Rafael Salinas y los primeros socialistas malagueños

Comunicamos a todas las personas interesadas que acaba de aparecer un nuevo libro de la colección STUDIA MALACITANA del Sello Uma Editorial con el título:

Rafael Salinas y los primeros socialistas malagueños

Autor: Manuel Morales Muñoz

Resumen:

La vuelta como género de la historia política ha rehabilitado el papel del individuo como sujeto histórico, lo que ha permitido que haya adquirido nuevo interés un género como la biografía, al presuponerse que la historia singular delimita mejor la colectiva. Pero existe otra manera de entender la biografía, que es aquella que pretende tener un mejor y más amplio conocimiento de la realidad social, a partir del estudio de biografías colectivas y del análisis prosopográfico. Un tipo de análisis que en Francia e Italia se viene utilizando con provecho para el estudio del movimiento obrero, y del que el autor se ha servido para conocer los orígenes del social-ugetismo malagueño, que fue el resultado del esfuerzo y de las luchas de cientos de trabajadores, grandes desconocidos la mayoría de ellos, y necesitados siquiera sea de algunos breves apuntes biográficos.

 

Baetica 39

Les comunico que acaba de ser publicado el número 39 de la revista Baetica, a partir de este momento está a libre disposición de los usuarios en la web de la UMA editorial:

BAETICA. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea

Una vez superado este periodo de confinamiento tendrá lugar la presentación del número impreso, de cuyo acto serán debidamente informados.

A partir de este momento queda abierta la convocatoria para un nuevo número correspondiente al año 2020, del cual les solicito hagan difusión. Los detalles sobre la publicación se pueden consultar en el siguiente enlace:

http://www.revistas.uma.es/index.php/baetica/about

Para comprender el fascismo

VEIGA, Francisco; GONZÁLEZ-VILLA, Carlos; FORTI, Steven; SASSO, Alfredo; PROKOPLJEVIĆ, Jalena; MOLES, Ramón (2019): Patriotas indignado. Sobre la nueva ultraderecha en la Posguerra Fría: neofascismo, posfascismo y nazbol. Madrid: Alianza editorial.

Patriotas indignados es el resultado de un conjunto de aportaciones de varios expertos en Nacionalismo, Seguridad en los Conflictos, Arquitectura del Poder y Prevención de Riesgos, todos analistas de aspectos del Tiempo Presente. La obra estructurada en cuatro partes mantiene como hilo conductor los efectos del nacionalismo radical, en un tiempo nominado como La Posguerra Fría.

Fundamentos teóricos e históricos del nacionalismo. Del Báltico al Cáucaso

El objeto de análisis lo constituye la implosión de la extrema derecha en Europa en las últimas décadas del siglo XX, si bien focalizado en la antigua Unión Soviética, en los estados que estuvieron bajo su influencia y en los Balcanes. Un espacio que ha conocido el desarrollo del nacionalismo en su versión más radical. Como componente sustancial de una renacida ultraderecha, el nacionalismo es analizado desde sus orígenes teóricos e históricos. Si bien el fenómeno histórico del fascismo eclosiona tras la Primera Guerra Mundial, algunos de sus elementos son reconocibles en coyunturas anteriores. En Rusia, el antisemita Partido de las Centurias Negras (1905) fue respuesta al nacionalismo polaco y finlandés. A principios del siglo XX se había ensayado un proyecto corporativo que buscaba la evolución de la autocracia zarista hacia el autoritarismo. El protofascimo ruso aportaría una herencia perdurable: la exitosa operación de propaganda articulada en torno a Los Protocolos de los Sabios de Sión, el panfleto que culpaba a los judíos de una conspiración universal y que fue sostén del nazismo.

El marco teórico de la actual ultraderecha rusa ha sido elaborado por Aleksandr Dugin, ideólogo de Putin. Su pensamiento político deviene, por una parte, de la aproximación a Alain de Benoist, revisionista del fascismo y del nazismo, y, por otra, de la resurrección del euroasianismo. La idea de que el bolchevismo había integrado la diversidad de las culturas rusas permitió la continuidad entre la revolución y el nacionalismo, una interpretación que quedó integrada en la ultraderecha rusa. El euroasianismo ofreció a la ultraderecha europea la posibilidad de crear una entidad superadora de la Unión Europea (UE).

La implosión de la ultraderecha en el mundo comunista no sería exclusivamente resultado del colapso de los años noventa. Los autores denominan criptonacionalismo a las corrientes identitarias que de forma subterránea pervivieron en el mundo comunista. Algo fácilmente explicable en aquellos estados que habían surgido del principio que trazó las fronteras de 1919, el de la nacionalidad. El más potente de los movimientos nacionalistas fue el impulsado en Polonia por el nombramiento del obispo de Cracovia como papa Juan Pablo II (1978). El “nacionalismo milagrero” puso en jaque al Régimen por la confluencia del movimiento sindical pilotado desde los astilleros de Gdansk y la acción de la iglesia polaca como agente movilizador.

En los años ochenta, en Serbia se manifestó la efervescencia de un nacionalismo político y cultural nucleado en torno a intelectuales e historiadores. El victimismo de los serbios, masacrado por ustachas croatas, durante la Segunda Guerra Mundial integró la construcción nacionalista que justificó la reactivación de los paramilitares chetniks. El recurso a la nacionalidad oprimida, atávica en los magiares desde los Habsburgo, fue utilizada por los húngaros de Transilvania frente a Ceaucescu (1988) y por los serbios de Kosovo. El nacionalismo cultural convivió en el seno del régimen comunista, igualmente en Croacia y en Eslovenia. Y fue, en todos los casos, el instrumento utilizado para la “regeneración” de los hegemónicos partidos comunistas nacionales. Sin embargo, la transición hacia el sistema democrático y la economía liberal contó con otro impulso: el apoyo de los EE.UU., posibilitado por la crisis provocada en el espacio soviético por la subida del precio del petróleo tras la revolución iraní (1979); la guerra con Irak (1980-1988) y la invasión de Afganistán (1979). El ejemplo de Polonia, donde George Soros, financió a Solidaridad y el de Hungría son suficientemente conocidos.

La transición hacia sistemas formalmente democráticos necesitó de otro instrumento: la fusión de fuerzas políticas ideológicamente opuestas sustentadas en el común culto a la patria. En Croacia, la Liga Comunista se reconvirtió en el partido nacionalista que condujo la secesión. Durante la guerra con Serbia, los grupos paramilitares ostentaron sin complejos la simbología fascista de los ustachas. En Serbia, Milosevic gobernó con un partido procedente de la Liga Comunista y no tuvo inconveniente en unir la simbología de los chetniks con la del pasado comunista. En Rusia, el fracaso económico de las políticas liberales de Yeltsin determinó la creación de una gran alianza en el Frente de Salvación Nacional que aglutinó a un amplio abanico de formaciones ultraderechistas e izquierdistas.

Nacionalismo y geoestrategia

El efecto más perverso del resurgir del nacionalismo en el mundo comunista fue, sin duda, la guerra librada en los Balcanes en los años noventa. Su arma más destructiva, la denominada “limpieza étnica” manifiesta claramente la naturaleza del conflicto. Su resultado ha orientado el marcado carácter ultranacionalista de la geoestrategia del siglo XXI.

Los Acuerdos de Dayton firmados bajo el auspicio de EE.UU. (1995) terminaron de perfilar el mapa de los Balcanes con la creación de estados nacionales. Milosevic siguió en el poder y el asunto de Kosovo solo se resolvió con la intervención de la OTAN. La subsiguiente creación del protoestado y la instalación de una base americana en el corazón de los Balcanes fue una humillación para Rusia. El intervencionismo occidental se manifestó tanto en las revueltas inducidas que derrocaron a Milosevic (2000) como en las revoluciones de colores en Georgia (2003) y en Ucrania (2004). Una vez en el poder, Putin canalizó el resentimiento de parte de la población rusa hacia el nacionalismo. Bajo la inspiración de Dugin, la nueva política exterior rusa se desarrolla sobre la interactuación de varios ejes: cerco a EE.UU. mediante el desgaste de la OTAN; aproximación de Rusia a Irán; control ruso sobre el Cáucaso y Ucrania y debilitamiento de la UE –aislamiento británico— y fomento de conflictos étnicos y nacionalistas.

Las estrategias utilizadas por Rusia para la contención de las potencias occidentales se han concretado en: el apoyo a una constelación de partidos de ultraderecha destinados a debilitar la UE; la injerencia en la campaña del Brexit; la aproximación en función del suministro energético a Polonia y Hungría –en la actualidad en manos de gobiernos ultraderechistas— y en el mantenimiento de relaciones, tanto con Syriza como con formaciones ultraconservadoras contrarias al matrimonio homosexual. En Italia ha contado con el beneplácito de Silvio Berlusconi y en Francia con el de Marine Le Pen. Pero la más osada de las actuaciones desplegadas por Rusia para debilitar la UE ha sido a partir de 2016 la distribución masiva de Fake news financiados por grupos de extrema derecha.

Estas políticas están apoyadas en una corriente de opinión ultranacionalista organizada en grupos neonazis y en partidos cuya definición programática pasa por difuminar los perfiles entre la izquierda y la derecha. El ejemplo más acabado es el Partido Nacional Bolchevique. Creado por Limonov, conocido en Occidente por la biografía de Emmanuele Carrere, Nazbols, utilizó una simbología entre nazi y comunista. Un peligroso experimento antisistema que no tardaría en exportarse a Europa.

La extrema derecha se incorporó a las instituciones de la UE con la ampliación de 2004. Ese año formaciones ultranacionalistas de Polonia, Letonia, Eslovaquia o Lituania configuraron en el Parlamento Europeo la familia ultranacionalista y euroescéptica. El grupo de Visegrád –Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia— se cohesiona en torno al problema de los refugiados, pero tanto en Hungría como en Polonia, lo que está en juego es la supervivencia del Estado de Derecho. La ofensiva de Viktor Orbán (2010) en contra la independencia del poder judicial ha inspirado en el mismo sentido al gobierno polaco. El partido Ley y Justicia, en el poder desde 2015, ha implementado, de forma paralela, una política de familia de inspiración ultra católica –ley contra el aborto—.

La causa nacionalista sustentó el proceso de democratización del Este impulsado por las potencias occidentales. El referéndum como arma de la democracia directa vehiculó, en los años noventa, la secesión en los Balcanes y en las repúblicas bálticas. Sin embargo, en los estados nacionales resultantes fueron vulnerados los derechos ciudadanos de las minorías, ocurrió en Eslovenia y, sobre todo, en Estonia, donde quedó excluida de la nacionalidad la población rusa.

La consulta de mayor trascendencia en el antiguo espacio soviético ha sido el referéndum celebrado en Crimea (2014) que supuso la integración de la península en la Federación Rusa. Putin, en respuesta a las revueltas de Maidán, recurrió al mismo instrumento de los movimientos secesionistas que acabaron con la URSS y utilizó la consulta a su favor. En Ucrania se repitió el patrón de la actuación de los grupos paramilitares en los Balcanes. En las revueltas proeuropeistas de Maidán intervinieron grupos de neonazis a los que occidente prestó poca atención en función del objetivo democratizador de la protesta. Sin embargo, cuando unos meses más tarde estalló la guerra del Donbass (2014), al este de Ucrania se desplazaron grupos ultranacionalistas ucranianos paramilitares, neonazis financiados por oligarcas ucranianos y ultranacionalistas prorrusos. Las fuerzas insurgentes en el Donetsk procedían del entendimiento de fuerzas políticas opuestas y la inmensa mayoría de voluntarios prorrusos eran ultranacionalistas.

A partir de estos ejemplos, a los que pueden añadirse los acuerdos históricos entre comunismo y fascismo, se deduce que el fascismo no solo confronta a la democracia. En la actualidad el enfrentamiento entre grupos fascistas se ha generalizado, tanto como el argumento basado en la no diferencia entre Derecha e Izquierda. Un argumentario compartido por partidos como Alternativa para Alemania y el Frente Nacional francés cuyos programas incluyen elementos neonazis: xenofobia, racismo, antiglobalización y antieuropeismo. El hecho de que algunos elementos sean compartidos con los movimientos de la izquierda antisistémica convierte a estos grupos en espacios preferentes de la acción exterior rusa.

Por último a la conformación de la ultraderecha en el espacio postcomunistas puede asociarse un conjunto de poderes fácticos. Son grupos no elegidos en procesos democráticos que se mueven en la periferia de los estados y de la ley y cuyos métodos criminales han deteriorado el Estado de Derecho. Un fenómeno asimilable a oligarcas y mafiosos que amasaron grandes fortunas durante el proceso de privatización de los recursos soviéticos: las materias primas y a la energía. No solo fueron rusos, también ucranianos. Y el hecho de algunos compraran equipos de futbol no carece de significado. Los autores señalan la capacidad de los deportes de masas para la manifestación de pulsiones identitarias y la movilización de sentimientos nacionalistas. Algo que, desde luego, no es privativo del espacio postsoviético.

Epílogo

A modo de conclusión se aporta el soporte teórico y conceptual de la obra. El término fascista y menos en referencia al fascismo histórico, más allá del uso coloquial, no es válido para caracterizar a los nuevos partidos neofascistas actuales. La nueva ultraderecha tiende a ser utilizada por los partidos conservadores, liberales de derecha y populistas. Pero de las alianzas que sintetizan el nacionalismo extremo con la izquierda surge de facto la ultraderecha. Los autores ilustran suficientemente está tesis señalando la perversidad del conjunto de alianzas analizadas.

Siguiendo a Enric Ucelay-Da Cal recurren al canon del fascismo histórico –nacionalismo exaltado, militarismo y recurso al hipotético enemigo interior— para ilustrar las desviaciones de la ultraderecha actual. Esta, al menos en parte, se distancia del tenebroso pasado del fascismo. Es dudoso hasta qué punto son extensibles los ejemplos de Pegida que reniega de la simbología nazi y Alternativa para Alemania que integra al colectivo homosexual, tiene apoyos judíos y concejales de color, lo que lo coloca fuera de la órbita de la homofobia y el racismo. Es una estrategia posibilista que atrae votos y que permite desde la participación institucional la imposición de proyectos antidemocráticos.

Los autores se inclinan por considerar fascistas aquellos movimientos que cumplen algunos de los componentes de los fascismos históricos. Siguiendo a Miklós Tamás desglosan el significado del concepto posfascismo: conjunto de prácticas e ideologías que amenazan la democracia sin destruirla ni alterarla. En Europa Occidental no tienen una vinculación mecánica con el fascismo, no se basan en movimientos de masas y no cuestionan el capitalismo. Por el contrario, la fascistización general de la sociedad se produce en una sociedad globalizada, donde precisamente el tráfico de personas y capitales ha restringido los derechos cívicos y ciudadanos. En las sociedades posfascistas, la ciudadanía se identifica cada vez más con la etnia y con la identidad. La reflexión del filósofo transilvano (húngaro) parece más bien asimilable a Europa Oriental. En las conclusiones finales los autores dudan de la inexistencia de continuidad ideológica entre el fascismo clásico y el posfascismo pero renuncian al establecimiento de categorías cerradas de clasificación entre partidos fascistas y no fascistas.

AVISO PARA NAVEGANTES

Evidentemente no todo el viento sopla del Este y la circunscripción temática y espacial del trabajo estorba perspectivas comparadas. Esta limitación no impide la acabada definición de los movimientos que amenazan al sistema democrático.

La obra resulta útil en cuanto que pone de manifiesto las orientaciones más peligrosas. La tendencia a difuminar las diferencias entre derecha e izquierda en los partidos políticos fue, en definitiva, la aspiración del fascismo histórico. Al respecto era muy clara la posición de Mussolini. En M. El hijo del siglo, Antonio Scurati describe como el potencial destructor del agravio, nutriente del nacionalismo, bañó de sangre la Italia posbélica. El fascismo convirtió la victoria italiana en derrota y la frustración del derrotado consiguió la destrucción de los partidos clasistas en beneficio de la nación. Como el fascismo, la nueva ultraderecha utiliza el parlamentarismo para devorarlo. En los años veinte con el arma de una aguda violencia callejera, focalizada, no sin respuesta, en obreros y campesinos socialistas, se impuso el fascismo. Frente a la disolución de sistema, en el parlamento no se alzó sino la voz valiente de Matteotti, asesinado (1924) por sicarios de Mussolini.

Los autores admiten que las desviaciones actuales del canon fascista no son tantas, más bien son adaptaciones posibilistas que hay que procesar en el actual contexto histórico. De lo que puede hacer la nueva ultraderecha dominando el parlamento da fe el modelo impuesto en Hungría y en Polonia. En el país en el que la Iglesia abatió al comunismo, la destrucción del Estado de Derecho ha ido acompañada de la depuración ideológica de maestros y profesores; la imposición de contenidos patrióticos en los libros de texto y la implantación del programa ultracatólico de la Liga de las Familias Polacas, auténtico azote de la homosexualidad, contrario a la eutanasia y al aborto. En 2006, su líder ante el parlamento europeo, alabó a Franco por su contribución a la defensa cristiana de Europa.

El fundamentalismo católico ha tejido una red de hilo fino, generosamente subvencionada: la Coalición por la Vida y la Familia que integra, entre otras formaciones ultracatólicas a Alternativa Española. Este partido que se presenta bajo la más peligrosa de las denominaciones, la de la transversalidad, es el heredero de Fuerza Nueva y combate contra el matrimonio homosexual, la ideología de género y la educación en igualdad. La ofensiva al feminismo no es privativa de la herencia nacional católica. El ultranacionalista y bolchevique Nazbols vehiculó discursos tanto contra los derechos de las mujeres como contra los extranjeros y el Congreso Mundial de Familias integrado por grupos ultraconservadores cristianos es apoyado por Rusia. Evidentemente entre los componentes del fascismo histórico no se encontraba el combate contra el feminismo pero sí está en su naturaleza el machismo y la misoginia. Tanto en la Alemania nazi como en la Italia fascista y en España durante el franquismo se desarrollaron programas natalistas que afectaron a la libertad y los derechos de las mujeres. No es difícil reconocer en los proyectos demográficos del neofascismo las coincidencias.

La nueva ultraderecha se ha distanciado en occidente de la antigua parafernalia de la violencia callejera fascista, solo asimilada en el Este a situaciones bélicas. Pero el culto a las armas y el militarismo no son privativos exclusivamente de sociedades en conflicto. La extrema derecha y la derecha menos extrema no han renunciado en todos los casos a la simbología de la violencia. En España, como herencia del nacionalcatolicismo, la visibilidad de los cuerpos armados se manifiesta en mayor medida en rituales y ceremonias religiosas que en actos cívicos. Esta realidad que podría ser entendida en términos culturales ha sido resignificada por la derecha en sentido político y nacionalista. Al respecto, las frecuentes alusiones de Vox a la solución militar son suficientemente reveladoras. Sin embargo, esas formulaciones tan absolutamente peligrosas han sido aparcadas desde Tejero por la extrema derecha española. Y solo ha sido posible su reaparición por la pulsión nacionalista provocada por el asunto catalán. De nuevo y aquí, más que nunca, el viejo recurso al agravio ha posicionado al neofascismo en un espacio político en el que nada –incluido el odio al feminismo— es nuevo.

El hecho de que la nueva derecha haya cambiado al enemigo interior judío por el musulmán no impide vincularla al racismo y a la xenofobia. El nacionalismo recurre a cualquier alteridad. En Patriotas indignados el ejemplo italiano resulta elocuente. Salvini desplazó el rechazo de los neofascistas a los italianos del Sur hacia los emigrantes. Pero la cohesión en torno al enemigo común precisa de su demonización y para esto están las redes como en la Alemania nazi estuvo Los Protocolos de los Sabios de Sión.

La extrema derecha utiliza las redes desde un entramado internacional que vehicula el discurso de la homofobia, la misoginia, la xenofobia, el racismo, el antisemitismo y la islamofobia, todo ello en una dimensión global. A nivel de Estado-Nación operan las fobias y los nacionalismos, unas veces contra la globalización y otras contra los demonios interiores.

En la campaña contra un adversario político que ha cuestionado el modelo liberal e intenta desarrollar la democracia real, la ultraderecha española no ha estado sola. Ha utilizado los mecanismos de propaganda y manipulación de los estados totalitarios: amenazas, vigilancia, acoso, calumnias, injerencia en la vida privada, alusiones a la condición sexual de sus representantes… En Patriotas indignados se recogen, entre varios ejemplos el del gobierno chino que paga cincuenta centavos por cada comentario publicado en las redes a su favor. No es el único caso referido a políticas de intoxicación estatal. Las redes no crean el pensamiento iliberal pero contribuyen a su difusión. Y no, precisamente a través de los analistas, politólogos o científicos sociales teóricos del neoliberalismo. Su instrumento son “odiadores hiperventilados” al servicio de la ultraderecha. Sujetos caracterizados por su incontinencia verbal, su inclinación al insulto y al menosprecio, su miopía intelectual y su falta de ética y humanidad con el enemigo político.

Quizá no sea posible establecer una taxonomía categórica de las formaciones y movimientos posfascistas, neonazis o neofascistas. Coincidimos en la tesis de que su naturaleza hay que identificarla en el ecosistema político donde se insertan sus discursos y las corrientes de opinión que los apoyan. Ciertamente no son necesarias las etiquetas, hay más que suficientes elementos de identificación: VADE RETRO.

Dios estaba ganando al monopoly

Dios estaba ganando al monopoly.

Tenía todas la ciudades, los mares, era dueño de los edificios más altos del planeta, había situado estratégicamente humanos a su imagen y semejanza en todas las selvas, fosas, volcanes, desiertos, montes de todo el mundo conocido y estaba ya ideando la jugada para poner sus cartas sobre otros universos.

Lo que más dinero le estaba dando era el juguetito mágico que el demonio ni siquiera imaginó. Era su escalera de color, el aparato que entregaba a cada humano con poderes como el suyo. Fue la mejor estrategia desde la creación. Darle a cada uno un dios diminuto y virtual capaz de mostrar en tiempo real mapas, carreteras, médico, dinero, tiendas, brújulas y sistemas de medida, juegos de colores, copiadores del mundo, viajes, música universal, masturbaciones, cosquillas cerebrales, drogas al instante, comidas del planeta, y dominio del pseudomundo con solo cargarlo al menos una vez al día. Cada tonto era cada día un dios más tonto. La bomba del mundo en la palma de la mano de cada habitante del la tierra.

Y en la partida cada casilla del monopoly ocupaba su icono con ese ojo triangular que todo lo ve, Lucifer solo podía seguir tirando dados mientras disfrutaba el roncola. Tampoco se estaba mal del todo, al fin y al cabo los ángeles le daban lo que quería y él tampoco era ambicioso. Los malos seguían llenando su infierno, no le iba mal con las guerrillas de siempre e Israel seguía siendo su mejor aliado, ya con eso solo se partía de risa algunas mañanas. Pero lo esa noche  le estaba dando coraje porque Dios estaba siendo demasiado cruel. Casi no quedaban ya cartas, era tardísimo, tenía el puntito de largarse y el otro no paraba de reírse en su cara. Lanzaba los dados con fiereza y estaba disfrutando con la chulería de ser el dueño del todo. Demasiado ostentoso incluso para ser Dios.

“Te toca”.

Sin ganas lanzó el dado, contó, sacó el cartoncito y al darle la vuelta sintió las mariposas de siempre en el estómago desde aquel día en que vio a Abel muerto por el bate de su hermano.

“Jeho, vete a la mierda hoy con tanta chulería, gano yo”.

“¿Qué tienes?”

Los ángeles lo rodearon expectantes.

Tiró lentamente sobre la mesa la carta. Dios tuvo que concentrarse para entenderla: COVID XIX.

Jose Prieto

Ejercicios de memoria

SCHWARZ, Géraldina (2019): Los amnésicos. Historia de una familia europea. Traducción de Núria Viver Barri. Tiempo de Memoria. Barcelona: Tusquets editores.

TIMM, Uwe (2018): Icaria. Traducción de Paula Aguiriano Aizpurua. AdN Alianza de Novelas. Madrid:  Alianza Editorial.

ALI, Tariq (2009): Miedo a los espejos. Traducción de María Corniero Fernández. Alianza Literaria (Al). Madrid: Alianza Editorial.

El olvido de los alemanes

Los amnésicos es el resultado del interrogante que la autora, una joven periodista de ascendencia franco-alemana se plantea cuando desde su intrahistoria familiar asume dos evidencias. La primera que el Holocausto no pudo suceder sin el asentimiento, la inhibición y la colaboración de los alemanes. Y en segundo lugar que ni durante el nazismo ni después se sintieron culpables o responsables. El objeto de análisis es por tanto el mitlaufer, el ciudadano común que se dejó llevar; era políticamente indiferente e, incluso no necesariamente, simpatizante de los nazis. Sería este el perfil genérico de una gran parte de la población que con la derrota se sumió en un absoluto mutismo, atenta solo a sobrevivir a la crudeza de la posguerra. Karl y Lidia Schwarz, un joven matrimonio de Mannheim, no habían votado a Hitler. Aunque Karl tenía el carnet del partido no era un militante activo y para Lidia la evocación del nazismo era la de una juventud vivida amablemente gracias a los programas sociales del régimen. La segunda generación es la de la duda, la de la del rechazo a las respuestas evasivas, la de la sospecha de grietas en la verdad del olvido. Volker, el padre de la autora, transmite a su hija la curiosidad por un pasado suspendido en el sótano de su vivienda de Mannheim. En aquella ciudad de Badem habían comenzado las deportaciones de judíos en 1940 y aunque sus padres jamás lo han mencionado, Volker está seguro de que tuvieron que conocerlas. De la misma forma sospecha de la procedencia de la empresa familiar y del origen de los muebles y vajilla de la casa, impropios del estatus social de su familia y más lujosos que los que aparecen en fotografías anteriores al periodo nazi. Sin embargo, su padre solo sufrió una sanción administrativa por tener el carné del partido. Karl fue solo un mitlaufer hasta que su nieta encontró en el sótano el fantasma de los Löbmann, una familia desaparecida en Auschwitz. Su único superviviente,  en 1948 acogiéndose a las leyes que permitían la reclamación sobre bienes expropiados durante el nazismo, reclamó a Karl la propiedad de una empresa adquirida a bajo precio en 1938. El reclamante es Sigmun, el único que salvó la vida huyendo a EE.UU. Acosados por los programas de arianización que afectaban a bienes y empresas judíos y a punto de ser deportados, los Löbmann, malvendieron su empresa a Karl. A partir del descubrimiento de esta incomoda verdad, Géraldine Schwarz reconstruye paralelamente la historia de su familia alemana y de la judía expoliada. La lectura de la correspondencia del abuelo permite acceder a una de las más valiosas aportaciones de Los amnésicos: el análisis de los procesos de desnazificación, tal y como los vieron los alemanes. El opa –el abuelo Karl— no solo se resistió durante años a la demanda de Löbmann sino que se consideró víctima de los judíos y no al contrario.

Los límites de la desnazificación

La desnazificación impuesta por los aliados no fue un proceso homogéneo, dependió de la zona de ocupación. La biografía novelada del teórico de la eugenesia, el doctor Ploetz, escrita por Uwe Timm, retrata la minuciosidad con la que el ejército americano abordó la investigación de las responsabilidades en el espacio que controlaban. Tampoco afectó por igual a todos los grupos. La obra refleja la inmunidad que los vencedores ofrecieron a investigadores y científicos a cambio de los conocimientos que los aliados utilizarían en la futura carrera espacial y de armamento. Al margen de unos pocos y elegidos actores, en su zona los americanos mantuvieron el procesamiento ante tribunales militares hasta 1949. Núremberg fue solo la representación más visible de un proceso que experimentó distintos niveles durante la Guerra Fría.

La desnazificación controlada por los aliados se suavizó a medida que la URSS ampliaba su área de influencia en Europa oriental y, sobre todo, una vez que las potencias occidentales decidieron en 1949 dar vida a una nueva Alemania. Adenauer entendió que la desnazificación era imprescindible para la reconciliación nacional y emprendió una política encaminada a la exculpación colectiva. Sin embargo, las presiones internacionales le obligaron a un acuerdo simbólico con Israel. De facto, la recuperación material y la emergencia del estado del bienestar actuaron como un bálsamo frente al pasado.

Schwarz aborda el olvido en los territorios ocupados o aliados del Reich desde una perspectiva comparada. Su madre, francesa no ha conservado un fondo testimonial familiar como el hallado por Volker en su casa de Mannheim. Hija de un gendarme, creció en las proximidades del Campo de Drancy, centro de reclusión de los judíos que iban a ser deportados. En su familia nadie lo recordaba. La historia oficial de una Francia resistente a los alemanes ocultó durante décadas la ignominia de la colaboración. De haber sido admitida, Francia jamás habría figurado entre los vencedores. Si Adenauer fue obligado a asumir la culpa, De Gaulle no admitió sino la victoria de los resistentes en el seno del ejército aliado. Su representación icónica fue la entrada de la División Leclerc en París. Tras las bambalinas del mito nacional quedó en la sombra que la capital de Francia fue liberada por los americanos y que muchos resistentes eran españoles republicanos. Ello no quiere decir que no se ajustaran cuentas a los colaboracionistas –miles de mujeres fueron rapadas por mantener relación con los “boches”— y los principales responsables políticos procesados. Pero sucesivas leyes de amnistía favorecieron la promoción política de antiguos colaboracionistas y tras la descolonización de Argelia, con los colonos regresó a Francia la memoria resentida del fascismo. La responsabilidad de Vichi en el Holocausto no se admitirá hasta mucho después. El comportamiento más o menos complaciente de la población no fue ajeno a una potente corriente de pensamiento antisemita que se había manifestado ya en el célebre caso Dreyfus.

El peso del antisemitismo fue determinante en la extensión de los apoyos al nazismo en la Europa de entreguerras. Arendt disecciona en su obra de referencia, Los orígenes del totalitarismo, la influencia de este factor tanto en el espacio germánico como en el Imperio austro-húngaro. Y sitúa la proyección política del sentimiento antijudío en la las última década del siglo XIX cuando el partido socialcristiano llegó a la alcaldía de Viena con un discurso antisemita, si bien aquel gobierno municipal, presidido por Lueger no fue percibido como una amenaza. Esta opinión es compartida con Zweig que la refleja en El mundo de ayer. Memorias de un europeo, precisamente la fuente desde la que Géraldine Schwarz evoca la metamorfosis de la amable sociedad vienesa hacia la intolerancia y el fanatismo. El fascismo católico austriaco no pudo contener los apoyos del nazismo. La evocadora obra de Éric Vuillar, El orden del día, demuestra hasta qué punto estaba decidida la anexión de Austria. Este argumento es el que justificará la amnesia en ese país. Sin embargo, los nazis austriacos no tuvieron un papel marginal en el exterminio de la población judía. La autora comprueba personalmente la dimensión del olvido cuando viaja a Viena. El gobernador de Galitzia era un austriaco. Bajo su gestión miles de judíos fueron masacrados pero su hijo lo exculpa públicamente. Otto Von Wächter tuvo la misma responsabilidad en los territorios polacos orientales que Frank Hans en Cracovia. Sorprendentemente en Los amnésicos no aparece una de las obras que se han ocupado de ambos personajes, responsables de crímenes contra la humanidad: Calle Este-Oeste de Philippe Sands. En Austria, el país donde estuvo Mauthausen y en el que muchos de sus médicos trabajaron en experimentos con discapacitados, el proceso de desnazificación quedó totalmente obstaculizado por la percepción de que los austriacos habían sido víctimas del nazismo y no sus colaboradores. Un argumento muy similar al que elaboró Italia para la construcción de una memoria exculpatoria de su pasado fascista. Pero la brutalidad desencadenada en los Balcanes, bajo la autoridad de Mario Roatta, el general que tomó Málaga en 1937 –la memoria oficial del franquismo no le reconoció esta victoria sino a Queipo de Llano— no fue más leve que la ejercida en los territorios del Reich y en Libia. Sin embargo, la Italia de Mussolini se comportó de forma muy diferente a Francia al obstaculizar la entrega de los judíos detenidos, las deportaciones se produjeron en la zona norte controlada por los alemanes.

Tras la guerra, la prioridad de mantener a raya a los comunistas favoreció la amnesia con la conocida bendición del Vaticano y en opinión de Fontana –Por el bien del Imperio. Una Historia del Mundo desde 1945— con el apoyo de EE.UU. La situación de los judíos en la Italia fascista es evocada desde la más conocida obra de Bassani, El jardín de los Finzi-Contini. El autor de La novela de Ferrara, sin embargo, articula la narrativa de la amnesia italiana en torno a la normalización del pasado fascista. Contra esta aceptación reaccionarían los movimientos de la década de los sesenta, derivados en parte, como en Alemania hacia el terrorismo.

El combate contra la amnesia

El libro matiza el mito de la desnazificación absoluta sobre el que se sustentó la creación de la República Federal de Alemania (RFA). Durante los años cincuenta a la nueva clase política de la RFA se fueron incorporando antiguos nazis, las depuraciones en la administración fueron sorteadas y los individuos blanquearon su pasado.

La autora sitúa el principio del combate contra la amnesia en la actuación del fiscal Bauer quien en 1958 llevó a proceso a un comando que asesinó en Lituania a centenares de civiles y quien impulsó la detención de Eichman, condenado a muerte en Israel en 1962. Su juicio tuvo una gran repercusión mediática y resignificó el Holocausto como resultado de la colaboración necesaria de actores comunes sin conciencia criminal. Hannah Arendt, presente en el juicio, fue testigo de la impasibilidad del reo y en su conocida obra Eichmann en Jerusalén formuló su polémica teoría de la Banalidad del Mal. En los años sesenta el parlamento voto una ley que terminaba con la impunidad lo que determinaría políticas de memoria en absoluto compartidas. En esos años los jóvenes alemanes se enfrentaron a la amnesia de sus padres en el marco de un movimiento de rebelión juvenil que se manifestó a ambos lados del Atlántico. En Alemania, este movimiento es considerado por la autora un hito en el proceso de recuperación de la memoria alemana. Bajo la inspiración de la Escuela de Frankfurt –Habermas y Adorno— estas movilizaciones denunciaron la continuidad del personal político del Tercer Reich en la RFA. La evolución de algunos sectores hacia el terrorismo es conocida y la complacencia de intelectuales franceses –Sartre, Foucault y Deleuze— con los presos alemanes también. La autora advierte de la coincidencia de que fenómenos como la aparición de la Fracción de Ejército Rojo y de las Brigadas Rojas se dieran al igual que en Japón en estados con un pasado fascista –ETA podría ser incluida—. Entre las organizaciones terroristas de los años sesenta estaban las palestinas que actuaron en la RFA. Paradójicamente, muchos de los actores que habían demandado la memoria y la reparación de las víctimas del Holocausto terminaron enfrentados al Estado que hizo del exterminio de su pueblo en  territorio alemán la razón de su existencia, Israel. Entre tanto, el pulso al terrorismo en la RFA mantuvo el tabú del genocidio hasta la aparición de La destrucción de los judíos europeos en 1982.

El núcleo central de Los amnésicos lo constituye la denuncia de unas políticas de memoria selectivas que en Europa posibilitaron la impunidad de criminales de guerra. Políticas caracterizadas en relación a la situación de los estados en la Guerra Fría.

En la Alemania ocupada, la desnazificación fue impuesta por los aliados, después la RFA no pudo satisfacer totalmente la demanda de olvido de los mitlaufer. Israel acaba de nacer y se lo impidió. En la RDA,  por el contrario, la nación se fundó sobre el mito del antifascismo y desplazó la culpabilidad del Holocausto a Alemania Occidental. En Austria el Anschluss justificó el victimismo y la amnesia. La leyenda fundacional de la IV República Francesa fue la Resistencia y de Gaulle hizo caer un velo sobre la colaboración. En Italia, el potencial del Partido Comunista fue conjurado pasando página sobre el pasado fascista. En todos los casos, la amnesia fue una acción conscientemente política.

La obra reconstruye este pasado a través del testimonio, de fuentes documentales tanto públicas como privadas y de bibliografía especializada. El resultado es un ensayo con una base historiográfica impecable que en sus últimos capítulos se orienta a la crónica periodística.

 

El fin de la Historia, el principio de la Memoria

Tras la caída del muro Géraldine Schwarz acompañó a su padre al Berlín oriental. Volker que trabajó en el organismo encargado de gestionar la transición económica se convierte en un testigo privilegiado del traumático proceso de privatizaciones. El relato de su experiencia en la ​RDA nos remite al sentimiento de desamparo y a la decepción que embarga al protagonista de Miedo a los espejos, un profesor universitario a quien colegas de occidente cuestionan su excelencia. La eclosión de políticas públicas de reconocimiento y reparación de las víctimas del fascismo y del nazismo no se produce hasta la década de los ochenta. Y su implementación provoca la inevitable comparación con las del totalitarismo estalinista.

La caída del muro impulsa de forma imperativa la memoria del Holocausto en Europa occidental. La desaparición de la RDA hizo extensiva la memoria antifascista a todos los alemanes pero abrió el debate entre quienes reclamaban el fin de la impunidad y quienes preferían pasar página en el país reunificado.

La llegada al poder de la coalición de Verdes y Socialdemócratas en 1998 impulsó la normalización de la presencia alemana en actos memorialistas como la conmemoración del Desembarco de Normandía; campos de concentración se convirtieron en lugares de memoria y emergieron memoriales al Holocausto. Uno de los más sobrecogedores, sin duda el de Berlín.

Monumento del Holocausto. Berlí, agosto 2007.

Pero, sobre todo en Alemania Oriental, la amnesia devenida del pasado socialista también suscitó oposición. De la iconoclastia que caracterizó a la “guerra de los símbolos”, los berlineses consiguieron salvar las monumentales estatuas de los padres del marxismo.

Marx-Engels Forum. Berlín, agosto de 2007.

De forma paralela la publicación de obras autobiográficas o de ficción visibilizó también los sufrimientos de los alemanes a manos del Ejército Rojo. No solo el trágico éxodo de los territorios polacos y de los Sudetes, también la inquietante memoria de las miles de mujeres violadas por soldados soviéticos que saco a la luz el testimonio anónimo de Una mujer en Berlín. En Francia, en los años noventa, también fueron reconocidos los crímenes de Vichi.  Maurice Papon y Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, fueron desenmascarados. En España,  la memoria de los muchos nazis acogidos durante el franquismo ha quedado de momento en el ámbito de la ficción. Obras como Los pacientes del doctor García de Almudena Grandes o La casa del nazi de Xabier Quiroga han trazado nítidamente la cobertura que el Régimen les ofreció.

Los amnésicos se cierra con el inquietante epílogo de la relación entre la Memoria del fascismo y el auge de la extrema derecha en Europa. Ya en 1992, aparecen grupos neonazis que atentan contra los trabajadores vietnamitas de la RDA y contra refugiados yugoslavos. La emergencia de partidos ultranacionalistas y xenófobos que han alcanzado representación parlamentaria se ha generalizado. Los movimientos basados en pulsiones identitarias han mutado el discurso antisemita de los años treinta por una islamofobia compartida. La idea de que el Islam amenaza la pervivencia de la civilización occidental, eje ideológico del PEGIDA alemán, alienta con fuerza en la ultraderecha española que representa VOX.

El subtítulo que acompaña a Los amnésicos no hace justicia a la obra. No es la historia de una familia europea, es la historia de Europa. A través de testimonios de tres generaciones, el relato se articula con matices divergentes, según se cuente a uno u otro lado del Rin; según el narrador sea católico, judío o protestante; según ganador o derrotado; según víctima o verdugo. Una dialéctica de la que necesariamente se deriva la imposibilidad de una memoria común y consecuentemente la confrontación sobre la gestión pública del pasado. Pero ello no significa que la Memoria sea responsable de la reavivación de conflictos y enfrentamientos atávicos. Reconocer y nombrar a actores que tuvieron visibilidad y responsabilidad en la destrucción de la humanidad y de la civilización es una cuestión más ética que política. Pero La Memoria no puede ser hegemónica ni monolítica. Su gestión por el poder ha de hacerse desde el consenso y desde el marco jurídico que reconoce el derecho internacional, no desde el tribalismo justiciero. La amnesia es el bálsamo de la culpa pero no es terapia para el dolor ni puede alentar el negacionismo. Los historiadores tienen la obligación moral e intelectual de impedirlo.

Una forma fenicia de ser romano

Presentación del libro:

Una forma fenicia de ser romano: identidad e integración de las comunidades fenicias de la Península Ibérica bajo poder de Roma

Autor: Francisco Machuca Prieto

Lugar: Rectorado de la Universidad de Málaga (Paseo del Parque)

Fecha: Viernes 8 de noviemre de 2019

Hora: 19:30 hora

Créditos, Índice, Prólogo e Introducción [PDF]

La Aurora de rojos dedos

Acaba de publicarse el siguiente libro colectivo:

ACOSTA RAMÍREZ, Francisco (coord.): La Aurora de rojos dedos. El Trienio Bolchevique desde el Sur de España. Granada: Comares, 2019.

Con ocasión de los cien años del llamado Trienio Bolchevique (1918-1920) que inspirara a Juan Díaz del Moral su célebre Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, un grupo de historiadores, científicos sociales y filósofos, se reunieron en Fernán Núñez (Córdoba), en noviembre de 2018. Lo hicieron para pensar una vez más dicho ciclo de protesta social. El resultado del encuentro queda reflejado en el presente volumen. Encontrareis en él colaboraciones de:

Francisco Acosta Ramírez; Juan Andrade; Antonio Barragán Moriana; Salvador Cruz Artacho; Ángel Duarte Montserrat; Cristina Flesher Fominaya; Alicia García Ruiz.; Magdalena Garrido Caballero; Ángeles Lario; Andreu Mayayo i Artal; Florencia Peyrou Tubert; Lucía Prieto Borrego; Juan Pro Ruiz; Ricardo Robledo Hernández; Ángel Valencia Sáiz; y Masaya Watanabe

Sumario, Introducción y Autores del libro [PDF]

Elecciones municipales, una ciudad bicolor: Marbella azul

Fuente: El mapa del voto en las municipales, calle a calle, El País [https://elpais.com/politica/2019/05/29/actualidad/1559081659_074745.html].

Como ya expusimos en «Elecciones municipales, una ciudad bicolor: los barrios rojos», el mapa electoral de Marbella pinta un azul infinito apenas manchado por unas gotas de color rojo en el distrito 1. Es el casco urbano de la ciudad, limitado entre Arroyo Primero y el de Guadalpín. En La zona más septentrional que casi alcanza las faldas de la sierra –secciones 40, 41 y 42—, el PP alcanza el 46% de los votos y el PSOE no supera el 35%. Se trata de un espacio en el que predominan urbanizaciones de renta media muy distintas al hábitat residencial de las secciones contiguas. Pero aquí en algunos puntos aparecen densidades similares a las de los barrios populares como las que corresponden a Xarblanca y Las Cancelas. En ambas urbanizaciones el voto que no ha ido al PP ni al PSOE se ha inclinado más a Impulsa Ciudad (IC) que a IU con la que comparte el 6% de los votos en las calles aledañas al Trapiche del Prado.

Estas nuevas urbanizaciones presentan problemáticas que parecen importadas de los “barrios rojos”.

La masiva y rápida urbanización del espacio situado al norte de la autopista no fue acompañada de la apertura de nuevos viales o el ensanchamiento de los antiguos. En horas puntas se producen aglomeraciones de vehículos y consecuentemente problemas de circulación. Estas circunstancias se agravan especialmente en el horario escolar. Las vías de acceso al colegio Mario Vargas Llosa se convierten, dada su escasa anchura, en auténticas ratoneras tanto para los residentes como para los conductores. Con todo en estos espacios compartidos entre residencias de renta alta y los nuevos conjuntos de casas adosadas emerge una problemática que afecta a todo el municipio y que no fue mencionada en la campaña electoral: la conversión, en muchos casos por los promotores inmobiliarios o propietarios de residencias unifamiliares en viviendas turísticas. Estas se anuncian falsamente como espacios seráficos de paz y tranquilidad pero los fines de semana en sus jardines se celebran bodas, cumpleaños y todo tipo de eventos en los que se rebasan con creces los límites admisibles de nivel sonoro. En ellas, se incumplen todas las prescripciones de la normativa vigente en relación con la emisión y transmisión de ruidos, tanto en período diurno como nocturno y la única solución es el recurso a la policía municipal, que por cierto siempre acude.

El PP mantiene un altísimo porcentaje de votos –entre el 56% y el 58%— en torno a la Reserva de Valdeolletas, Vigil de Quiñones y al oeste de la avenida del Calvario pero, además, la derecha se reafirma con los votos de Cs que llegan al 8%. El PSOE no supera en la zona el 23% de los votos. Pero en torno a Las Palmeras y Parque de Miraflores los votos del PP bajan al el 37% aunque Cs llega al 9%, empatando con IU. Aquí las mallas de mayor densidad se justifican precisamente por la convivencia de grandes bloques con viviendas residenciales.

El PP mejora sus resultados (51%) en la avenida Ricardo Soriano, calle Huerta Chica, Monte de Piedad y Valentuñana. Es la sección 17 donde IC llega al 11% de los votos.

El PP obtiene los valores más altos del casco urbano a lo largo del Paseo Marítimo. Solo en la sección del Puerto Pesquero, sometido a una intensa gentrificación en la que se integra la parte baja de Las Albarizas, el PSOE supera el 30%, aun así el PP alcanza el 43%. Entre La Bajadilla y Llanos de San Ramón en las dos últimas décadas ha emergido un conjunto residencial construido sobre la arena, sobre la que también ha avanzado el Hotel Amàre. No sabemos hasta qué punto el movimiento a favor de los espigones admite que si no hay playa en este sector no es porque no haya diques sino porque se ha construido sobre ella y se ha privatizado el litoral.

Playa de San Ramón. Distrito 1, Sección 4. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [22-10-2019].

También la antigua Marina, la avenida Miguel Cano y la avenida del Mar son espacios profundamente alterados por una urbanización masiva. Durante el gilismo los chalet que franqueaban las calles al sur de La Alameda desaparecieron para dar paso a los enormes bloques de pisos que transformaron Antonio Belón y las calles cercanas al Francisco Norte. Ello explica la alta densidad reflejada en las mallas que los encierran. Se superan los mil habitantes en el Paseo Marítimo, La Alameda, la avenida del Mar, Miguel Cano, Antonio Belón y la antigua Huerta Grande. En toda la zona los valores del PP se sitúan o superan el 50%.

La similitud entre la urbanización y la densidad de este espacio con los barrios obreros no es extensible a la orientación del voto mayoritariamente conservador. A diferencia de los residentes en los “barrios rojos” los del casco urbano soportan un menor grado de servicios comunitario y las calles se abren a espacios más amplios. La zona al sur de la avenida Ricardo Soriano asentó la antigua actividad minera y pesquera y en su proceso de transformación ha conocido sucesivas privatizaciones de espacios municipales y cesiones de inmuebles a los grupos más cercanos al poder municipal. La recuperación, en 1934 por parte del Ayuntamiento de los terrenos propiedad de la “Iron Ore Company Limited” posibilitó que parte del antiguo corral del mineral quedara en manos privadas. En los márgenes del bellísimo parque de “La Avenida” se construyó un armonioso conjunto de construcciones ajardinadas. La urbanización de la antigua Huerta Grande y los alrededores del Faro dio lugar en los años cincuenta a una zona residencial destinada a grupos medios que, en parte, habían constituido los apoyos sociales del franquismo. En la avenida Miguel Cano se reservó un conjunto de edificaciones de titularidad municipal para uso administrativo y viviendas de maestros, todas desaparecieron durante el gilismo. Su función social se volatizó al convertirse en propiedad particular. Y como eso de convertir en particular lo público se normalizó en Marbella, los que vinieron detrás no solo no preguntaron sino que tomaron el molde como modelo. Uno de los casos más vergonzantes es el del estadio Francisco Norte ¿Qué función social tiene hoy? ¿Dónde ha quedado el proyecto de parque o zona deportiva? Lo que realmente hay es un aparcamiento privado carísimo que fue vendido a un famoso personaje, de paso la calle que le daba acceso quedó sin sombra y desarbolada. Cuando ocurrió ya gobernaba el PP. No nos atrevemos a afirmar que el vecindario originario de este barrio residencial, que en parte lo fue por sus vinculaciones profesionales y políticas a las instituciones del franquismo, sea, dado el aumento de población, responsable del mayoritario voto conservador. Pero sí parece que la rauda urbanización de esta zona no ha perjudicado a los primitivos residentes, en tanto que sobre el espacio que ocupaban chalets unifamiliares se ha multiplicado el número de viviendas, mientras que las de carácter social han pasado a ser particulares.

La sección 1 es el casco histórico, limitado por el antiguo cauce del río, al este, y la calle del Peral, al oeste. Su límite septentrional coincide con la línea de la muralla medieval. El escaso número de votantes es indicativo de una función comercial más que residencial. Aquí el PSOE no alcanza el 24% de los votos frente al PP que llega al 55%; la tercera fuerza más votada es IC y de forma totalmente insólita la cuarta es PODEMOS. La inclinación conservadora de la zona urbana más antigua de la ciudad no es nueva. Con más del 25% de población extranjera residente, es el espacio con mayor número de bares y restaurantes en relación a su superficie. De hecho las actividades del sector terciario son las principales en torno al que debería ser el espacio comunitario de la ciudad. Pero plaza del Ayuntamiento está absolutamente sustraída al uso público, tanto como las calles aledañas lo están a la circulación. Resulta una gran contradicción que en un centro histórico peatonal, durante unos meses, no se pueda caminar. Y esto es literal: en la calle Virgen de los Dolores apenas queda un metro para el peatón, imposible el paso de personas con problemas de movilidad, sillas de ruedas o las que se auxilian con bastones y los grupos tienen que pasar en fila india. No es la única calle ocupada por mesas y sillas. En cualquier mapa de la ciudad aparece una plaza rectangular llamada General Chinchilla pero nadie la encontrara. Simplemente ha desaparecido bajo los manteles de un restaurante ¿Puede un espacio público convertirse en privado de facto? ¿No existe una normativa de ocupación de la vía pública? Los intentos realizados, cuando ha gobernado la izquierda no han prosperado. Los hosteleros legitiman la ocupación en base a motivos económicos e incluso a la defensa de los puestos de trabajo que por lo visto peligran si la gente puede caminar por su ciudad. La recuperación de la plaza y la de su histórico pavimento por parte de IU y el PSOE –obviamos a OSP porque si no le importa la estética de su pueblo no le va a importar la del nuestro— fue una de las actuaciones más cuestionadas por los establecimientos periféricos, pero logró imponerse. Fue una victoria pírrica. Parte de la actividad económica del casco antiguo se desarrolla en negocios o propiedades de familias autóctonas vinculadas al poder local desde el siglo XIX. Es lógico y comprensible que los grupos que han visto repetirse generación tras generación –mande quien mande— sus apellidos en la institución municipal consideren al Ayuntamiento su casa y la plaza su patio. Ahí está el resultado: tras la moción de censura y la expulsión de IU y del PSOE, la plaza volvió a ser ocupada. Las calles aledañas a la iglesia de la Encarnación son tan intransitables que solo desde la fe se explica que tantas personas mayores lleguen a misa. En el casco antiguo las redes clientelares de la derecha, serán más o menos densas, pero son atávicas y en sus negocios no se moverá una silla. Con todo en la zona el caso más sangrante es el de La Pesquera, representación del latrocinio y de la barbarie de la era GIL y de la incapacidad de sus sucesores de devolver al restaurante su uso social o revertirlo a sus legítimos propietarios.

Plaza de los Naranjos. Distrito 1, Sección 1. Fuente: extraída a partir de Google Earth 2018 [22-10-2019].

En el casco urbano los resultados más contundentes de la derecha –PP (54%) y Cs (9%)— se dan en la nueva ciudad gilista, representación del lujo y de la opulencia, surgida como por encanto al oeste de Molino de Viento. Viviendas de alto nivel, anchas avenidas y un exceso de mármol que da a la Plaza del Mar apariencia de mausoleo. Aquí el PSOE solo obtiene el 23%. Los valores de la derecha bajan en torno al Parque de la Constitución, un espacio público recuperado en época socialista, milagrosamente salvado de la codicia gilista. Pero también aquí entre PP y Cs se alcanza el 55%. Estos votos proceden de barrios residenciales en los que el apoyo a la derecha se ha visibilizado en la oposición vecinal –con tintes claramente políticos— al carril bici, un proyecto impulsado por IU. El argumento no deja de ser peregrino: los responsables de la falta de aparcamientos son los defensores de la circulación en bicicleta, no quienes han vendido el subsuelo de la plaza del Mar y han robado el del Francisco Norte.

En el estudio ya citado de Natera Rivas –Heterogeneidad social y diferenciación residencial en Marbella– se señala que en 1991 los distritos 3 y 4 eran los de más alto estatus social. En la actualidad la zona más oriental del municipio mantiene esa característica. Es un espacio en el que según el mapa del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía existe una mayoría de celdas en las que el número de habitantes está por debajo de 50. Sin embargo, aquí también se han desarrollado procesos intensos de urbanización –en Bello Horizonte se superan los 500 habitantes—. Otras mallas que sostienen entre 251 y 500 corresponden a Las Chapas, Costabella, Bahía de Marbella y Cristo de los Molinos. En cuatro de las siete secciones del distrito 4 el PP supera el 50% de los votos. Es una sección ocupada por campos de golf y por las urbanizaciones de Río Real, Reserva de los Monteros y Los Monteros. Aquí el predominio de la derecha es absoluto: 57% PP, 9% Cs y 7% VOX. En la sección 3 el PP obtiene el mismo resultado que en el anterior pero IU recupera los valores de los barrios obreros, quizá debido al núcleo de Las Chapas. En el límite con Mijas el PP mantiene sus valores y Cs alcanza el 11%. En seis secciones de este distrito, la tercera fuerza más votada es el partido de Rivera y en tres secciones (1, 2 y 6) VOX es la cuarta.

Parece clara la inclinación de las zonas residenciales –algunas de lujo— por el voto conservador hegemonizado por la candidatura de Ángeles Muñoz que permite a su vez el mejor resultado de Cs y visibilizar a VOX. Por el contrario en el espació situado al este de Arroyo Segundo, el PSOE consigue alcanzar el 32% en las zonas intensamente edificadas de Los Molinos y Bello Horizonte y obtiene el 28% en la sección 7 en la que igualmente se localizan urbanizaciones de adosadas. Aunque IC en la zona de Bello Horizonte llega al 7%, su peor resultado lo obtiene precisamente en Las Chapas, el núcleo urbano que gobernó Miguel Díaz.

El distrito 3 cuyo límite oriental es Guadalpín y el occidental Puerto Banús es, salvo la mancha rosada de La Campana, intensamente azul. De este a oeste, el espacio se vertebra por el Paseo Marítimo que alcanza Puerto Banús, por la Milla de Oro y más al norte por la autopista. Aquí si sitúan algunas de las urbanizaciones consideradas más lujosas de España y los hoteles y espacios lúdicos de más alto nivel. El azul no tiene matiz alguno: el Partido Popular arrasa con un 62%, Cs obtiene el 9% y el PSOE llega al 14%. Igualmente la lista de Muñoz supera el 60% en la zona de Nueva Andalucía, donde Cs alcanza el 8%. Este porcentaje baja en la Sección de Puerto Banús: (56% PP) a favor de Cs (13%) que obtiene aquí uno o su mejor resultado y de VOX ( 9%) que queda muy cerca del 11% obtenido por el PSOE. Con los votos ultras de VOX, la derecha alcanza el 78%.

En San Pedro la derecha gana en casi todas las secciones. En las limítrofes con Estepona y en Guadalmina, PP obtiene más del 40% de los votos que sumados a los de Cs y VOX determinan una absoluta hegemonía de la derecha. Allí el PSOE no alcanza el 20% ni OSP tampoco. El principal socio de la derecha en el ayuntamiento de Marbella, durante la anterior legislatura, no alcanza el 40% en ninguna sección, mientras que el PSOE solo supera el 30% en las secciones 10 y 6, dos pequeñas zonas urbanas. Parece incuestionable que en las zonas de más alto nivel social, el voto “nacionalista” no ha ido a la “patria chica” sino a la grande, Y como el partido de la patria chica ha entregado el ayuntamiento a la derecha nacionalista, sus votos han ido al PSOE, sin que el voto socialista haya podido evitar dar la mayoría absoluta al Partido Popular y permitir la entrada de Cs en el gobierno municipal. Al este de Rio Verde la reivindicación histórica de la segregación se ha situado en el espacio del irredentismo. La visión política de lo que se supone debería ser la oposición en San Pedro y de una ciudadanía hostil a Marbella debe objetivizar el agravio y mirar hacia Guadalmina, a la frontera con Benahavís y a su litoral azul que va a ser urbanizado. Los actuales responsables políticos de San Pedro han salido de los votos obtenidos por el PP en el distrito 2 y no trabajaran por la autonomía municipal sino el partido que los ha elegido o el que les paga.

Parece evidente que en las zonas residenciales del municipio los apoyos al PP son tanto más amplios cuanto más alto es el nivel de renta y cuando estos apoyos se moderan es porque se han desplazado a Cs. En Río Real y Los Monteros; en las urbanizaciones de la costa oriental; en las exclusivas mansiones construidas entre los pinos de Nagüeles; en la Milla de Oro, en Puerto Banús y en Guadalmina el bipartidismo desaparece. En estos espacios el voto de Cs –que en la Marbella roja apenas supera el 6%— está representado por encima de este porcentaje. La visibilidad del VOX (11%) en Puerto Banús es indicativa de la procedencia del voto ultraderechista.

A excepción del casco antiguo los problemas que determinan la calidad de vida de la gente: el aparcamiento, la circulación, el ruido, la hiperocupación de la vía pública, la falta de espacios comunitarios no deben afectar a los barrios residenciales que tan contundentemente han apoyado a la derecha. En el ya citado estudio de 1991, Juan José Natera señalaba a los distritos 3 y 4 como los de estatus social más alto. No parece que la masiva urbanización que estas áreas y las litorales del distrito 1 han experimentado en las dos últimas décadas haya alterado su nivel de vida. De lo que cabe deducir que los promotores inmobiliarios, los compradores de viviendas e inmuebles de alto nivel, los empresarios que han construido en suelo no urbanizable y las que han comprado u usufructuado bienes municipales han confiado durante veinticinco años el gobierno de la ciudad, primero al GIL y después al PP. Estos gobiernos lejos de controlar el urbanismo salvaje han garantizado para su beneficio la libre disposición del patrimonio público. Su desaparición no afecta solo a la pérdida de suelo rustico, a la depredación del forestal o a la ocupación del urbano, también a bienes de apariencia inmaterial. La dotación de servicios sufre un doble deterioro: la externalización que financia con dinero público empresas privadas y la desnaturalización de una administración que en las últimas décadas no se ha nutrido de la oferta pública de empleo sino de las clientelas políticas, que además no admiten que tengan que dar cuentas a nadie –si es que alguien se las pide- de su rendimiento laboral—. Y el mal uso del tiempo público es también un robo a la comunidad, tanto como lo es sustituir la creación de empleo mediante oposiciones libres e independientes por planes que se toman o se dejan según los intereses políticos.

El poder local instalado en Marbella durante más de un cuarto de siglo está más que legitimado por los votos obtenidos. La procedencia sociológica de ese voto, su peso en unos espacios con una considerable presencia de extranjeros -ricos-: árabes musulmanes, eslavos ortodoxos, anglosajones y germanos protestantes… invita a resignificar el voto a partidos que apoyan su propaganda en el discurso nacionalista. Un discurso que ha utilizado la derecha atávica del PP; la europeizada, laica y moderna que quiere ser Cs y la ultra que es parecida a la primera.

La única seña de identidad de esta ciudad ha sido su cosmopolitismo. Era secular cuando España llevaba velo y había un cura que solo se tomaban en serio los poderosos…; en esta ciudad las parejas gais no se escondían, la Semana Santa duraba solo dos días, no había romeros ni romerías; en la plaza de toros había más conciertos que corridas, en los balcones no había banderas sino toallas y bikinis … y en los barrios rojos más gente de fuera que de dentro … Pero ningún poder puede perpetuarse solo en base a la satisfacción de los intereses económicos de sus apoyos, por el contrario necesita ser aceptado también por grupos que aunque nunca vean cumplidas sus expectativas aceptan y apoyan la cultura política de la derecha, cada vez más establecida mediante estrategias ideológicas. El PP como el GIL ha buscado el consenso en los barrios populares. Es en los balcones de los “barrios rojos” donde ondean banderas, no en las exclusivas mansiones de la zona azul; es la religiosidad popular –abusivamente exhibida— en la televisión municipal la que muestra la renovada versión del nacionalcatolicismo; es en el espacio ceremonial del casco antiguo donde se proyecta la simbología más rancia de la dictadura: manifestaciones militaristas y patrióticas, exaltaciones de imágenes al más puro dictado trentino… y adhesiones personalistas que persiguen ahuyentar la sombra de la sospecha.

En la “Marbella azul” del “extramuros” no hace falta aparato ideológico alguno: no hay santos patrones que desfilen en los campos de golf que fueron encinas y alcornocales; ni el rosario de la aurora desfila por las urbanizaciones que fueron dunas de arena; no hay procesiones en Puerto Banús ni en Cabo Pino… A Guadalmina y a los pinares y alcornocales de Elviria no llegará nunca el estruendo de la traca rociera, el himno de la legión, ni el olor a incienso. No hace falta porque en esos lares, la Patria y Dios son el dinero.