: actualizar sus hipótesis y teorías a la luz de nuevas evidencias y si es preciso corregirse a sí mismo –algo menos arriesgado que corregir a los demás—. Afrontó un reto que ha supuesto varios meses de trabajo, en los que también junto a Escolástico Martín ha conducido varios debates virtuales sobre el centro histórico. Quienes habitamos este espacio desde la infancia apenas reparamos en la magia de su atrezo porque damos su belleza por merecida. Pero ese escenario que enamora al visitante ha sido sistemáticamente maltratado por el abuso de su función económica y desatendido por los poderes políticos que confían en su inagotable poder de seducción.

En el libro de Moreno construido sobre el basamento de una formación académica incontestable aflora el lamento de esa evidencia. Coincidimos con el autor en la ubicación de su investigación en el ámbito de la historia urbana, pero también en su carácter interdisciplinar. No es un trabajo meramente empírico y descriptivo. La fortaleza del marco teórico y conceptual y el abordaje de un período cronológico que incluye la Antigüedad permiten considerarlo un estudio de conjunto. De ahí su utilidad como obra de consulta. Sobre todo, si se tiene en cuenta que ha manejado prácticamente todos los fondos conservados en el Archivo Municipal y que sus referencias revelan las posibilidades que para cualquier paradigma historiográfico tienen fuentes muy poco conocidas como las del Hospital Bazán.

La voluntad interdisciplinar se plasma en la introducción de los apartados. El análisis morfológico y arquitectónico en cada etapa se aborda desde la interactuación de factores geográficos, demográficos y sociales, y siempre a partir de una puesta al día del estado de la cuestión.

Según el autor, las fuentes para la Edad Media son fragmentarias y la bibliografía local escasa: Catalina Urbaneja, Martínez Enamorado y García Baena. Sin embargo, la arqueología ha aportado sobre este periodo resultados que han avivado el debate historiográfico sobre el origen de la Alcazaba. Moreno ha venido utilizando las Memorias de Excavación de forma generalizada pero, sin duda, lo que ha dado sentido a la renovación de los presupuestos recogidos en la edición de 2004 ha sido las teorías elaboradas por el arqueólogo Pedro Sánchez Bandera y los arquitectos Gurriarán Daza y García Villalobos. Estas hipótesis cuestionan el origen califal de la Alcazaba y admiten la existencia de construcciones preislámicas, en concreto un Castellum cuyo emplazamiento se justifica por su valor estratégico. Ello no impide a Pérez-Malumbres negar la factura romana de algunos lienzos de la muralla. Si la arqueología fundamenta los estudios morfológicos, las fuentes documentales como las que contienen proyectos de obras han permitido seguir la evolución de la fortaleza desde sus funciones militares hasta su conversión en barrio residencial, un proceso de urbanización que el autor considera excepcional.

La configuración de la ciudad cristiana en sus aspectos urbanísticos pero también simbólicos y culturales puede ser abordada desde la mayor disponibilidad de fuentes dado que se desarrollará a partir de un marco normativo cuyo modelo jurídico Moreno sitúa en las partidas de Alfonso X. En estas ya aparecen mecanismos protectores de la propiedad comunal frente a la voracidad de los poderosos.Ese marco da lugar a ordenanzas y disposiciones que regularán el espacio en función de la convivencia con la población musulmana. Para el caso de Marbella, el confinamiento de las comunidades moriscas en el medio rural lleva al autor a reflexionar sobre el concepto de mudejarismo y su aplicación a un marco urbano donde no fue necesaria la segregación.

La nueva ciudad a partir de la última década del siglo XV se articula en torno a un centro religioso que es el templo erigido sobre la mezquita y el eje civil y administrativo que será la Plaza Mayor.

El itinerario por la arquitectura religiosa tiene un hito en el Convento de la Trinidad. Su decadencia comenzó en el siglo XVIII y el progreso de su ruina ha sido imparable. Fagocitado su espacio por las construcciones escolares del Obispado, resulta difícil reconstruir mentalmente su morfología original. Ello no ha impedido al autor analizar los restos de la capilla de Santa Catalina y del Claustro. Más afortunados han sido los establecimientos de la infraestructura benéfico-hospitalaria. En la primera edición de su obra, el autor muestra inquietud por el destino del Hospital San Juan de Dios. Establecido en la ciudad por orden de los Reyes Católicos, hoy es un espacio cultural dinámico. Como en el caso del convento de la Trinidad, el estudio del “Hospitalillo” se enmarca en la historia de la orden religiosa. En este caso la conservación de un riquísimo y casi inexplorado fondo documental, salvado de la destrucción en 1980, gracias a la sensibilidad de Francisco Cantos Liébana, ha permitido al autor seguir el rastro de sus funciones. También de forma “milagrosa” pudo evitarse la desaparición de una parte de los fondos del Hospital Bazán –los libros encuadernados fueron expoliados y son objeto de vergonzoso mercadeo—. Estas fuentes han sido tratadas con la minuciosidad que revela un relato histórico construido en paralelo al análisis morfológico del edificio más importante de la arquitectura civil renacentista. La complejidad de su planta y sus transformaciones estructurales son explicadas a partir de los proyectos de obras que se han conservado.

Moreno se muestra cauto en la consideración desde el punto de vista urbanístico de Marbella como ciudad barroca pero el barroco configura en el XVIII la  iglesia de Santa María de la Encarnación, levantada a finales del siglo XV. Su proceso constructivo ha sido seguido en el Archivo de la Catedral de Málaga. Tanto la documentación fotográfica del Fondo Temboury que el autor conoce bien como los informes elaborados para la instrucción de la Causa General en 1942 ilustran la magnitud de los daños sufridos durante la guerra civil. La silueta del templo y su elegante campanario se han elevado durante siglos como representación del ideal de la modernidad: la supremacía del poder religioso sobre el de las restantes jurisdicciones.

Pero también de la ciudad islámica y de la que se configura tras la conquista ha quedado huella de la gente común en las calles, en las fuentes, en los mercados, en posadas y mesones y en los senderos que la actividad económica convirtió en caminos.

La atención a la evolución urbana obliga al autor a integrar análisis demográficos desde los que traza una geografía basada en la diferenciación socioprofesional, tanto más acusada a medida que la ciudad sale de las murallas.

La urbanización de lo que será el Barrio Alto se desarrolla en la primera mitad del siglo XVI coincidiendo con la superación del retroceso demográfico que sigue a la conquista. El autor a partir de las transacciones comerciales identifica una pequeña elite especuladora a la vez que relaciona la expansión del barrio con la importancia religiosa de la parte alta, en torno a la ermita de San Sebastián.

La significación de este espacio sacro extramuros ha sido confirmado recientemente por la intervención arqueológica desarrollada en el nº 9 de la plaza de Santo Cristo. La importancia del hallazgo de los restos de la  iglesia de San Sebastián que Moreno ha podido estudiar in situ justifica por sí misma esta reedición. Pocas experiencias son comparables a la visita de esta excavación en lo que fue el restaurante icónico de la “Jet” marbellí. Tras la puerta de La Fonda ahora se puede ver una necrópolis que estaría situada delante de lo que fue una iglesia –no una ermita—. Este espacio se prolongaría hasta alcanzar la plaza de Santo Cristo. Pero sin duda el hallazgo más inesperado y sorpresivo ha sido un camarín del siglo XVIII cuya decoración adaptada a la cubierta de un comedor de lujo ha alterado profundamente la original. Estos restos y la vecina iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz cierran el itinerario de la arquitectura religiosa, de menor monumentalidad en el Barrio Alto que la arquitectura civil. La calle Ancha conserva las fachadas más bellas de una ciudad que deja escrito su sostén económico en el perfil socioprofesional de los barrios extramuros: la Marina y el Barrio Nuevo, situado al este del Arroyo de la Represa.

La atención prestada a los aspectos socioeconómicos en relación con el espacio urbano y un último apartado dedicado a la vivienda deja abiertas posibilidades a futuras reinterpretaciones en clave social. Arquitectura y urbanismo son los objetos del estudio pero el marco en que el investigador los sitúa trasciende esa centralidad abriendo expectativas a cualquier otro paradigma historiográfico.

La ciudad estudiada está habitada por sujetos reconocibles. La oligarquía local, el clero, los militares dejan ver su poderío en la sociedad del Antiguo Régimen a través del procesamiento de fuentes de Simancas y del Archivo Histórico Nacional; la gente trabajadora tiene nombre propio en el conjunto de padrones y fuentes estadísticas; sabemos de los marginados, pobres, discapacitados porque su infortunio quedó inscrito en los libros de San Juan de Dios. Reconocemos una geografía urbana a partir de la relación del grupo con los recursos y ello determina la historia de la sociedad. Pero también fuentes como los protocolos notariales y los testamentos, manejadas exhaustivamente en el Archivo Provincial, dan cuenta de las creencias y de las últimas voluntades individuales aproximando la investigación a la Historia de las Mentalidades y de la vida cotidiana. En resumen, la ciudad descrita no se percibe solo desde su morfología como un escenario de cartón piedra imaginado tras el telón del pasado.

La responsabilidad de estudiar y conocer ese espacio que habitó la Historia es del historiador, la de defender y conservar el legado patrimonial del Centro Histórico es de todos los que lo amamos.

Memoria de Luz sólida

Jesús Marín Clavijo, artista plástico, escultor, profesor titular de Escultura en la Facultad de Bellas Artes de Málaga y actualmente decano de dicho centro, estrena en el Rectorado de la Universidad de Málaga la exposición ‘Memoria de luz sólida. Gramáticas del lugar’. El artista presenta los trabajos realizados en torno al enclave preindustrial Trapiche del Prado, de Marbella, un enclave preindustrial con actividad desde el s. XVII hasta el XX, resultado de un proyecto de investigación de la UMA.

Memoria de luz sólida. Gramáticas del lugar

Lugar: sala de exposiciones del Rectorado de la UMA.

Fecha: desde el 15 de abril hasta el 14 de mayo de 2021.

Dios ha nacido en el exilio

HORIA, Vintilă (1960): Dios ha nacido en el exilio. Diario de Ovidio en Tomis. Prefacio de Daniel-Rops. Barcelona: Ediciones Destino.

A la Tata que me dio a leer este libro del que no podremos volver a hablar y a María José a quien tanto me gusta escuchar de Roma. Su compañía es mi consuelo.

La publicación El infinito en un junco: La invención de los libros en el mundo antiguo (Vallejo, 2020) nos ha devuelto la confianza en la pervivencia y en el futuro de las Humanidades y a quienes nos orientamos al estudio de tiempos más inmediatos nos devuelve la Antigüedad. Entre sus páginas surgen nombres, obras y personajes vividos en las aulas de San Agustín cuando, en los años setenta, en el plan de Historia, el Mundo Antiguo ocupaba el primer año de la carrera. Entonces, Latín, Filosofía y Literatura eran asignaturas troncales. La lectura de este libro obliga a revisar las estanterías. Compruebo con alivio que están con su versión en latín –quizá porque ya no es asignatura obligatoria— Ab Urbe condita, La guerra de las Galias, las Cartas de Cicerón, La guerra de Yugurta y los Epigramas de Marcial. En este último reconozco, al margen de los punzantes versos, la letra en tinta negra de mi amigo más antiguo.

Posiblemente sin Robert Graves y Mary Beard sería más densa la bruma que me aleja del Mundo Clásico. El infinito en un junco la disipa un tanto permitiendo el recuentro con los Cesares de Suetonio y con la estulticia de Catilina. Pero había quedado sepultado bajo los exilios por venir el del autor del Ars Amandi. El poder de evocación del relato de Irene Vallejo traslada a un territorio alguna vez transitado en uno de los libros que más me había impresionado varias décadas atrás: Dios ha nacido en el exilio.

EL EXILIO DE OVIDIO. UN RELATO IMAGINADO

Provincias orientales del Alto Imperio. Fuente: PETIT, Paul (1976): Historia de la antigüedad. Barcelona: Editorial Labor.

El escritor rumano Vintilă Horia traslada a un diario imaginario el relato del trágico destierro de Ovidio Nasón. El poeta comienza sus escritos con la soberbia de quien aún cree en la superioridad del intelecto sobre la irracionalidad del poder: «Yo soy poetay él no es más que el emperador».

En el año 9 d.C., Ovidio era uno de los más importantes poetas de Roma, noble y rico, si no frívolo, al menos, despreocupado. Muy próximo a la familia imperial, no fue consciente de que los dioses son vengativos y caprichosos y de que Octavio se había convertido en un dios. Sólo cuando es desterrado a la antigua ciudad griega de Tomis, a orillas del Ponto Euxino, admite que sus poemas son la causa del castigo. Allí, atenazado por el rugir de las olas y el aullido de los lobos, llora la ausencia de sus amigos. El poeta evoca los olores y los colores de Roma, sus jardines y su hogar; la fidelidad de su esposa Fabia; su exitosa vida social en el círculo de Tíbulo y Horacio; el lujo y la comodidad. Horia incorpora también el recuerdo de Corina, su amante y la intensidad de una vida amorosa que todos en Roma conocían. El exilio es una ruptura con el orden natural de las cosas, escribe Ovidio. Su lamento es más agudo en tanto que compara el paraíso romano con la aspereza del lugar al que ha sido destinado. Ovidio allí es un exiliado no un prisionero. Controlado por Honorio, soldado de la guarnición imperial, se le permite beber en la taberna del griego Himerión, visitar a la prostituta Artemis y pasear entre la ciudad amurallada y su puerto. Pequeñas huídas de una vida castigada por el frío que lo mantiene junto al fuego oyendo «el crepitar de la nieve helada en el exterior»y por el horror que le producen la proximidad de los bárbaros. Algunos, los más asimilados, viven extramuros como Dokia, la mujer geta que han puesto a su servicio. Y que: «parece un animal de tan envuelta como viene en una piel de cordero. La primera mirada del refinado poeta sobre los indígenas es la del colonizador. La misma que siglos después proyectarán los europeos sobre los hombres no blancos. El romano duda incluso de la humanidad de quienes creía: «animales de dos patas, desprovistos de sentimientos y razón» y prefiere la compañía, sin importarles su rudeza e ignorancia, de los antiguos colonos griegos.

El poeta se pregunta por la razón del castigo. Vintilă, elige entre las muchas interpretaciones de un asunto nunca aclarado, las de índole moral. El Ars Amandi fue considerado el instrumento de perversión que corrompió a la nieta del emperador. Ovidio se autoexculpa en un diario que nadie leerá, no se considera responsable de la depravación de Julia. Fue testigo de su inmoralidad, como tantos otros nobles, pero no el incitador. En su obra real, Tristes y Pónticas implora perdón al emperador y ruega ser confinado entre hombres que no sean bárbaros. Pero sus escritos imaginados recogen su indiferencia religiosa, su oposición al expansionismo romano y, sobre todo, su desprecio a la política de moralización.

Como todos los dictadores por venir, Augusto se erigió en defensor de la familia, del matrimonio, de la religión oficial y de la patria. Y como todos los dictadores impuso a los transgresores penas ejemplarizantes. Su propia hija y su nieta fueron desterradas por inmorales. Ovidio critica con acritud la dualidad de una moral que rinde culto a dioses adúlteros y adora a un emperador que ha utilizado las leyes civiles de matrimonio y divorcio para los intereses políticos de la familia imperial.

Con el paso de los días la nostalgia de la Urbs no disminuye, cada primavera espera que con el deshielo lleguen noticias de su ciudad, pero el exilio lo ha desgarrado y tras varios inviernos su mirada no es la del poeta áulico. Roma no es la idílica ciudad que dejó atrás, es también la que habita el sanguinario público que acude a las venationes. Los pueblos conquistados han adoptado su lengua y sus costumbres pero no la crueldad de los juegos circenses. Sus reflexiones van más allá de su desdicha y alcanzan las del destino de Roma. La vida en la frontera ha descubierto al poeta que el Imperio que se cree tan invicto como inmortal está amenazado por una fuerza destructora. Varios siglos antes de que otros bárbaros arrasen Roma, el espíritu de Ovidio, como las formas de su Metamorfosis, fue transformado no por la voluntad de los dioses sino por una humanidad que hasta entonces le era ajena.

El poeta se aproxima a las costumbres y la religión de los getas y descubre que la guerra imperialista no solo deja en retaguardia a combatientes derrotados sino también a hombres libres que han cambiado las armas por el arado y la rapiña por el cultivo. Son desertores de las legiones cansados de matar; ciudadanos huidos de las rígidas leyes de la poli; traidores a una patria que les exige el tributo de la sangre de otros pueblos. ¿Qué hay en el fondo del corazón de estos romanos?, se pregunta el poeta, extrañado de que hayan elegido voluntariamente marginarse. Desde su agnosticismo se sorprende tanto de que hayan renegado de los dioses patrios y adoren a un único dios que viaja al país de los getas para encontrarlo. Según le enseña uno de los sacerdotes de Zamolxis, el dios de los dacios, la ambición de su pueblo no es privar de la libertad a otros sino preservar la suya, los getas no valoran la vida sino la muerte que los conduce a la vida eterna.

Es una revelación que el agnóstico poeta no recibe indiferente. La inquietud religiosa se asoma en sus escritos a través de las historias de sus amigos más queridos. Aquellos que con más ahínco buscaron el consuelo al dolor, a la soledad y al remordimiento vislumbraron una luz esperanzadora en un nuevo dios que había nacido en Galilea. Ovidio lo conocerá tras la muerte de Augusto (14 d.C.) cuando se humilla por última vez, ahora ante Tiberio, y aún desea volver a Roma. Después su único anhelo será morir junto a sus amigos bárbaros y a sus compatriotas renegados, arrullado por el Danubio, en la tierra de los getas.

FICCIÓN O REALIDAD

El autor de Dios ha nacido en el exilio vuelca en este libro la eterna nostalgia de quienes no regresarán nunca a su patria. Como Ovidio, también Vintilă Horia es un exiliado. Nacido en Rumanía en 1915, tras ser liberado de un campo nazi, no volverá al país de los dacios, tan presente en su obra como la denuncia del poder totalitario. Algo que no deja de ser contradictorio en alguien que había apoyado al fascismo. Aquel apoyo no fue olvidado en Francia. Renunció al Premio Gongourt de 1960 tras una campaña de escritores antifascistas, encabezada por Jean-Paul Sartre. Instalado en España desde 1953, ha sido considerado uno de los más importantes representantes del exilio cultural rumano (Eiroa, 2011: 479-497).

Dios ha nacido en el exilio es un alegato contra la guerra imperialista. Ovidio remonta el Ister (Danubio) para oír en boca de una mujer derrotada que el pueblo que respeta a sus dioses se defiende cuando lo atacan y va a la guerra cuando tiene hambre pero no hace de la conquista su medio de vida. El alegato de los getas contra Roma no es distinto al que Fanon vuelca en Los condenados de la Tierra(1999) cuando afirma que la violencia ha presidido la constitución del mundo colonial.

Horia convierte al desterrado en la representación del colonizador contemporáneo: «¿cómo no sentirse orgulloso de ser ciudadano romano ante estos bárbaros a caballo cuyas armas son flechas envenenadas?» se pregunta Ovidio para quienes los getas ni siquiera han alcanzado la sutileza de la sonrisa.

La venganza del pueblo que será completamente dominado por Roma es la metamorfosis del poeta. Nasón sufrió hasta su muerte la inclemencia del Bóreas que helaba el mar pero amó el inmenso lago extendido bajo las murallas de Tomis y a los bárbaros que habitaban sus orillas. El autor utiliza con elegancia esta transformación para enfrentarse al concepto de civilización. El argumento del padre de Dokia que devuelve a Ovidio la acusación de crueldad imputada al indígena, parece ser una transposición literaria de Discurso sobre el colonialismo de Aimé Césaire (2006). El padre de La Negritud, movimiento que influirá en Senghor y en el proceso de la descolonización africana, negó la acción civilizadora de las potencias coloniales en el sentido de la misión atribuida a Francia por Jules Ferry en su discurso a la Asamblea (1885), en pleno auge del imperialismo.

El discurso que Horia pone en boca de los bárbaros danubianos es pacifista, anti militarista y anticolonialista. No tan lejano del que en los años sesenta mantenían en Francia, si bien desde la perspectiva marxista, las corrientes de apoyo a la descolonización de Argelia. La contradicción, si es que la hay, estaría en la abismal distancia que existe entre el aliento de la ficción literaria y la posición política del autor: complaciente con un régimen que mantenía en el exilio a miles de disidentes y aplicaba un programa de control moral y social como el que el Ovidio imaginario denunciaba. De ahí que Ernesto de Ayala (1992) considere a Vintilă Horia, colaborador asiduo con la prensa del franquismo, un intelectual de difícil encuadramiento desde un patrón maniqueo. También su experiencia personal en la Rumanía de entreguerras ilustra la inutilidad de reducir el enfrentamiento ideológico de los años treinta a la oposición fascismo-democracia. Afín al gobierno dictatorial del rey Carol y al fascismo, Horia fue contrario al movimiento ultranacionalista, antisemita y ultrareligioso del Movimiento Legionario rumano. Fue represaliado por el nazismo cuando Rumanía, tras la derrota alemana en la URSS, pasó al bando de los aliados.

No menos desconcertante puede parecer la exaltación e idealización del pueblo dacio, común al ultranacionalismo de la Guardia de Hierro y al de la Rumanía comunista. En los años sesenta, Los Dacios, una película sobre las raíces latinas de la nación, era una de las más vistas del país (Petrescu, 2011: 55-86). Horia sigue ambas estelas.

Los llamados dacios por los romanos y getas por los griegos son el mismo pueblo que Vintilă iguala a Roma para darle visibilidad como antagonistas del Imperio. El autor ilumina a pueblos que en los manuales de Historia aparecen en letra pequeña junto al imperio romano. A través del viaje emprendido por Ovidio se invita al lector a conocer a través del Ister el país de los dacios –sudeste de Rumanía—; sus costumbres y valores; su religión y la vida cotidiana de unas comunidades, entonces, escasamente romanizadas. Si al principio de su exilio Ovidio relata junto al mito de Medea la colonización helénica del Ponto, durante su viaje da a conocer la historia de los reinos dacios y sobre todo a su único dios. Es una revelación que responde a la inquietud religiosa del poeta quien establece una conexión entre Xalmozis y el nuevo dios, nacido en Galilea. Esa conexión no es una ficción. Por el contrario es un componente del nacionalismo rumano, presente en la obra del historiador de las religiones, Mircea Eliade. Horia la utiliza para afirmar la verdad del cristianismo sobre el paganismo (Pérez, 2008).

Los getas que conoce Ovidio creen que el país que se extiende tras las montañas de levante y su capital Samizegetusa permanecerá libre, el poeta sabe que Roma lo anexionará al Imperio. Entre el 101 y 107 d.C., la Dacia fue conquistada por Trajano y convertida en una de las provincias más romanizadas. La tragedia de los dacios y el suicidio de Decébalo, escrito en piedra es una filigrana de la escultura romana que aún desafía a la eternidad en el foro de Trajano.

Tristes y Pónticas, obras escritas realmente por Ovidio en Tomis –actualmente la ciudad rumana de Constanza— inspiran el libro de Horia. El autor rumano, sin ser infiel al testimonio original difumina la realidad que a su vez pudo ser alterada por el poeta. La crítica reconoce que el exiliado exageró en Las Tristes la cierta rigurosidad del clima para demostrar la crueldad de su castigo. Confiaba en que sus amigos conmovieran al emperador y Augusto permitiera su traslado lejos de los getas. En su epístola a Grecino, incluida en Las Pónticas reconoce, sin embargo, que amaba a los nativos y que entre ellos tenía amigos. La obra de Vintilă Horia recoge este sentimiento con fidelidad pero quizá lo sublima en detrimento de la visibilidad de sus amigos romanos. El Ovidio real nunca dejó de pedir perdón ni clemencia ni renunció a su deseo de volver a Roma. No regresó, murió en Tomis tras nueve años de destierro. Sus elegías, de una belleza sobrecogedora, son una profunda reflexión sobre la amistad y se vertebra sobre una aseveración: solo la verdadera sobrevive en la desgracia. En su caso fue cierto, si bien algunos amigos lo olvidaron y otros procuraron evitarlo, los verdaderos no renunciaron a clamar por su regreso. El destierro, que todo ser humano conoce alguna vez, distingue a unos de los otros.

Relieve de la columna Trajana que representa la toma por los romanos de la capital de la Dacia, Sarmizegetusa. Fuente: SCALA, FIRENZE, fotografía recuperada de HISTORIA – NATIONAL GEOGRAPHIC, https://historia.nationalgeographic.com.es/temas/columna-de-trajano/fotos/1/2.

BIBLIOGRAFÍA

Ayala-Dip, J. Ernesto (1992): “Un intelectual ambulante”, El País, 4 de abril.

Césaire, Aimé (2006): Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Ediciones Akal, 2006.

Eiroa San Francisco, Matilde (2011) “Una mirada desde España: mensajes y medios de comunicación de los refugiados de Europa del Este”, Estudios sobre el Mensaje Periodístico 17 (2), pp. 479-497.

FanOn, Frantz (1999): Los condenados de la tierra. Tafalla: Editorial Txalaparta.

Ovidio Nasón, Publio (1992, Introducción, traducción y notas de J. González Vázquez. Revisada por V. Cristóbal López y E. F. Baeza): Tristes y Pónticas.Madrid: Editorial Gredos.

Pérez Zafrilla, Pedro Jesús (2008): “Las huellas de la ideología en el pensamiento antropológico. El caso de Mircea Eliade”, Gazeta de Antropología 24 (1), artículo 15, http://hdl.handle.net/10481/7063.

Petrescu, Cristina (2011): “Concebir Europa desde el otro lado del Telón de Acero: intelectuales rumanos y centroeuropeos en comparación”, Ayer 82, pp. 55-86.

VALLEJO MOREU, Irene (2020): El infinito en un junco: La invención de los libros en el mundo antiguo. Madrid: Ediciones Siruela.

Implantación y funcionamiento de la justicia militararen la provincia de Málaga (1937)

Acaba de publicarse el nº 22 de la revista Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, de la Universidad de Alicante, en el que aparece nuestro último estudio sobre la implantación de la justicia militar en Málaga durante 1937. Si es de vuestro interés podéis consultarlo aquí:

PRIETO BORREGO, Lucía (2021). Implantación y funcionamiento de la justicia militar en la provincia de Málaga (1937). Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 22, pp. 265-292, https://doi. org/10.14198/PASADO2021.22.09

La hambruna española

Por si es de vuestro interes, compartimos la recién creada página web del Proyecto de Investigación: “La hambruna española: causas, desarrollo, consecuencias y memoria (1939-1952) (HAMBRUNA)” (PID2019-109470GB-I00 / AEI / 10.13039/501100011033), desarrollado desde la Universidad de Granada.

Para acceder a la web pinchar en el título: La hambruna española