Ejercicios de memoria

SCHWARZ, Géraldina (2019): Los amnésicos. Historia de una familia europea. Traducción de Núria Viver Barri. Tiempo de Memoria. Barcelona: Tusquets editores.

TIMM, Uwe (2018): Icaria. Traducción de Paula Aguiriano Aizpurua. AdN Alianza de Novelas. Madrid:  Alianza Editorial.

ALI, Tariq (2009): Miedo a los espejos. Traducción de María Corniero Fernández. Alianza Literaria (Al). Madrid: Alianza Editorial.

El olvido de los alemanes

Los amnésicos es el resultado del interrogante que la autora, una joven periodista de ascendencia franco-alemana se plantea cuando desde su intrahistoria familiar asume dos evidencias. La primera que el Holocausto no pudo suceder sin el asentimiento, la inhibición y la colaboración de los alemanes. Y en segundo lugar que ni durante el nazismo ni después se sintieron culpables o responsables. El objeto de análisis es por tanto el mitlaufer, el ciudadano común que se dejó llevar; era políticamente indiferente e, incluso no necesariamente, simpatizante de los nazis. Sería este el perfil genérico de una gran parte de la población que con la derrota se sumió en un absoluto mutismo, atenta solo a sobrevivir a la crudeza de la posguerra. Karl y Lidia Schwarz, un joven matrimonio de Mannheim, no habían votado a Hitler. Aunque Karl tenía el carnet del partido no era un militante activo y para Lidia la evocación del nazismo era la de una juventud vivida amablemente gracias a los programas sociales del régimen. La segunda generación es la de la duda, la de la del rechazo a las respuestas evasivas, la de la sospecha de grietas en la verdad del olvido. Volker, el padre de la autora, transmite a su hija la curiosidad por un pasado suspendido en el sótano de su vivienda de Mannheim. En aquella ciudad de Badem habían comenzado las deportaciones de judíos en 1940 y aunque sus padres jamás lo han mencionado, Volker está seguro de que tuvieron que conocerlas. De la misma forma sospecha de la procedencia de la empresa familiar y del origen de los muebles y vajilla de la casa, impropios del estatus social de su familia y más lujosos que los que aparecen en fotografías anteriores al periodo nazi. Sin embargo, su padre solo sufrió una sanción administrativa por tener el carné del partido. Karl fue solo un mitlaufer hasta que su nieta encontró en el sótano el fantasma de los Löbmann, una familia desaparecida en Auschwitz. Su único superviviente,  en 1948 acogiéndose a las leyes que permitían la reclamación sobre bienes expropiados durante el nazismo, reclamó a Karl la propiedad de una empresa adquirida a bajo precio en 1938. El reclamante es Sigmun, el único que salvó la vida huyendo a EE.UU. Acosados por los programas de arianización que afectaban a bienes y empresas judíos y a punto de ser deportados, los Löbmann, malvendieron su empresa a Karl. A partir del descubrimiento de esta incomoda verdad, Géraldine Schwarz reconstruye paralelamente la historia de su familia alemana y de la judía expoliada. La lectura de la correspondencia del abuelo permite acceder a una de las más valiosas aportaciones de Los amnésicos: el análisis de los procesos de desnazificación, tal y como los vieron los alemanes. El opa –el abuelo Karl— no solo se resistió durante años a la demandas de Löbmann sino que se consideró víctima de los judíos y no al contrario.

Los límites de la desnazificación

La desnazificación impuesta por los aliados no fue un proceso homogéneo, dependió de la zona de ocupación. La biografía novelada del teórico de la eugenesia, el doctor Ploetz, escrita por Uwe Timm, retrata la minuciosidad con la que el ejército americano abordó la investigación de las responsabilidades en el espacio que controlaban. Tampoco afectó por igual a todos los grupos. La obra refleja la inmunidad que los vencedores ofrecieron a investigadores y científicos a cambio de los conocimientos que los aliados utilizarían en la futura carrera espacial y de armamento. Al margen de unos pocos y elegidos actores, en su zona los americanos mantuvieron el procesamiento ante tribunales militares hasta 1949. Núremberg fue solo la representación más visible de un proceso que experimentó distintos niveles durante la Guerra Fría.

La desnazificación controlada por los aliados se suavizó a medida que la URSS ampliaba su área de influencia en Europa oriental y, sobre todo, una vez que las potencias occidentales decidieron en 1949 dar vida a una nueva Alemania. Adenauer entendió que la desnazificación era imprescindible para la reconciliación nacional y emprendió una política encaminada a la exculpación colectiva. Sin embargo, las presiones internacionales le obligaron a un acuerdo simbólico con Israel. De facto, la recuperación material y la emergencia del estado del bienestar actuaron como un bálsamo frente al pasado.

Schwarz aborda el olvido en los territorios ocupados o aliados del Reich desde una perspectiva comparada. Su madre, francesa no ha conservado un fondo testimonial familiar como el hallado por Volker en su casa de Mannheim. Hija de un gendarme, creció en las proximidades del Campo de Drancy, centro de reclusión de los judíos que iban a ser deportados. En su familia nadie lo recordaba. La historia oficial de una Francia resistente a los alemanes ocultó durante décadas la ignominia de la colaboración. De haber sido admitida, Francia jamás habría figurado entre los vencedores. Si Adenauer fue obligado a asumir la culpa, De Gaulle no admitió sino la victoria de los resistentes en el seno del ejército aliado. Su representación icónica fue la entrada de la División Leclerc en París. Tras las bambalinas del mito nacional quedó en la sombra que la capital de Francia fue liberada por los americanos y que muchos resistentes eran españoles republicanos. Ello no quiere decir que no se ajustaran cuentas a los colaboracionistas –miles de mujeres fueron rapadas por mantener relación con los “boches”— y los principales responsables políticos procesados. Pero sucesivas leyes de amnistía favorecieron la promoción política de antiguos colaboracionistas y tras la descolonización de Argelia, con los colonos regresó a Francia la memoria resentida del fascismo. La responsabilidad de Vichi en el Holocausto no se admitirá hasta mucho después. El comportamiento más o menos complaciente de la población no fue ajeno a una potente corriente de pensamiento antisemita que se había manifestado ya en el célebre caso Dreyfus.

El peso del antisemitismo fue determinante en la extensión de los apoyos al nazismo en la Europa de entreguerras. Arendt disecciona en su obra de referencia, Los orígenes del totalitarismo, la influencia de este factor tanto en el espacio germánico como en el Imperio austro-húngaro. Y sitúa la proyección política del sentimiento antijudío en la las última década del siglo XIX cuando el partido socialcristiano llegó a la alcaldía de Viena con un discurso antisemita, si bien aquel gobierno municipal, presidido por Lueger no fue percibido como una amenaza. Esta opinión es compartida con Zweig que la refleja en El mundo de ayer. Memorias de un europeo, precisamente la fuente desde la que Géraldine Schwarz evoca la metamorfosis de la amable sociedad vienesa hacia la intolerancia y el fanatismo. El fascismo católico austriaco no pudo contener los apoyos del nazismo. La evocadora obra de Éric Vuillar, El orden del día, demuestra hasta qué punto estaba decidida la anexión de Austria. Este argumento es el que justificará la amnesia en ese país. Sin embargo, los nazis austriacos no tuvieron un papel marginal en el exterminio de la población judía. La autora comprueba personalmente la dimensión del olvido cuando viaja a Viena. El gobernador de Galitzia era un austriaco. Bajo su gestión miles de judíos fueron masacrados pero su hijo lo exculpa públicamente. Otto Von Wächter tuvo la misma responsabilidad en los territorios polacos orientales que Frank Hans en Cracovia. Sorprendentemente en Los amnésicos no aparece una de las obras que se han ocupado de ambos personajes, responsables de crímenes contra la humanidad: Calle Este-Oeste de Philippe Sands. En Austria, el país donde estuvo Mauthausen y en el que muchos de sus médicos trabajaron en experimentos con discapacitados, el proceso de desnazificación quedó totalmente obstaculizado por la percepción de que los austriacos habían sido víctimas del nazismo y no sus colaboradores. Un argumento muy similar al que elaboró Italia para la construcción de una memoria exculpatoria de su pasado fascista. Pero la brutalidad desencadenada en los Balcanes, bajo la autoridad de Mario Roatta, el general que tomó Málaga en 1937 –la memoria oficial del franquismo no le reconoció esta victoria sino a Queipo de Llano— no fue más leve que la ejercida en los territorios del Reich y en Libia. Sin embargo, la Italia de Mussolini se comportó de forma muy diferente a Francia al obstaculizar la entrega de los judíos detenidos, las deportaciones se produjeron en la zona norte controlada por los alemanes.

Tras la guerra, la prioridad de mantener a raya a los comunistas favoreció la amnesia con la conocida bendición del Vaticano y en opinión de Fontana –Por el bien del Imperio. Una Historia del Mundo desde 1945— con el apoyo de EE.UU. La situación de los judíos en la Italia fascista es evocada desde la más conocida obra de Bassani, El jardín de los Finzi-Contini. El autor de La novela de Ferrara, sin embargo, articula la narrativa de la amnesia italiana en torno a la normalización del pasado fascista. Contra esta aceptación reaccionarían los movimientos de la década de los sesenta, derivados en parte, como en Alemania hacia el terrorismo.

El combate contra la amnesia

El libro matiza el mito de la desnazificación absoluta sobre el que se sustentó la creación de la República Federal de Alemania (RFA). Durante los años cincuenta a la nueva clase política de la RFA se fueron incorporando antiguos nazis, las depuraciones en la administración fueron sorteadas y los individuos blanquearon su pasado.

La autora sitúa el principio del combate contra la amnesia en la actuación del fiscal Bauer quien en 1958 llevó a proceso a un comando que asesinó en Lituania a centenares de civiles y quien impulsó la detención de Eichman, condenado a muerte en Israel en 1962. Su juicio tuvo una gran repercusión mediática y resignificó el Holocausto como resultado de la colaboración necesaria de actores comunes sin conciencia criminal. Hannah Arendt, presente en el juicio, fue testigo de la impasibilidad del reo y en su conocida obra Eichmann en Jerusalén formuló su polémica teoría de la Banalidad del Mal. En los años sesenta el parlamento voto una ley que terminaba con la impunidad lo que determinaría políticas de memoria en absoluto compartidas. En esos años los jóvenes alemanes se enfrentaron a la amnesia de sus padres en el marco de un movimiento de rebelión juvenil que se manifestó a ambos lados del Atlántico. En Alemania, este movimiento es considerado por la autora un hito en el proceso de recuperación de la memoria alemana. Bajo la inspiración de la Escuela de Frankfurt –Habermas y Adorno— estas movilizaciones denunciaron la continuidad del personal político del Tercer Reich en la RFA. La evolución de algunos sectores hacia el terrorismo es conocida y la complacencia de intelectuales franceses –Sartre, Foucault y Deleuze— con los presos alemanes también. La autora advierte de la coincidencia de que fenómenos como la aparición de la Fracción de Ejército Rojo y de las Brigadas Rojas se dieran al igual que en Japón en estados con un pasado fascista –ETA podría ser incluida—. Entre las organizaciones terroristas de los años sesenta estaban las palestinas que actuaron en la RFA. Paradójicamente, muchos de los actores que habían demandado la memoria y la reparación de las víctimas del Holocausto terminaron enfrentados al Estado que hizo del exterminio de su pueblo en  territorio alemán la razón de su existencia, Israel. Entre tanto, el pulso al terrorismo en la RFA mantuvo el tabú del genocidio hasta la aparición de La destrucción de los judíos europeos en 1982.

El núcleo central de Los amnésicos lo constituye la denuncia de unas políticas de memoria selectivas que en Europa posibilitaron la impunidad de criminales de guerra. Políticas caracterizadas en relación a la situación de los estados en la Guerra Fría.

En la Alemania ocupada, la desnazificación fue impuesta por los aliados, después la RFA no pudo satisfacer totalmente la demanda de olvido de los mitlaufer. Israel acaba de nacer y se lo impidió. En la RDA,  por el contrario, la nación se fundó sobre el mito del antifascismo y desplazó la culpabilidad del Holocausto a Alemania Occidental. En Austria el Anschluss justificó el victimismo y la amnesia. La leyenda fundacional de la IV República Francesa fue la Resistencia y de Gaulle hizo caer un velo sobre la colaboración. En Italia, el potencial del Partido Comunista fue conjurado pasando página sobre el pasado fascista. En todos los casos, la amnesia fue una acción conscientemente política.

La obra reconstruye este pasado a través del testimonio, de fuentes documentales tanto públicas como privadas y de bibliografía especializada. El resultado es un ensayo con una base historiográfica impecable que en sus últimos capítulos se orienta a la crónica periodística.

 

El fin de la Historia, el principio de la Memoria

Tras la caída del muro Géraldine Schwarz acompañó a su padre al Berlín oriental. Volker que trabajó en el organismo encargado de gestionar la transición económica se convierte en un testigo privilegiado del traumático proceso de privatizaciones. El relato de su experiencia en la ​RDA nos remite al sentimiento de desamparo y a la decepción que embarga al protagonista de Miedo a los espejos, un profesor universitario a quien colegas de occidente cuestionan su excelencia. La eclosión de políticas públicas de reconocimiento y reparación de las víctimas del fascismo y del nazismo no se produce hasta la década de los ochenta. Y su implementación provoca la inevitable comparación con las del totalitarismo estalinista.

La caída del muro impulsa de forma imperativa la memoria del Holocausto en Europa occidental. La desaparición de la RDA hizo extensiva la memoria antifascista a todos los alemanes pero abrió el debate entre quienes reclamaban el fin de la impunidad y quienes preferían pasar página en el país reunificado.

La llegada al poder de la coalición de Verdes y Socialdemócratas en 1998 impulsó la normalización de la presencia alemana en actos memorialistas como la conmemoración del Desembarco de Normandía; campos de concentración se convirtieron en lugares de memoria y emergieron memoriales al Holocausto. Uno de los más sobrecogedores, sin duda el de Berlín.

Monumento del Holocausto. Berlí, agosto 2007.

Pero, sobre todo en Alemania Oriental, la amnesia devenida del pasado socialista también suscitó oposición. De la iconoclastia que caracterizó a la “guerra de los símbolos”, los berlineses consiguieron salvar las monumentales estatuas de los padres del marxismo.

Marx-Engels Forum. Berlín, agosto de 2007.

De forma paralela la publicación de obras autobiográficas o de ficción visibilizó también los sufrimientos de los alemanes a manos del Ejército Rojo. No solo el trágico éxodo de los territorios polacos y de los Sudetes, también la inquietante memoria de las miles de mujeres violadas por soldados soviéticos que saco a la luz el testimonio anónimo de Una mujer en Berlín. En Francia, en los años noventa, también fueron reconocidos los crímenes de Vichi.  Maurice Papon y Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, fueron desenmascarados. En España,  la memoria de los muchos nazis acogidos durante el franquismo ha quedado de momento en el ámbito de la ficción. Obras como Los pacientes del doctor García de Almudena Grandes o La casa del nazi de Xabier Quiroga han trazado nítidamente la cobertura que el Régimen les ofreció.

Los amnésicos se cierra con el inquietante epílogo de la relación entre la Memoria del fascismo y el auge de la extrema derecha en Europa. Ya en 1992, aparecen grupos neonazis que atentan contra los trabajadores vietnamitas de la RDA y contra refugiados yugoslavos. La emergencia de partidos ultranacionalistas y xenófobos que han alcanzado representación parlamentaria se ha generalizado. Los movimientos basados en pulsiones identitarias han mutado el discurso antisemita de los años treinta por una islamofobia compartida. La idea de que el Islam amenaza la pervivencia de la civilización occidental, eje ideológico del PEGIDA alemán, alienta con fuerza en la ultraderecha española que representa VOX.

El subtítulo que acompaña a Los amnésicos no hace justicia a la obra. No es la historia de una familia europea, es la historia de Europa. A través de testimonios de tres generaciones, el relato se articula con matices divergentes, según se cuente a uno u otro lado del Rin; según el narrador sea católico, judío o protestante; según ganador o derrotado; según víctima o verdugo. Una dialéctica de la que necesariamente se deriva la imposibilidad de una memoria común y consecuentemente la confrontación sobre la gestión pública del pasado. Pero ello no significa que la Memoria sea responsable de la reavivación de conflictos y enfrentamientos atávicos. Reconocer y nombrar a actores que tuvieron visibilidad y responsabilidad en la destrucción de la humanidad y de la civilización es una cuestión más ética que política. Pero La Memoria no puede ser hegemónica ni monolítica. Su gestión por el poder ha de hacerse desde el consenso y desde el marco jurídico que reconoce el derecho internacional, no desde el tribalismo justiciero. La amnesia es el bálsamo de la culpa pero no es terapia para el dolor ni puede alentar el negacionismo. Los historiadores tienen la obligación moral e intelectual de impedirlo.

Una forma fenicia de ser romano

Presentación del libro:

Una forma fenicia de ser romano: identidad e integración de las comunidades fenicias de la Península Ibérica bajo poder de Roma

Autor: Francisco Machuca Prieto

Lugar: Rectorado de la Universidad de Málaga (Paseo del Parque)

Fecha: Viernes 8 de noviemre de 2019

Hora: 19:30 hora

Créditos, Índice, Prólogo e Introducción [PDF]

La Aurora de rojos dedos

Acaba de publicarse el siguiente libro colectivo:

ACOSTA RAMÍREZ, Francisco (coord.): La Aurora de rojos dedos. El Trienio Bolchevique desde el Sur de España. Granada: Comares, 2019.

Con ocasión de los cien años del llamado Trienio Bolchevique (1918-1920) que inspirara a Juan Díaz del Moral su célebre Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, un grupo de historiadores, científicos sociales y filósofos, se reunieron en Fernán Núñez (Córdoba), en noviembre de 2018. Lo hicieron para pensar una vez más dicho ciclo de protesta social. El resultado del encuentro queda reflejado en el presente volumen. Encontrareis en él colaboraciones de:

Francisco Acosta Ramírez; Juan Andrade; Antonio Barragán Moriana; Salvador Cruz Artacho; Ángel Duarte Montserrat; Cristina Flesher Fominaya; Alicia García Ruiz.; Magdalena Garrido Caballero; Ángeles Lario; Andreu Mayayo i Artal; Florencia Peyrou Tubert; Lucía Prieto Borrego; Juan Pro Ruiz; Ricardo Robledo Hernández; Ángel Valencia Sáiz; y Masaya Watanabe

Sumario, Introducción y Autores del libro [PDF]

Elecciones municipales, una ciudad bicolor: Marbella azul

Fuente: El mapa del voto en las municipales, calle a calle, El País [https://elpais.com/politica/2019/05/29/actualidad/1559081659_074745.html].

Como ya expusimos en «Elecciones municipales, una ciudad bicolor: los barrios rojos», el mapa electoral de Marbella pinta un azul infinito apenas manchado por unas gotas de color rojo en el distrito 1. Es el casco urbano de la ciudad, limitado entre Arroyo Primero y el de Guadalpín. En La zona más septentrional que casi alcanza las faldas de la sierra –secciones 40, 41 y 42—, el PP alcanza el 46% de los votos y el PSOE no supera el 35%. Se trata de un espacio en el que predominan urbanizaciones de renta media muy distintas al hábitat residencial de las secciones contiguas. Pero aquí en algunos puntos aparecen densidades similares a las de los barrios populares como las que corresponden a Xarblanca y Las Cancelas. En ambas urbanizaciones el voto que no ha ido al PP ni al PSOE se ha inclinado más a Impulsa Ciudad (IC) que a IU con la que comparte el 6% de los votos en las calles aledañas al Trapiche del Prado.

Estas nuevas urbanizaciones presentan problemáticas que parecen importadas de los “barrios rojos”.

La masiva y rápida urbanización del espacio situado al norte de la autopista no fue acompañada de la apertura de nuevos viales o el ensanchamiento de los antiguos. En horas puntas se producen aglomeraciones de vehículos y consecuentemente problemas de circulación. Estas circunstancias se agravan especialmente en el horario escolar. Las vías de acceso al colegio Mario Vargas Llosa se convierten, dada su escasa anchura, en auténticas ratoneras tanto para los residentes como para los conductores. Con todo en estos espacios compartidos entre residencias de renta alta y los nuevos conjuntos de casas adosadas emerge una problemática que afecta a todo el municipio y que no fue mencionada en la campaña electoral: la conversión, en muchos casos por los promotores inmobiliarios o propietarios de residencias unifamiliares en viviendas turísticas. Estas se anuncian falsamente como espacios seráficos de paz y tranquilidad pero los fines de semana en sus jardines se celebran bodas, cumpleaños y todo tipo de eventos en los que se rebasan con creces los límites admisibles de nivel sonoro. En ellas, se incumplen todas las prescripciones de la normativa vigente en relación con la emisión y transmisión de ruidos, tanto en período diurno como nocturno y la única solución es el recurso a la policía municipal, que por cierto siempre acude.

El PP mantiene un altísimo porcentaje de votos –entre el 56% y el 58%— en torno a la Reserva de Valdeolletas, Vigil de Quiñones y al oeste de la avenida del Calvario pero, además, la derecha se reafirma con los votos de Cs que llegan al 8%. El PSOE no supera en la zona el 23% de los votos. Pero en torno a Las Palmeras y Parque de Miraflores los votos del PP bajan al el 37% aunque Cs llega al 9%, empatando con IU. Aquí las mallas de mayor densidad se justifican precisamente por la convivencia de grandes bloques con viviendas residenciales.

El PP mejora sus resultados (51%) en la avenida Ricardo Soriano, calle Huerta Chica, Monte de Piedad y Valentuñana. Es la sección 17 donde IC llega al 11% de los votos.

El PP obtiene los valores más altos del casco urbano a lo largo del Paseo Marítimo. Solo en la sección del Puerto Pesquero, sometido a una intensa gentrificación en la que se integra la parte baja de Las Albarizas, el PSOE supera el 30%, aun así el PP alcanza el 43%. Entre La Bajadilla y Llanos de San Ramón en las dos últimas décadas ha emergido un conjunto residencial construido sobre la arena, sobre la que también ha avanzado el Hotel Amàre. No sabemos hasta qué punto el movimiento a favor de los espigones admite que si no hay playa en este sector no es porque no haya diques sino porque se ha construido sobre ella y se ha privatizado el litoral.

Playa de San Ramón. Distrito 1, Sección 4. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [22-10-2019].

También la antigua Marina, la avenida Miguel Cano y la avenida del Mar son espacios profundamente alterados por una urbanización masiva. Durante el gilismo los chalet que franqueaban las calles al sur de La Alameda desaparecieron para dar paso a los enormes bloques de pisos que transformaron Antonio Belón y las calles cercanas al Francisco Norte. Ello explica la alta densidad reflejada en las mallas que los encierran. Se superan los mil habitantes en el Paseo Marítimo, La Alameda, la avenida del Mar, Miguel Cano, Antonio Belón y la antigua Huerta Grande. En toda la zona los valores del PP se sitúan o superan el 50%.

La similitud entre la urbanización y la densidad de este espacio con los barrios obreros no es extensible a la orientación del voto mayoritariamente conservador. A diferencia de los residentes en los “barrios rojos” los del casco urbano soportan un menor grado de servicios comunitario y las calles se abren a espacios más amplios. La zona al sur de la avenida Ricardo Soriano asentó la antigua actividad minera y pesquera y en su proceso de transformación ha conocido sucesivas privatizaciones de espacios municipales y cesiones de inmuebles a los grupos más cercanos al poder municipal. La recuperación, en 1934 por parte del Ayuntamiento de los terrenos propiedad de la “Iron Ore Company Limited” posibilitó que parte del antiguo corral del mineral quedara en manos privadas. En los márgenes del bellísimo parque de “La Avenida” se construyó un armonioso conjunto de construcciones ajardinadas. La urbanización de la antigua Huerta Grande y los alrededores del Faro dio lugar en los años cincuenta a una zona residencial destinada a grupos medios que, en parte, habían constituido los apoyos sociales del franquismo. En la avenida Miguel Cano se reservó un conjunto de edificaciones de titularidad municipal para uso administrativo y viviendas de maestros, todas desaparecieron durante el gilismo. Su función social se volatizó al convertirse en propiedad particular. Y como eso de convertir en particular lo público se normalizó en Marbella, los que vinieron detrás no solo no preguntaron sino que tomaron el molde como modelo. Uno de los casos más vergonzantes es el del estadio Francisco Norte ¿Qué función social tiene hoy? ¿Dónde ha quedado el proyecto de parque o zona deportiva? Lo que realmente hay es un aparcamiento privado carísimo que fue vendido a un famoso personaje, de paso la calle que le daba acceso quedó sin sombra y desarbolada. Cuando ocurrió ya gobernaba el PP. No nos atrevemos a afirmar que el vecindario originario de este barrio residencial, que en parte lo fue por sus vinculaciones profesionales y políticas a las instituciones del franquismo, sea, dado el aumento de población, responsable del mayoritario voto conservador. Pero sí parece que la rauda urbanización de esta zona no ha perjudicado a los primitivos residentes, en tanto que sobre el espacio que ocupaban chalets unifamiliares se ha multiplicado el número de viviendas, mientras que las de carácter social han pasado a ser particulares.

La sección 1 es el casco histórico, limitado por el antiguo cauce del río, al este, y la calle del Peral, al oeste. Su límite septentrional coincide con la línea de la muralla medieval. El escaso número de votantes es indicativo de una función comercial más que residencial. Aquí el PSOE no alcanza el 24% de los votos frente al PP que llega al 55%; la tercera fuerza más votada es IC y de forma totalmente insólita la cuarta es PODEMOS. La inclinación conservadora de la zona urbana más antigua de la ciudad no es nueva. Con más del 25% de población extranjera residente, es el espacio con mayor número de bares y restaurantes en relación a su superficie. De hecho las actividades del sector terciario son las principales en torno al que debería ser el espacio comunitario de la ciudad. Pero plaza del Ayuntamiento está absolutamente sustraída al uso público, tanto como las calles aledañas lo están a la circulación. Resulta una gran contradicción que en un centro histórico peatonal, durante unos meses, no se pueda caminar. Y esto es literal: en la calle Virgen de los Dolores apenas queda un metro para el peatón, imposible el paso de personas con problemas de movilidad, sillas de ruedas o las que se auxilian con bastones y los grupos tienen que pasar en fila india. No es la única calle ocupada por mesas y sillas. En cualquier mapa de la ciudad aparece una plaza rectangular llamada General Chinchilla pero nadie la encontrara. Simplemente ha desaparecido bajo los manteles de un restaurante ¿Puede un espacio público convertirse en privado de facto? ¿No existe una normativa de ocupación de la vía pública? Los intentos realizados, cuando ha gobernado la izquierda no han prosperado. Los hosteleros legitiman la ocupación en base a motivos económicos e incluso a la defensa de los puestos de trabajo que por lo visto peligran si la gente puede caminar por su ciudad. La recuperación de la plaza y la de su histórico pavimento por parte de IU y el PSOE –obviamos a OSP porque si no le importa la estética de su pueblo no le va a importar la del nuestro— fue una de las actuaciones más cuestionadas por los establecimientos periféricos, pero logró imponerse. Fue una victoria pírrica. Parte de la actividad económica del casco antiguo se desarrolla en negocios o propiedades de familias autóctonas vinculadas al poder local desde el siglo XIX. Es lógico y comprensible que los grupos que han visto repetirse generación tras generación –mande quien mande— sus apellidos en la institución municipal consideren al Ayuntamiento su casa y la plaza su patio. Ahí está el resultado: tras la moción de censura y la expulsión de IU y del PSOE, la plaza volvió a ser ocupada. Las calles aledañas a la iglesia de la Encarnación son tan intransitables que solo desde la fe se explica que tantas personas mayores lleguen a misa. En el casco antiguo las redes clientelares de la derecha, serán más o menos densas, pero son atávicas y en sus negocios no se moverá una silla. Con todo en la zona el caso más sangrante es el de La Pesquera, representación del latrocinio y de la barbarie de la era GIL y de la incapacidad de sus sucesores de devolver al restaurante su uso social o revertirlo a sus legítimos propietarios.

Plaza de los Naranjos. Distrito 1, Sección 1. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [22-10-2019].

En el casco urbano los resultados más contundentes de la derecha –PP (54%) y Cs (9%)— se dan en la nueva ciudad gilista, representación del lujo y de la opulencia, surgida como por encanto al oeste de Molino de Viento. Viviendas de alto nivel, anchas avenidas y un exceso de mármol que da a la Plaza del Mar apariencia de mausoleo. Aquí el PSOE solo obtiene el 23%. Los valores de la derecha bajan en torno al Parque de la Constitución, un espacio público recuperado en época socialista, milagrosamente salvado de la codicia gilista. Pero también aquí entre PP y Cs se alcanza el 55%. Estos votos proceden de barrios residenciales en los que el apoyo a la derecha se ha visibilizado en la oposición vecinal –con tintes claramente políticos— al carril bici, un proyecto impulsado por IU. El argumento no deja de ser peregrino: los responsables de la falta de aparcamientos son los defensores de la circulación en bicicleta, no quienes han vendido el subsuelo de la plaza del Mar y han robado el del Francisco Norte.

En el estudio ya citado de Natera Rivas –Heterogeneidad social y diferenciación residencial en Marbella– se señala que en 1991 los distritos 3 y 4 eran los de más alto estatus social. En la actualidad la zona más oriental del municipio mantiene esa característica. Es un espacio en el que según el mapa del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía existe una mayoría de celdas en las que el número de habitantes está por debajo de 50. Sin embargo, aquí también se han desarrollado procesos intensos de urbanización –en Bello Horizonte se superan los 500 habitantes—. Otras mallas que sostienen entre 251 y 500 corresponden a Las Chapas, Costabella, Bahía de Marbella y Cristo de los Molinos. En cuatro de las siete secciones del distrito 4 el PP supera el 50% de los votos. Es una sección ocupada por campos de golf y por las urbanizaciones de Río Real, Reserva de los Monteros y Los Monteros. Aquí el predominio de la derecha es absoluto: 57% PP, 9% Cs y 7% VOX. En la sección 3 el PP obtiene el mismo resultado que en el anterior pero IU recupera los valores de los barrios obreros, quizá debido al núcleo de Las Chapas. En el límite con Mijas el PP mantiene sus valores y Cs alcanza el 11%. En seis secciones de este distrito, la tercera fuerza más votada es el partido de Rivera y en tres secciones (1, 2 y 6) VOX es la cuarta.

Parece clara la inclinación de las zonas residenciales –algunas de lujo— por el voto conservador hegemonizado por la candidatura de Ángeles Muñoz que permite a su vez el mejor resultado de Cs y visibilizar a VOX. Por el contrario en el espació situado al este de Arroyo Segundo, el PSOE consigue alcanzar el 32% en las zonas intensamente edificadas de Los Molinos y Bello Horizonte y obtiene el 28% en la sección 7 en la que igualmente se localizan urbanizaciones de adosadas. Aunque IC en la zona de Bello Horizonte llega al 7%, su peor resultado lo obtiene precisamente en Las Chapas, el núcleo urbano que gobernó Miguel Díaz.

El distrito 3 cuyo límite oriental es Guadalpín y el occidental Puerto Banús es, salvo la mancha rosada de La Campana, intensamente azul. De este a oeste, el espacio se vertebra por el Paseo Marítimo que alcanza Puerto Banús, por la Milla de Oro y más al norte por la autopista. Aquí si sitúan algunas de las urbanizaciones consideradas más lujosas de España y los hoteles y espacios lúdicos de más alto nivel. El azul no tiene matiz alguno: el Partido Popular arrasa con un 62%, Cs obtiene el 9% y el PSOE llega al 14%. Igualmente la lista de Muñoz supera el 60% en la zona de Nueva Andalucía, donde Cs alcanza el 8%. Este porcentaje baja en la Sección de Puerto Banús: (56% PP) a favor de Cs (13%) que obtiene aquí uno o su mejor resultado y de VOX ( 9%) que queda muy cerca del 11% obtenido por el PSOE. Con los votos ultras de VOX, la derecha alcanza el 78%.

En San Pedro la derecha gana en casi todas las secciones. En las limítrofes con Estepona y en Guadalmina, PP obtiene más del 40% de los votos que sumados a los de Cs y VOX determinan una absoluta hegemonía de la derecha. Allí el PSOE no alcanza el 20% ni OSP tampoco. El principal socio de la derecha en el ayuntamiento de Marbella, durante la anterior legislatura, no alcanza el 40% en ninguna sección, mientras que el PSOE solo supera el 30% en las secciones 10 y 6, dos pequeñas zonas urbanas. Parece incuestionable que en las zonas de más alto nivel social, el voto “nacionalista” no ha ido a la “patria chica” sino a la grande, Y como el partido de la patria chica ha entregado el ayuntamiento a la derecha nacionalista, sus votos han ido al PSOE, sin que el voto socialista haya podido evitar dar la mayoría absoluta al Partido Popular y permitir la entrada de Cs en el gobierno municipal. Al este de Rio Verde la reivindicación histórica de la segregación se ha situado en el espacio del irredentismo. La visión política de lo que se supone debería ser la oposición en San Pedro y de una ciudadanía hostil a Marbella debe objetivizar el agravio y mirar hacia Guadalmina, a la frontera con Benahavís y a su litoral azul que va a ser urbanizado. Los actuales responsables políticos de San Pedro han salido de los votos obtenidos por el PP en el distrito 2 y no trabajaran por la autonomía municipal sino el partido que los ha elegido o el que les paga.

Parece evidente que en las zonas residenciales del municipio los apoyos al PP son tanto más amplios cuanto más alto es el nivel de renta y cuando estos apoyos se moderan es porque se han desplazado a Cs. En Río Real y Los Monteros; en las urbanizaciones de la costa oriental; en las exclusivas mansiones construidas entre los pinos de Nagüeles; en la Milla de Oro, en Puerto Banús y en Guadalmina el bipartidismo desaparece. En estos espacios el voto de Cs –que en la Marbella roja apenas supera el 6%— está representado por encima de este porcentaje. La visibilidad del VOX (11%) en Puerto Banús es indicativa de la procedencia del voto ultraderechista.

A excepción del casco antiguo los problemas que determinan la calidad de vida de la gente: el aparcamiento, la circulación, el ruido, la hiperocupación de la vía pública, la falta de espacios comunitarios no deben afectar a los barrios residenciales que tan contundentemente han apoyado a la derecha. En el ya citado estudio de 1991, Juan José Natera señalaba a los distritos 3 y 4 como los de estatus social más alto. No parece que la masiva urbanización que estas áreas y las litorales del distrito 1 han experimentado en las dos últimas décadas haya alterado su nivel de vida. De lo que cabe deducir que los promotores inmobiliarios, los compradores de viviendas e inmuebles de alto nivel, los empresarios que han construido en suelo no urbanizable y las que han comprado u usufructuado bienes municipales han confiado durante veinticinco años el gobierno de la ciudad, primero al GIL y después al PP. Estos gobiernos lejos de controlar el urbanismo salvaje han garantizado para su beneficio la libre disposición del patrimonio público. Su desaparición no afecta solo a la pérdida de suelo rustico, a la depredación del forestal o a la ocupación del urbano, también a bienes de apariencia inmaterial. La dotación de servicios sufre un doble deterioro: la externalización que financia con dinero público empresas privadas y la desnaturalización de una administración que en las últimas décadas no se ha nutrido de la oferta pública de empleo sino de las clientelas políticas, que además no admiten que tengan que dar cuentas a nadie –si es que alguien se las pide- de su rendimiento laboral—. Y el mal uso del tiempo público es también un robo a la comunidad, tanto como lo es sustituir la creación de empleo mediante oposiciones libres e independientes por planes que se toman o se dejan según los intereses políticos.

El poder local instalado en Marbella durante más de un cuarto de siglo está más que legitimado por los votos obtenidos. La procedencia sociológica de ese voto, su peso en unos espacios con una considerable presencia de extranjeros -ricos-: árabes musulmanes, eslavos ortodoxos, anglosajones y germanos protestantes… invita a resignificar el voto a partidos que apoyan su propaganda en el discurso nacionalista. Un discurso que ha utilizado la derecha atávica del PP; la europeizada, laica y moderna que quiere ser Cs y la ultra que es parecida a la primera.

La única seña de identidad de esta ciudad ha sido su cosmopolitismo. Era secular cuando España llevaba velo y había un cura que solo se tomaban en serio los poderosos…; en esta ciudad las parejas gais no se escondían, la Semana Santa duraba solo dos días, no había romeros ni romerías; en la plaza de toros había más conciertos que corridas, en los balcones no había banderas sino toallas y bikinis … y en los barrios rojos más gente de fuera que de dentro … Pero ningún poder puede perpetuarse solo en base a la satisfacción de los intereses económicos de sus apoyos, por el contrario necesita ser aceptado también por grupos que aunque nunca vean cumplidas sus expectativas aceptan y apoyan la cultura política de la derecha, cada vez más establecida mediante estrategias ideológicas. El PP como el GIL ha buscado el consenso en los barrios populares. Es en los balcones de los “barrios rojos” donde ondean banderas, no en las exclusivas mansiones de la zona azul; es la religiosidad popular –abusivamente exhibida— en la televisión municipal la que muestra la renovada versión del nacionalcatolicismo; es en el espacio ceremonial del casco antiguo donde se proyecta la simbología más rancia de la dictadura: manifestaciones militaristas y patrióticas, exaltaciones de imágenes al más puro dictado trentino… y adhesiones personalistas que persiguen ahuyentar la sombra de la sospecha.

En la “Marbella azul” del “extramuros” no hace falta aparato ideológico alguno: no hay santos patrones que desfilen en los campos de golf que fueron encinas y alcornocales; ni el rosario de la aurora desfila por las urbanizaciones que fueron dunas de arena; no hay procesiones en Puerto Banús ni en Cabo Pino… A Guadalmina y a los pinares y alcornocales de Elviria no llegará nunca el estruendo de la traca rociera, el himno de la legión, ni el olor a incienso. No hace falta porque en esos lares, la Patria y Dios son el dinero.

Elecciones municipales, una ciudad bicolor: los barrios rojos

Una ciudad bicolor

Fuente: El mapa del voto en las municipales, calle a calle, El País, https://elpais.com/politica/2019/05/29/actualidad/1559081659_074745.html [17-08-2019].

El geógrafo Natera Rivas publicó en 2002, bajo el título Heterogeneidad social y diferenciación residencial en Marbella un sólido estudio en el que establece que el estatus social y familiar tiene una dimensión espacial que determina la división del término municipal desde el punto de vista social. En el casco urbano de Marbella, las zonas que por su estatus quedan por debajo de la media, establecida en función del conjunto de variables tomadas por el autor, correspondían a la denominada Colonia de la Esperanza –Plaza de Toros— y a la Divina Pastora; a los espacios colindantes con ambas barriadas y al Barrio Alto, donde Aduar y Leganitos se acercan a las zonas de estatus más inferior. Los barrios que más se acercan al límite que marcan la media son el casco antiguo y el de Miraflores.

Resulta evidente que las conclusiones de un estudio del año 2002 no pueden ser asumidas sin tener en cuenta la profunda transformación urbanística y el consiguiente poblamiento pero las tesis de Natera siguen siendo válidas para gran parte del término municipal. Por otra parte, la información del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía permite visualizar espacios muy diferentes atendiendo al grado de urbanización que reflejan mallas clasificadas según el número de habitantes y que pintan un mapa entre el rojo intenso –celdas con más de mil— y el amarillo pálido – menos de cincuenta—. Parte de las zonas más densamente pobladas coinciden con los espacios que en el estudio de Natera se identifican con los más desfavorecidos socialmente.

Avenida del Trapiche (Pilar-Miraflores). Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

No sabemos hasta qué punto se puede establecer una relación entre la orientación del voto y el nivel de vida. Y de cualquier forma en los sectores de menos nivel social no puede decirse que no se haya votado a la derecha, sino simplemente que se ha votado más a la izquierda. Sin embargo, la principal característica de los espacios en los que el PSOE ha obtenido más votos es su deterioro y ese voto quizá se deba a la impotencia de ver como en veintiséis años de predominio de partidos populistas y conservadores las condiciones ambientales han empeorado. Los barrios más rojos son los que están sobre mallas más densas y los que sostienen en sus espacios una mayor concentración de servicios comunitarios: dos colegios públicos quedan dentro del perímetro de Miraflores que integra nada menos que el edificio de los juzgados, además de la Oficina de Empleo, y hasta ápoca muy reciente, el Centro Permanente de Educación de Adultos. Durante el gilismo mientras se consumaba la privatización y urbanización del cauce bajo del río Huelo, en su tramo posterior se ubicó el mercado. El barrio quedó saturado en su oferta de servicios públicos y por tanto colapsado porque a medida que se urbanizaba la antigua finca del Mayorazgo, los vecinos se percataron de que también eran propietarios de lo que se creía eran espacios comunes y cerraron las pocas plazas que quedaban entre el bosque de cemento. Los parcos espacios destinados a aparcamientos que existían se redujeron y los problemas de circulación se agudizaron. Después, en el espacio comunitario del mercado se instaló un gimnasio e ingenuamente se creyó que puesto que era una concesión municipal se respetaría la propiedad pública del aparcamiento, por el contrario su coste –tres euros la hora— es muy superior a los parkings “municipalizados” del centro. Antes al barrio le cupo el orgullo de ser también depositario de los “sofisticados” y “modernos” equipamientos culturales como el bunker donde se dan las clases de la antigua Universidad Popular, el más costoso y sin embargo incontrolado programa cultural del municipio; la “magnífica” y “acogedora” biblioteca municipal que comparte los mismos aseos con las aulas de “Arte y Cultura”  y el “soleado” y “ventilado” bajo donde se ubica el Centro de Participación Activa para Personas Mayores. El barrio presenta un conjunto de incongruencias que lo convierten en el versus de las ciudades habitables. Primeramente, está dividido de norte a sur por el eje de la avenida del Trapiche, la vía principal que comunica el casco urbano con la autovía y con la estación de autobuses. Cualquiera que entre o salga de Marbella desde o hacia el norte tiene que cruzar el barrio de Miraflores, de forma que cientos de personas y vehículos a diario suben y bajan por una vía que tiene hoy menos anchura que cuando la transitaban los maquis; franqueada por aceras tan estrechas que sólo cabe un peatón y en algunos tramos, en modo alguno, pueden pasar personas con problemas de movilidad. En segundo lugar, el barrio está situado entre dos de las arterias verdes más amplias de la ciudad pero en sus calles las escasas zonas ajardinadas no tienen uso comunitario y por tanto carecen de asientos. Los bancos que no deben superar la treintena a falta de plazas están diseminados de forma anárquica. Los espacios que se abren entre los bloques están convertidas en zonas de aparcamientos, tan disputadas que los vecinos se ponen de acuerdo para poner los coches en doble fila o triple, según la zona. Es cierto que existe una pequeña plaza en el tramo intermedio de la avenida del Trapiche –en realidad un ensanchamiento de la acera— también amenazada por una terraza invasiva que ya ocupa un tercio del espacio, pero afortunadamente allí hay ¡seis bancos! que se disputan cordialmente nuestros mayores. Los que allí no encuentran sitio –hay que tener en cuenta el espacio que ocupa los andadores y las sillas de ruedas— se sientan unos metros más abajo sobre un pequeño murete, llaman irónicamente “el parlamento” y que acoge a los vecinos de las calles más cercanas, con más años y más achaques, por desgracia pronto dejan el sitio libre… Ese muro, durante mucho tiempo próximo a contenedores de basura, nos golpea de ausencias pero sobre todo avergüenza e indigna porque junto a él han pasado todos los candidatos que han pedido el voto en Miraflores. Este barrio sin espacios verdes, sin aparcamientos y con graves problemas de circulación presenta una tercera contradicción: en su ángulo suroriental, el acceso a las calles Santo Domingo y Huerta de los Guerras está cerrado al tráfico y solo pueden acceder los residentes, de forma que en el tramo alto de esta última calle solo los residentes pueden aparcar porque se ha impedido la circunvalación de una manzana colocando macetones a modo de barricada. El barrio ha conocido una pérdida progresiva de espacios comunes bien de iure, bien de facto que ha beneficiado a unos vecinos tanto como ha perjudicado a otros.

Leganitos. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

No solo en Miraflores se dificulta la movilidad de las personas y la circulación, un poco más al sur, sobre el antiguo llano de Leganitos se asienta un colegio, el cuartel de la Guardia Civil y el ambulatorio, este, totalmente emparedado entre dos bloques. La dificultad de aparcar cerca de la entrada obliga a personas enfermas, con problemas de movilidad o lesionadas a caminar. Entre el albergue África y la carretera de Circunvalación, sobre el conjunto de calles que se abren a la izquierda del camino del Trapiche se tienden dos mallas que superan los dos mil habitantes, mientras que las que cubren los bloques situados a la derecha de la misma calle superan, en torno a la Plaza Ramón Ibáñez –no es una plaza sino un aparcamiento— los mil quinientos.

En las tres secciones de este espacio, el PSOE supera el 40% de los votos pero no alcanza el 50%. En la malla más densa, entre las calles Reino de Aragón y Los Almendros, ese partido llega al 49%. Los valores del PSOE –entre 40% y 50%m— se mantienen al otro lado del Parque de la Represa, entre el Puente de Málaga y el norte de la Divina Pastora, y entre calle Peñuelas y la carretera de Ojén –calle Serenata—. Pero se va incrementando a medida que los barrios situados a la izquierda de este eje y el parque de la Represa se extienden en dirección norte: el PSOE supera el 50% de los votos en la sección 7, donde en la malla tendida entre calle Valencia y la calle Juan Breva caben 2.324 personas. El color rojo se prolonga más intenso en la sección 34, en torno a la plaza Paco Cantos. Aquí el PSOE obtiene el 56% e IU el 7%, sin duda uno de sus mejores resultados, lo que significa que el voto rojo se sitúa en el 63%. Aunque en la sección 11 –Santa Marta y el tramo alto de la calle San Antonio—, el PSOE baja al 51%.

Divina Pastora y Santa Marta. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

El Parque de la Represa separa un espacio, que a sus márgenes presenta similitud entre sus condiciones de habitabilidad –mallas entre mil quinientos y dos mil habitantes— y la orientación de un voto favorable en más del 50% al PSOE. El espacio urbano que engloba las sucesivas fases de la barriada Divina Pastora, Arcos de San Enrique y Santa Marta contiene además de los colegios García Lorca y Vicente Aleixandre, otros servicios comunitarios: el segundo mercado de la ciudad y una de las tres parroquias del casco urbano, pero ni la disponibilidad de aparcamientos, ni la circulación es más favorable que en el barrio de Miraflores. Por el contrario, a vista de satélite, la densificación es mayor y a su margen oriental no existen zonas ajardinadas sino la colapsada calle Serenata que separa la zona de una Nueva Divina Pastora donde ya cambia la orientación del voto.

La ciudad roja se prolonga hacia el norte, al este de la carretera de Ojén. Entre esta vía y Las Albarizas el color es muy intenso en la sección 10, entre la Plaza de Toros y el cementerio de San Bernabé que incluye también, los bloques de La Patera cercanos a la carretera, aquí el PSOE obtiene el mismo porcentaje que en la zona septentrional de Divina Pastora (56%), mientras que Cs e IU comparten un 4%. Este porcentaje se amortigua en la sección 25, en torno a la Plaza de Toros, donde el PSOE obtiene el 51% que con el 6% obtenido por IU determinarían una considerable mayoría de la izquierda –en una sección donde UCIN obtiene como IU, el 4%—. La candidatura de José Bernal obtiene el mejor resultado (57%) en la zona oriental de la Plaza de Toros, en el conjunto de bloques que se aproxima a la barriada de Las Albarizas. Esta zona configura un espacio intensamente urbanizado con mallas entre los 1.794 y 1.987 habitantes en el que las únicas zonas abiertas son las Plaza de Toros y el Cementerio de San Bernabé. Y en el que se repite de forma recurrente la tendencia a colocar en los espacios urbanos más densificados los servicios públicos de mayor necesidad para los ciudadanos: las oficinas del Cuerpo Nacional de Policía de expedición de DNI’s y pasaportes y de Extranjería, así como las oficinas de la Seguridad Socia. Afortunadamente hay pocas corridas de toros pero cuando las había y Julián Muñoz repartía entradas a discreción la entrada al barrio se colapsaba. Los muertos son los únicos que transitan sin dificultad hasta el cementerio de San Bernabé. Sus deudos y amigos rara vez pueden acceder en automóvil –parece que está en vía de solución—, quienes llegan allí por primera vez se extrañan de la inexistencia de aparcamientos ante el tanatorio, tan próximo a un colegio público, que las risas y gritos de los niños se elevan sobre el callado llanto por los difuntos.

Plaza de Toros. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

En esta geografía urbana, sitúa el catalogo de Barrios Vulnerables, en base a los informes elaborados por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Marbella en 1991, el espacio señalado por Natera como más desfavorecido socialmente, La Plaza de Toros y Las Albarizas, está ultima también en esa fecha concentraba equipamientos educativos y sanitarios, pero también en ese momento quedan dentro del perímetro que marcan barrios vulnerables: el casco antiguo en el que se incluyen Divina Pastora y Santa Marta. Los informes reconocen que el centro urbano presenta diferencias de nivel entre la zona histórica y su límite oriental, que es a su vez la zona más degradada y que el problema fundamental de este espacio es el aparcamiento y la circulación. Diez años más tarde, y según la misma fuente de información, las zonas citadas –específicamente Peñuelas, Albarizas y Divina Pastora— siguen formando parte del catálogo de barrios vulnerables porque ha sido “segregada de las principales actuaciones de transformación de la ciudad, quedando áreas muy marginales como la barriada de Las Albarizas, localizada al este de la ciudad”. Una década de gilismo había transformado profundamente la ciudad pero no había actuado en los barrios más pobres sino para seguir construyendo. Estas zonas mantienen el máximo nivel de vulnerabilidad en el catálogo del Ministerio de Fomento de 2011.

El rojo intenso de las barriadas que quedan al norte del cementerio se diluye en los bloques que siguen el eje de la avenida López Domínguez hasta su confluencia con la Carretera General. En estas secciones el PSOE no alcanza el 50% pero supera por poco margen al PP. En la zona en torno al estadio, solo los votos de IU (7%) permiten un margen más ancho a favor de la izquierda. Ciertamente esta zona urbana más rosada que roja presenta mejores condiciones que las de los barrios anteriores: la vía que la atraviesa, avenida José López Domínguez, es más ancha que la del Trapiche y el tránsito de personas de reducida movilidad es más fácil. A diferencia de Divina Pastora, Miraflores y Plaza de Toros, los espacios deportivos y la existencia de plazas abiertas y zonas infantiles de juegos desahogan un espacio igualmente muy densificado, sobre el que se tienden mallas entre mil quinientos y dos mil habitantes. En la zona el estadio municipal contiene un conjunto de equipamientos que cedidos a establecimientos de ocio, a asociaciones recreativas o culturales que junto al disfrute de los locales “okupan” también el espacio exterior como aparcamientos de los que carece el principal equipamiento cultural de la ciudad.

Calle San Javier (San Pedro Alcántara). Distrito 2, Sección 10. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [17-08-2019].

El conjunto de barrios referidos es una pequeña isla de color rojo situada en el centro de un mar infinitamente azul, solo al este de Río Verde unas gotas rosadas han caído como por casualidad sobre la sección 3 del distrito 3 y sobre las secciones 10 y 6 del distrito 2. La primera corresponde a una pequeña zona situada entre San Pedro Alcántara y Nueva Andalucía, donde el PSOE con el 39% de los votos se sitúa con muy pequeño margen por encima del PP pero donde Podemos obtiene uno de sus mayores porcentajes (7%). Este espacio es coincidente con una malla que sobre La Campana determina valores superiores a los mil habitantes. La segunda mancha rosada ha caído en el distrito 2 en las secciones 6 y 10, donde el PSOE queda por encima del PP y del partido localista OSP que gana en las seis secciones del centro de la población sin alcanzar en ninguna el 35% de los votos. En el estudio de Natera, San Pedro presenta en siete de sus secciones un estatus social por debajo de la media, la zona de más bajo nivel era el extremo más septentrional del casco urbano, que es donde en la actualidad se ha concentrado el voto rojo (36% y 37%) y donde en torno a la plaza José Agüera se tiende una malla que supera los dos mil habitantes, si bien en los barrios cercanos a la avenida del Marqués del Duero se superan los mil quinientos y los mil novecientos en la plaza de Juan Macías. Estas zonas han entrado en de los perfiles trazados para los barrios vulnerables entre 1991 y 2006, de hecho en el catálogo de este último año es la única zona del término municipal que mantiene esa catalogación.

Aunque en modo alguno se pueden establecer tesis concluyentes parecen aceptables o, al menos, considerables algunas evidencias:

El espacio electoral de color rojo se concentra en una superficie mínima del extenso término municipal de absoluto predominio azul; esta pequeña isla roja presenta una densidad alta, un fuerte grado de urbanización; y en sus zonas más degradadas, altos valores –paro, nivel de estudios y condiciones de la vivienda— que durante tres décadas las han situado en el catálogo de barrios vulnerables. Sin embargo en este pequeño espacio se concentran la mayoría de los servicios comunitarios del término municipal: educativos, culturales, sanitarios, judiciales, cuerpos de seguridad y lúdico-recreativos que se han ido instalando sin previsión de equipamientos, de forma que todos los habitantes del término municipal utilizan unos servicios cuyos inconvenientes solo afectan a los ciudadanos de los barrios más desfavorecidos.

Desde el punto de vista electoral, el color rojo señala zonas de preferencia socialista pero con valores muy cercanos al PP. De cualquier forma, si se exceptúa San Pedro, en ninguna de las secciones las restantes opciones alcanza el 10% de los votos, lo que supone un clara bipolaridad del voto, que no nos exime de ocuparnos mínimamente del “voto residual”. Izquierda Unida alcanza los valores más cercanos al 10% en los mismos espacios que gana el PSOE, si bien su porcentaje más alto (8%) –en este caso de alto valor simbólico— lo obtiene en el barrio que rodea al estadio, una de las pocas secciones en la que el PP y el PSOE empatan. Entre Santa Marta y norte de la Divina Pastora, IU alcanza el (7%) y en las secciones más rojas de Plaza de Toros y Miraflores al 6%. De ello podría deducirse que los votos de Miguel Díaz proceden del espacio natural de la izquierda sociológica y que el descenso de sus votos se debe más al voto útil al PSOE que al desvío de sus votantes hacia otras formaciones puesto que en la mayoría de la zona roja, Impulsa Ciudad no alcanza a IU, si se exceptúa el barrio de Santa Marta, donde queda por debajo de esta formación y de VOX que obtiene aquí el mejor resultado de los barrios rojos.

La ciudad roja, lo es de forma muy relativa, primero porque la atraviesa una afilada flecha azul, correspondiente a la zona norte del estadio, y en la zona que tras La Patera se extiende al norte de la avenida Arias de Velasco. En segundo lugar porque en las secciones rojas el PP roza el 30%, lo que unido a los votos obtenidos por Cs –en torno al 4%— y a los de VOX –si bien estos están, a excepción de Santa Marta (7%) en torno al 2%m— limitan la victoria socialista y revelan los sólidos apoyos que el PP conserva en los barrios populares. Apoyos hábilmente trabajados primero a través de un asociacionismo vecinal domeñado durante el gilismo y que en algunos barrios visibiliza, sobre todo, en sus fiestas “patronales” –a las que se ha dotado de un fuerte componente religioso— una absoluta identificación con los valores y símbolos de la derecha. Y después por el recurso, según el modelo gilista, de colocar al frente de los distritos a su personal de confianza “cercano a los vecinos”, de forma que la gestión de la problemática ciudadana no se percibe como un derecho que debe ser resuelto a través de los servicios municipales por el trabajo de los funcionarios sino como un favor que hace el partido a través de sus militantes. Y por último es innegable que el partido en el poder pese a la solidez de sus clientelas, muy bien cohesionadas también en los centros de mayores, las mismas de la época GIL, se ha batido cuerpo a cuerpo en estos barrios amenazados de rojerío. Esto último fue evidente, primero durante la campaña cuando –damos fe— en muchas casas se recibieron invitaciones “de parte de Ángeles” para asistir a la paella que el partido ofrecía en el Parque Miraflores o cuando en plena jornada de reflexión, se preguntó, también vía telefónica, si nos habíamos enterado de que las mejoras efectuadas en el barrio. Y después, el 28 de mayo cuando vimos en los colegios electorales, familias completas con los emblemas azules que sin el preceptivo distintivo de interventores, estaban “echando el domingo” junto a las mesas electorales. La derecha se lo gana… En la época de GIL porque la oposición socialista resultó igualmente corrupta y después porque los que vinieron sin ser corruptos ni delincuentes siguieron utilizando en su beneficio a las clientelas que habían constituido una administración municipal paralela y que el PP ha terminado por institucionalizar asegurándose su lealtad política. La sucesiva incorporación de adeptos y la conversión del personal de confianza, sin cualificación específica, en personal laboral fijo, determina, al menos en algunos servicios, un voto agradecido que se multiplica a nivel familiar. Pero estos factores endógenos no explican por sí solos el innegable apoyo electoral a la candidatura de Ángeles Muñoz. En el triunfo de la derecha ha sido determinante que el PP gobierne en la Junta de Andalucía. Durante tres legislaturas la alcaldesa o sus portavoces han achacado las carencias y deficiencias de los servicios sanitarios, culturales y educativos a la deslealtad socialista, llegando, si era necesario, a manipular la realidad para justificar el incumplimiento de proyectos prometidos como la construcción del geriátrico en el Trapiche del Prado. Este discurso ha permitido la interiorización de que el desbloqueo del hospital comarcal, la falta de suelo para equipamientos escolares o la mejora de los ambulatorios dependen de los “amigos políticos”. Por último, no ha sido menos determinante el control de la institución municipal, obtenido gracias a la felonía de OSP que vendió las legitimas aspiraciones de los independentistas a la derecha nacionalista y antimunicipalista que hoy controla esa población.

Los apoyos que el PP tiene en los barrios no pueden desvincularse de la desconfianza que genera una oposición que no ha sido lo suficientemente contundente. La izquierda debería haber denunciado, en base a la confluencia con el sindicalismo de clase, la política de recursos humanos y no engancharse al oportunismo de la absorción acrítica de los organismos municipales autónomos; jamás tendría que haber imitado la política de promoción de personal de confianza, sin méritos para las funciones asignadas; tendría que haber exigido transparencia en las cesiones a empresas concesionarias y la elaboración de inventarios de bienes municipales que permitan identificar la “okupación” de bienes públicos sin finalidad comunitaria… La izquierda tiene que comprometerse en la recuperación del tejido asociativo; implicarse en las acciones de la sociedad civil y volver a trabajar en los barrios por la recuperación de servicios y espacios comunes. La oposición tiene que ser vigilante y denunciar la perversidad de las prácticas que empozoñan la democracia municipal, sus votantes merecen que trabajen por recuperar el espacio que han perdido… Pero de momento solo se evidencia desaliento.