Ruta por la historia del azúcar

Con esta Ruta por la historia del Azúcar la Plataforma en Defensa y Mantenimiento del Trapiche del Prado pretende mostrar la importancia que tuvo la industria del azúcar en nuestra provincia y que cuando finalice la visita tengamos un mejor conocimiento de esta industria y seamos más conscientes de la importancia de proteger, recuperar y conservar un patrimonio industrial que es una parte importante de nuestra historia como malagueños y como marbellíes: la historia del azúcar. Pero también valoremos algunos de los importantes trapiches o ingenios que existen ennuestra ciudad como son el Trapiche de Guadaiza, El Ingenio o el Trapiche del Prado que pese a su estado de abandono conserva perfectamente la arqueología del proceso de fabricación del azúcar.

El cultivo de caña de azúcar en la provincia malagueña fue tan importante que el litoral de la provincia que llegó a ser conocido como la «costa cañera». El cultivo generó una industria en Málaga de enorme importancia. La provincia llegó a contar con hasta 37 ingenios, trapiches, maquinillas y fábricas de azúcar funcionado desde el siglo XVI.            A finales de la década de los sesenta del siglo XX se llegaron a producir hasta 115.000 toneladas de caña de azúcar en la provincia.

La gran decadencia de la producción en Málaga se inició en los años 70 de pasado siglo y concluyó con el cierre de las últimas fábricas e ingenios: la de Nerja en 1968, la de Torre del Mar en 1991 y la de Málaga en 1994.

Hoy el único testimonio de la industria azucarera que todavía perdura en la Axarquía es la fábrica de miel de caña Nuestra Señora del Carmen de Frigiliana.

EL MUSEO PREINDUSTRIAL DE LA CAÑA DE AZUCAR DE MOTRIL

El “Museo Preindustrial del Azúcar” es, en sí, la rehabilitación con fines museísticos de los últimos restos arqueológicos de lo que fue uno de los ingenios manufactureros de azúcar más importantes de Motril desde finales de la Edad Media hasta los últimos años de la Edad Moderna: el Ingenio de la Palm

El ingenio de la Palma, cuyos primeros datos de existencia se remontan a los últimos años del siglo XV, era un ingenio real que poseía molinos horizontales para moler las cañas, aunque no se descarta que pudiese también haber utilizado, en algún momento de su primera existencia, piedras molares para moldurar las cañas.

Con el paso del tiempo toda la estructura del ingenio desapareció casi por completo, a excepción de la casa, y con el transcurrir de los siglos se olvidó prácticamente la existencia de esta antigua fábrica de azúcar. En 1989 con motivo de los trabajos de explanación del solar posterior a la Casa de la Palma, se descubrieron varias piedras labradas de gran tamaño, una de ellas con tres canales y otra con un canal circular, lo que hizo pensar que podían tratarse de elementos del antiguo ingenio.

Se procedió a una excavación de urgencia dirigida por el profesor Malpica y posteriormente a una excavación sistemática que puso al descubierto diversas estructuras de muros y elementos de la fábrica.

 La existencia de estos restos arqueológicos decidió a la Corporación Municipal a intentar su rehabilitación. Se encargó la redacción del proyecto de rehabilitación al arquitecto granadino Federico Salmerón y con la ayuda económica de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, se iniciaron las obras de rehabilitación a fines de 1996, quedando concluidos los trabajos en el otoño de 1998. Posteriormente se afronta a través de la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical de Granada su equipamiento y montaje museográfico del Museo Preindustrial del Azúcar, comenzando la redacción del proyecto en noviembre de 2000 y concluyendo los trabajos en diciembre de 2002.

El estado del Trapiche del Prado de Marbella en relación con este patrimonio azucarero de Motril no tiene comparación. El Trapiche del Prado tiene toda la arqueología del azúcar intacta pese a su estado de deterioro mientras en Motril apenas quedaban evidencias de su existencia. Pero la voluntad política en Motril no solo consiguió rehabilitarlo sino crear un centro de interpretación del azúcar único.

La función de este museo, único en Europa, es mostrar el patrimonio preindustrial relacionado con la actividad azucarera que se conserva en esta zona. La Caña de Azúcar fue una de las actividades preindustriales más importantes desde la época musulmana, y tuvo cultivo en toda la vertiente mediterránea.

ANTIGUA FÁBRICA DE AZUCAR DE TORRE DEL MAR

Según nos dice la Asociación de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga la Historia de Torre del Mar y de toda la comarca de la Axarquía tiene una de sus raíces más importantes en el cultivo de la caña y en la fabricación del azúcar, desde la época árabe y, después, desde finales del siglo XVIII, con la fundación de un trapiche azucarero que funcionaba con mulas. Llegó la Revolución Industrial con Ramón de la Sagra, que en 1846 levantó su gran fábrica e introdujo la máquina de vapor. Torre del Mar destacó desde entonces por construir un destacado paisaje agro-industrial basado en la caña de azúcar.

Desde 1852 tomaron los Larios la propiedad de la fábrica e impulsaron su organización empresarial hasta 1976 con una continuada renovación tecnológica que mantuvo siempre la azucarera de Torre del Mar en la vanguardia del sector. En 1991 cerró la fábrica de Torre del Mar en un momento en el que ya el primer sector económico de la población había pasado a ser el turismo y la fabricación del azúcar desde hacía tiempo era una actividad complementaria pero que daba trabajo todavía a bastante gente. Desde el momento de su cierre empezaron a surgir distintas ideas sobre el futuro de los edificios y terrenos de la fábrica de Torre del Mar. Entonces comenzaron los planes de rehabilitación y se empezó a hablar del futuro Museo del Azúcar pero no fueron hasta veintidós años más tarde cuando fuera una realidad y dicho patrimonio sufriera con la especulación, el abandono y el saqueo de los equipamientos tecnológicos de la fábrica.

A pesar de ello se conservan todavía importantes elementos de la fábrica de azúcar de Torre del Mar, que la convierten en el conjunto más representativo del Patrimonio Industrial de la provincia de Málaga. Están bien conservados dos edificios importantes de la fábrica (la llamada Casa del Ingeniero y la cocina del azúcar); las tres chimeneas y algunos elementos tecnológicos significativos como la máquina de vapor de los jardines de la mencionada Casa del Ingeniero o Casa Larios, los que se están restaurando en el edificio de la cocina o su entorno (una máquina de vacío, 2 tachas y 2 malaxadores) y otros conservados en el almacén municipal (como la valiosa torre del alcohol).

El espacio abierto dispone de un total de 1.200 metros cuadrados útiles, aunque el edificio supera los 3.000 metros construidos. El recinto no sólo muestra la antigua maquinaria industrial, sino que alberga varias salas de exposición, una de ellas “El Azúcar en la provincia de Málaga” que recoge los orígenes del azúcar en la ciudad así como los principales protagonistas que contribuyeron a su expansión, la ubicación y características de los antiguos ingenios azucareros.

La Carretera de Málaga a Almería, febrero de 1937

Proyecto Historia y Memoria Histórica online (HISMEDI)

Exposición Virtual sobre el éxodo de La carretera málaga-almería, 1937

Esta exposición ofrece un conjunto de recursos virtuales, en los que se pueden consultar documentales, programas sobre el tema, noticias sobre actividades, websites o blogs sobre dicho episodio.

Te invitamos a navegar por ella pinchando aquí

La Vanguardia, 25-02-1937

EL ÉXODO DE LA CARRETERA MÁLAGA-ALMERÍA, 81 AÑOS DESPUÉS. MIRADAS DESDE LA ACADEMIA

DÍA, HORA Y LUGAR:

  • VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2018, 19:30 HORAS, INSTITUTO DE ESTUDIOS PORTUARIOS (MÁLAGA).

PRESENTA:

  • JOSÉ LUIS RUIZ ESPEJO, DELEGADO DEL GOBIERNO DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA EN MÁLAGA.

INTERVIENEN:

  • LUCÍA PRIETO BORREGO, PROFESORA DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UMA.
  • ESTHER CRUCES BLANCO, DIRECTORA DEL ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE MÁLAGA.

Llueve y nieva sobre el Trapiche del Prado

La lluvia y la nieve permiten la molienda de cañas dulces a pie de Sierra Blanca, el comisionado en Marbella de la Santa Inquisición informa de la actividad plena del Trapiche del Prado pero también del desafío que supone el anuncio del poderoso  Tomás Domínguez, dispuesto a poner en funcionamiento un nuevo molino de cañas en su cortijo de Miraflores.

 Dada en 31 de diciembre de 1751.

Sr. Guerrero, Juez de Bienes.

 Sr. Inquisidor Mayor:

Muy Sr. Mío sólo sirva esta de noticiar a Vs. como D. Thomás Domínguez y Vargas está alistando a toda prisa la molienda para moler cañas dulces en su cortijo y que también está haciendo fundición de su suelo de jarope con D. Blas Román y habiendo fundido dos veces se les ha desgraciado y no han podido sacar nada a la hora presente y vuelven a hacer otra fundición y no tiene para la cocina dicho cuatro calderetas de tachas y lo que van a fundir se salieren con ello. La molienda le oí decir a uno de los maestros que en breve estaba acabada; y está el dicho Domínguez como su hermano D. Alonso envalentonados en que han de moler esta presente temporada. El trapiche propio de Vs. hace cinco días que empezó a moler con agua bastante pues en cinco días no ha dejado de llover y al mismo tiempo nevar, cosa que en este país se ve muy poco, esto es todo cuanto hay que poder decir a Vs. Como el que me mande que le obedeceré gustoso.

                                   Marvella y diciembre, 20  de 1751.

                                                                        Pedro Millán Fernández

Cada vez que la lluvia cae recuerdo esta carta, escrita por el  arrendatario del Trapiche del Prado, entre el miedo a los Domínguez y la alegría de sentir girar la voladera.

Cada aguacero precipita un poco más la ruina del Trapiche, ¿Quién confía ya en su salvación?

 

Calle Este-Oeste

Philippe SANDS, Calle Este-Oeste (Barcelona: Editorial Anagrama, 2017)

Por elogiosas que sean todas y cada una de las reseñas que han aparecido sobre este libro serán pocas e insuficientes para dar cuenta de su maestría, de su originalidad y de la aportación que supone para el conocimiento de la genealogía del Derecho Internacional Humanitario.

La obra nos acerca a la trayectoria vital de Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin, introductores de los conceptos de “Crímenes contra la Humanidad” y “Genocidio”. La incorporación del primero en la sentencia de los jerarcas nazis juzgados en Núremberg, entre 1945 y 1946, fue reconocida por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sentó las bases para la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. En Núremberg, en palabras de Philippe Sands, Raphael Lemkin quedó desolado, el Genocidio fue omitido en la sentencia. El jurista no cejó en el empeño y en diciembre de 1948, la ONU adoptó la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.

Frente a lo que cabría pensar no fue el Holocausto lo que desencadenó la preocupación del jurista por la protección de los grupos nacionales, sino el exterminio, durante la Primera Guerra Mundial, de la población armenia en el Imperio Otomano. Cuando aún era estudiante, en la década de los veinte, asistió al proceso de un joven armenio que había asesinado a un ex ministro del Imperio Turco. El abogado defensor argumentó en su favor jugando a la carta de la identidad.

Las vidas de Lauterpacht y Lemkin transcurren en esa Europa centro oriental que tan magistralmente retrató Stefan Zweig poco antes de suicidarse, aterrado por la progresión del nazismo. El mismo escenario que en Versalles vio morir el Imperio Austro-Húngaro y nacer estados heridos por el Tratado de las Minorías.

Ambos juristas nacieron en la Galitzia austriaca, convertida en polaca en 1918, en la misma región que otro de los protagonistas, Leon Buchholz, abuelo del autor. Los tres judíos, los tres heridos por la barbarie del Holocausto recomponen sus vidas lejos de Lemberg, Lwów o Lviv que es la misma ciudad con tantos nombres como identidades tuvo. Pero antes, a través de una historia que Leon jamás contó a su nieto, por Calle Este-Oeste pasan los enfrentamientos nacionales en la recién nacida Polonia; la Viena de entreguerras cada vez más cercana al paroxismo de la vecina Alemania; el asesinato de Dollfuss y El Anschluss.

Para los judíos vieneses y alemanes comenzó un viaje en dirección este, hacia el infierno. Las dos bisabuelas del autor lo recorrieron juntas hasta morir en el campo de Theresienstadt en el territorio que había sido Checoslovaquia.

La Francia ocupada es el escenario donde transcurre la otra vida de Leon. Su nunca mencionado papel en la Resistencia fue ignorado por su familia hasta que el autor lo descubrió en una fotografía junto a De Gaulle. Cuando en 1945 la familia Buchholz se autoimpuso el silencio sobre sus familiares desaparecidos en los campos de exterminio, Lauterpacht y Lemkin estaban a punto de culminar en Núremberg el gran proyecto de sus vidas, el final de Hans Frank –el cuarto protagonista del libro— se acercaba. Este, ministro de Hitler, también jurista, contribuyó a redactar las leyes raciales del III Reich promulgadas en la misma ciudad en la que se le estaba juzgando.

El relato de la vida de Hans Frank es una evocación del dominio sobre la parte de Polonia que le correspondió a Alemania en el reparto con Stalin. El gobernador general de los territorios polacos tuvo jurisdicción absoluta entre Cracovia y Varsovia. Tras la Operación Barbarroja, la Galizia austriaca fue arrebatada a los soviéticos. Entonces, Lwów volvió a llamarse Lemberg.

Cualquiera que haya leído Kapput, además de quedar hechizado por los caballos de hielo, vislumbra en Frank, lo que Arend llamará “la banalidad del mal”. Curzio Malaparte retrata una apacible cena cortesana en el castillo de Wawel, en Cracovia. Mientras en fuentes de plata se sirve oca asada, el “rey de Polonia” diserta sobre filosofía, música y arte. En Varsovia, el gueto era, según explicó Frank a Malaparte, solo un lugar mugriento. Allí miles de judíos esperaban ser deportados. A principios de 1942, en Wannsee, ya se había acordado “la solución final” para los once millones de judíos que había que eliminar del espacio vital alemán.

En Núremberg, Frank fue interrogado por el fiscal americano Jackson quien utilizó los diarios en los que el acusado, al dejar constancia de todos y cada uno de sus actos, se había incriminado. Sentenciado como criminal de guerra, fue condenado a muerte y ejecutado.

Difícilmente un historiador del siglo XX puede sustraerse a la seducción de una obra que es también un manual para el investigador. La utilización de fuentes primarias es exhaustiva: fuentes jurídicas, entre otras, los cuarenta y dos volúmenes que recopilan la documentación generada por el proceso de Núremberg; hemerográficas y memorialistas. Fotografías, cartas, documentos personales son los materiales con los que el autor ha construido la historia familiar. Junto a la utilización de archivos nacionales y los grandes centros dedicados a la memoria de la Shoa, Sands reconoce su deuda con pequeños archivos municipales, museos locales, incluso modestas colecciones de objetos y fotografías u obras de historiadores locales. Algo que debe ser valorado, dada la cínica práctica de cierto colonialismo historiográfico tendente a la utilización de la historia local, sin citar a los historiadores.

Y por último, la historia oral. El autor se ha servido de decenas de testimonios, pero es, sobre todo, la relación entablada con Niklas Frank, el hijo del gobernador de Polonia con quien visitó la sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg y con el hijo de Otto von Wächter, gobernador de la Galitzia ocupada, lo que permite al lector aproximarse a la relación que los descendientes de los criminales nazis mantienen con su recuerdo. Al respecto, Niklas admite la culpabilidad de su padre, mientras que el hijo de von Wächter la niega.

Philippe Sands, profesor de Derecho Internacional, vuelva a Lwów, en 2014. La ciudad, ahora en Ucrania, es Lviv, donde se reencuentra con la historia familiar.

Calle Este-Oeste nos da la oportunidad de reflexionar sobre el legado de los hombres que consiguieron que sobre el derecho soberano de los estados, puedan ser protegidos los derechos que como seres humanos tienen los individuos. Gracias a ellos, hoy Tribunales Internacionales pueden castigar el asesinato, la desaparición forzosa y la tortura, en definitiva la violación de los derechos humanos cometida por criminales de guerra. En España, Garzón no pudo con ellos, duermen en el lecho eterno de la impunidad.