El franquismo se fue de fiesta

HERNÁNDEZ BURGOS, Claudio y RINA SIMÓN, César (eds.): El franquismo se fue de fiesta. Ritos festivos y cultura popular durante la dictadura, Valencia: Universitat de València, ISBN: 978-84-1118-003-0, 2022.

Este libro aborda, desde una amplia perspectiva cronológica y geográfica y con un enfoque histórico y cultural, la poliédrica relación de la dictadura franquista con las fiestas populares, como referentes políticos, sociales y culturales fundamentales para comprender el siglo XX. De esta forma, se abarca un amplio abanico de formas y expresiones que van desde las estrategias del régimen para convertir los entornos festivos en espacios de afirmación nacionalcatólica o fascistización a los comportamientos heterodoxos o contestatarios tolerados en el marco del ritual. Se analizan en profundidad fenómenos festivos como Las Fallas, los Sanfermines, la Semana Santa en Andalucía, las fiestas mayores de Cataluña, la romería de El Rocío, el folklore de la Sección Femenina, el Día de Asturias, las fiestas rurales en Mallorca o los Carnavales de Cádiz. El análisis de estas festividades y de su evolución, mediante enfoques que priorizan una mirada «desde abajo», permitirá replantear cuestiones esenciales en torno a la legitimación, el espacio público y las expresiones culturales de la dictadura franquista.

En esta obra han participado investigadoras e investigadores referentes en cada uno de los temas abordados. Los capítulos que componen el libro responden a unos objetivos, una metodología y un marco conceptual compartidos, lo que permite que pueda leerse de forma unitaria. El resultado es una interpretación pionera de la evolución de las fiestas y los ritos populares y de las tensiones de estos con los imaginarios adaptativos del franquismo, que se apoyó en la resignificación de estas celebraciones para legitimarse y consolidarse.

SUMARIO [PDF]

LA REPÚBLICA: GUERRA Y EXILIO

SÉPTIMO COLOQUIO. 90 ANIVERSARIO II REPÚBLICA
LA REPÚBLICA: GUERRA Y EXILIO
Sevilla, 19-21 abril 2022

[Aula XVI Facultad de Geografía e Historia/Paraninfo de la Universidad de Sevilla]

Coordinadoras:
Inmaculada Cordero Olivero – Mª Carmen Fernández Albéndiz
Universidad de Sevilla

Reunión de las Cortes Españolas en Valencia (1 de diciembre de 1936)

PROGRAMA:

Martes 19 de abril

18.00 h. Inauguración:
Javier Navarro Luna
, Decano de la Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla
Fernando Martínez López, Secretario de Estado de Memoria Democrática.
Inmaculada Cordero Olivero-Mª Carmen Fernández Albéndiz, Coordinadoras del Coloquio

18.15 h. Lucía Prieto Borrego, Profesora Titular de Historia Contemporánea. Universidad de Málaga:
“Los caminos de la derrota. Desplazamiento y acogida en la retaguardia republicana”

19.15 h. Julián Chaves Palacios, Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Extremadura:
“El exilio de 1939 y la restauración de la República en España: de la esperanza a la decepción”

Modera: Mª del Carmen Fernández Albéndiz (Universidad de Sevilla)

Miércoles 20 de abril

18.00 h. Carmen Fernández Albéndiz, Profesora Titular de Historia Contemporánea. Universidad de Sevilla:
“Guerra y represión: el doloroso destino de los republicanos españoles”

19.00 h. Inmaculada Cordero Olivero, Profesora Titular de Historia Contemporánea. Universidad de Sevilla:
“Exilio republicano de 1939: balance y prospectiva”

Modera: Leandro Álvarez Rey (Universidad de Sevilla)

Jueves 21 de abril

18.00 h. Bárbara Ortuño Martínez, Profesora Ayudante Doctora de Didáctica General y Didácticas Específicas. Universidad de Alicante:
“¿Que no los ve usted mirándonos como bestias…? Recepción e integración del exilio republicano de la guerra civil en los países de acogida”

19.00 h. Jorge de Hoyos Puente, Profesor Contratado D octor de Historia Contemporánea. UNED-Madrid:
“La Segunda República reinterpretada desde el exilio: del país perdido a la revisión crítica”

Modera: Inmaculada Cordero Olivero (Universidad de Sevilla)

Clausura: Leandro Álvarez Rey (Universidad de Sevilla), coordinador académico de los Coloquios conmemorativos del 90 aniversario de la Segunda República.

ORGANIZA

COLABORA

Pueden seguir el evento en la sala pública (sin inscripción):

https://eu.bbcollab.com/collab/ui/session/join/9d256082c2b5425ca538a0e09b9efb56

La guerra de España en nuestras raices

¿Qué recuerdos, imágenes o emociones fueron transmitidas en tu núcleo familiar en relación con la guerra y la dictadura de Franco?

¿Cómo crees que los hechos ocurridos a tus ancestros o los recuerdos, imágenes o emociones transmitidas te han afectado —conscien- te o inconscientemente— como historiador? ¿Han influido a la hora de elegir tus temas de estudio, tus metodologías, tus enfoques, tus argumentaciones?

Estas son algunas de las preguntas que el editor de este libro propuso responder a 17 historiadores —nacidos entre 1941 y 1990— que han destacado por su contribución a los estudios de la guerra de 1936 y la dictadura de Franco. Precedido de un ensayo introductorio sobre el tema, La guerra de España en nuestras raíces es un experimento, un laboratorio de ideas para reflexionar sobre el papel de la subjetividad en la construcción del conocimiento del pasado. Cada uno de los autores ha aportado su reflexión personal. En este sentido, el libro no pretende dar respuestas cerradas ni argumentos fuertes sino todo lo contrario: abrir  un espacio  de reflexión  dentro y fuera del campo profesional de la historia.

El libro está  dirigido  a  un público con cierta formación cultural, académico en general y especialista o interesado en debates sobre el conocimiento del pasado, la epistemología y la función social del historiador.

Ficha técnica:

Jorge Marco (ed.), La guerra de España en nuestras raices. Ancestros, subjetividad y el oficio del historiador. Madrid, Postmetropolis Editorial, 2022, Selección Post 9, 440 pags. ISBN: 978-84-124738-4-1. Formato: 15 X 22 cm. Precio: 20 euros (IVA incluído).

PRIETO BORREGO, Lucía: «Una familia sin memoria de la guerra», pp. 233-250.

La prostitución en la España de la primera mitad del siglo XX

memoria e historia es una web a cargo del investigador en Historia Francisco Leira, con el objetivo de abordar el estudio del pasado reciente de un modo didáctico y divulgativo. El 22 de febrero de 2022 ha publicado un podcast donde Begoña Etxenagusia y Lucia Prieto debaten sobre la prostitución en el Protectorado español de Marruecos y en la Guerra Civil española y el franquismo hasta la primera mitad del siglo XX.

Por si es de vuestro interés, en el siguiente enlace podeis acceder al mismo: La prostitución en la España de la primera mitad del siglo XX

Grand Hotel Europa

PFEIJFFER, Ilja Leonard (2021): Grand Hotel Europa. Traducción de Gonzalo Fernández Gómez. Narrativa del Acantilado, 347. Barcelona: Acantilado.

Al lector que se acerca a esta obra le atenaza el temor a no estar a la altura de un relato complicado. Admite con resignación que solo historiadores del arte pueden disfrutar del ritmo que marca la obsesiva búsqueda del último cuadro de Caravaggio.

La tormentosa vida del más irreverente de los pintores barrocos es bien conocida. Sin embargo, la minuciosidad con la que el autor aborda su programa iconográfico invita a la retirada de una materia en la que el profano se siente intruso. Pero quien regala un libro así, merece que le cuenten el final. Sí, al menos, bajo un sol ardiente, en Roma se vio obligado a peregrinar a Santa María del Popolo y a San Luis de los Franceses. A esas iglesias se dirigen los enamorados del tenebrismo.

Ilja Leornard Pfeijeffer, poeta y escritor holandés, presta su nombre y su oficio a un personaje literario. Culto, refinado, elegante, cosmopolita y económicamente solvente, el Ilja ficticio se refugia en el Grand Hotel Europa. Allí, en una suite decadente, decorada con antigüedades, relata su complicada relación con una historiadora del arte y escribe con lágrimas de tinta sobre su abandono y el desamor. Antes, la pareja ha vivido su enamoramiento en Génova, Venecia y La Valeta. La ciudad de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén puede acoger, según la teoría de su novia, experta en el pintor, un cuadro con la imagen de la Magdalena que nunca ha sido encontrado. La hipótesis se apoya en el estudio iconológico de las tres obras que el pintor regaló, poco antes de morir (1610), al cardenal Borgüese.

Quizá el autor elabora la imaginativa trama novelesca a raíz del sorprendente hallazgo (2014) del famoso cuadro extraviado. La experta –real— en Caravaggio, Mina Gregori lo identificó en una colección privada holandesa. Para Clío, la historiadora ficticia, el cuadro hallado no puede ser la Magdalena pintada para el cardenal Borgüese. Su iconografía no es la del arrepentimiento sino la del pecado; es una pintura cuya carga erótica impide que sea destinada a una jerarquía eclesiástica por lo que debió ser destinada a la Orden de Malta. Y asegura que en aquel antiguo enclave británico se encuentra el cuadro.

Louis Finson, Magdalena en éxtasis (copia de Caravaggio). Hacia 1612. Marsella, Museo de Bellas Artes. Fuente: ARS Magazine, https://arsmagazine.com/las-magdalenas-de-caravaggio-se-descubren-en-paris/.

Tan solo la elección de los escenarios italianos, tratados como literatura viajera, justifica el inevitable apego a la novela. Incluso si solo fuera una novela, pero no lo es. El lector advierte que está prendido en una red tejida con hilos de ficción y de realidad, que el pasado y la actualidad se superponen. Y recobra la confianza al comprobar que está ante un ensayo presentista.

El relato inventado que Ilja escribe en el Grand Hotel es como la sombra en la pintura de Caravaggio: la envoltura que da sentido a una escena iluminada. Como en San Luis de los Franceses, Cristo señala a Mateo a través de un rayo de luz, la pluma de Pfeijeffer señala a Europa.

Sobre el continente se proyectan algunas de las claves del mundo contemporáneo. El autor elige analizarlas mediante el debate intelectual. Su alter ego dialoga en los salones del Grand Hotel con Patelski. Un contertulio que supone profesor de Historia, filosofo, politólogo y hombre de letras, en definitiva un humanista. Para él, Europa solo es pasado. Lo que define a Europa es el peso de la Historia y siguiendo a Steiner afirma que no existe una identidad europea con anterioridad al siglo XIX. Sería pues un asunto, como el nacionalismo, derivado del afán de la burguesía. De ese argumento, deviene la preocupación por los peligros que acechan a la cultura europea. Ambos personajes, asumen la europeidad como procedente de una civilización, simbiosis de la verdad revelada y de la razón. Una interpretación que preocupa diferenciar de la extrema derecha que contempla solo la herencia judeocristiana, ahora amenazada por el Islam.

La inmigración es un tema recurrente en ese debate que entretiene las veladas, sobre todo, porque el entrañable Abdul, un muchacho acogido por el director del hotel, es la personificación del refugiado. Ha aprendido a hablar la lengua de su nueva patria y, tras sobrevivir a la travesía de un desierto de arena y otro de agua, lee a Virgilio. Quien conoce la historia de cualquier Abdul, dice Patelski, lo considerará un hermano pero muchos refugiados serán percibidos como una amenaza. Desde su humanismo se distancia del rechazo a la emigración. Quienes pretenden cerrar la puerta al refugiado ignoran que la migración obedece a situaciones provocadas por guerras que desencadenan los intereses del mundo occidental y que la pobreza procede de la explotación colonial de África por los europeos. Europa debe revertir el flujo migratorio en su propio beneficio pues su sistema social es insostenible sin el emigrante.

Si Abdul es el pretexto para abordar el tema del refugiado, la búsqueda de la Magdalena en Malta es utilizada para denunciar la política migratoria del microestado que acepta los cadáveres que devuelve el mar pero impide la entrada de migrantes vivos. Allí no hay personas de piel oscura porque estorbarían la principal vocación de la isla, el turismo. Precisamente este fenómeno es a lo largo de la obra contrapuesto varias veces con el de la migración. La conclusión es evidente: Europa acepta a quien viene a gastar dinero pero rechaza a quien pretende obtenerlo trabajando.

Con los efectos del turismo de masas el autor es implacable. Los analiza en dos ciudades que conoce bien: Venecia y Ámsterdam. Ambas a partir de la traumática transformación de su fisonomía y de sus funciones pueden ser igualmente Barcelona o Málaga. Las ciudades europeas han vendido su alma al turismo, han convertido sus centros históricos en parques temáticos en los que han desaparecido los comercios tradicionales fagocitados por las franquicias. Sus habitantes han sido expulsados por los astronómicos precios de los alquileresy su gastronomía basada en los productos autóctonos ha sido desplazada por la comida basura que permite un consumo rápido.

El autor proyecta su visión sobre el turismo de masas a partir de un desprecio absoluto a la apariencia y comportamiento del turista. Su mirada es elitista, al fin es un intelectual acomodado que camina por Venecia con una estudiada combinación de traje y camisa de seda. Una ciudad tan distinta a la descrita por Jan Morris –que la vivió cuando era hombre y la volvió a mirar cuando fue mujer— que exaspera al autor. Pero el abordaje del fenómeno turístico va más allá del sarcasmo y de la ironía del novelista. El analista disecciona el proyecto MOSE diseñado en la década de los ochenta para detener el hundimiento de Venecia. Un proyecto sin culminar que ha derivado en uno de los mayores casos de corrupción en Italia. No con menos rigor analiza el caso de Holanda. Son los intereses económicos de las empresas multinacionales y extranjeras, minuciosamente enumeradas, las que se benefician del turismo en su país. Para el amigo neerlandés de Ilja, ese turismo masivo y depredador causa perjuicios a los propios holandeses y suponen costes para el sector público que propicia el enriquecimiento de unos pocos inversores.

El turismo, según los argumentos que recoge el narrador para una supuesta novela, puede tener mayor capacidad de disolución de culturas e identidades locales que la emigración. Pero si el interés económico desmedido sirve para disolver identidades también sirve para construirlas.

Europa sólo se sostiene por el legado de un pasado que, paradójicamente, tiene la capacidad de destruirla pero también otros pasados se construyen en territorios que fueron porosas fronteras del Islam. De nuevo una ciudad sirve al interés del autor por la identidad. Bajo el pretexto de presentar su última novela, el protagonista viaja a Skopie ¿Cómo no recurrir a la tormentosa historia de los Balcanes? En aquella ciudad, la de las mil estatuas, el escritor queda estupefacto por la hiperbólica representación de la historia de Macedonia. Pero las estatuas no son de bronce y la arquitectura no es real. Es un megalómano proyecto urbanístico, diseñado en 2014 para la imprescindible creación de una nación cuyo nombre los griegos consideran una impostura. La impresionante estatua ecuestre de Alejandro Magno, impactante por sus dimensiones, horroriza al espectador. Representa la victoria de los macedonios del norte sobre sus vecinos. Para el autor es tan inverosímil la pretensión de convertir al hombre que helenizó el mundo antiguo en un príncipe provinciano, como que los griegos olviden que un rey macedonio conquistó la Hélade.

La creación de paisajes urbanos de estilo socialista-nacional fue común, ya durante las últimas décadas de la URSS, a las repúblicas destinadas a ser estados independientes. Pero el culto al mito a través de la arquitectura se desarrollará en el espacio postsoviético como en Astana, capital de Kazajistán o en la capital de Uzbekistán cuya plaza está dedicada a Tamerlán. No resulta, pues, extraña la analogía con la plaza de Skopie. Quizá sea el efecto que la arquitectura del poder causa en un esteta como Ilja, lo que explique su tono cáustico del argumento que niega el valor de la Historia a la para asociar un territorio a una nación. Pero mucho peor que la invención del pasado es que dos comunidades se lo disputen. Esa es la tragedia de Macedonia, afirma dolorosamente una guía cuando se le pregunta por la convivencia con los albaneses. Ese pueblo islamizado quedó en 1912 fuera de las fronteras recién trazadas de Albania y desde entonces ha clamado por su ser nacional en Macedonia y Serbia. Tito quiso que fuera yugoslavo dotando de una autonomía a Kosovo que Milosevic les sustrajo. Fue el detonante de la desaparición de Yugoslavia.

Del papel jugado por el pasado en naciones que han nacido anegadas en sangre ha advertido suficientemente Todorov. Las últimas guerras del siglo XX han sido identitarias y necesariamente el conflicto étnico había de tener cabida en una obra que se interroga por la identidad del europeo.

El título del libro hace referencia a un espacio tan seductor como irreal del que el lector ignora su localización. El Grand Hotel con su biblioteca, su chimenea, sus retratos al óleo, su gran lámpara de cristal y su monumental escalera evoca la plácida vida de la burguesía decimonónica. La misteriosa anciana que vive recluida en un apartamento del hotel es una metáfora de la vieja Europa. Muere cuando un empresario chino compra el establecimiento y sustituye las pinturas al oleo por laminas vulgares. El señor Wang es la potencia económica emergente que convertirá el exclusivo establecimiento en un hostal para clientela asiática. Los exquisitos huéspedes son también personajes metafóricos; la élite intelectual, Patetelky; la elegancia y el buen gusto del burgués liberal, el protagonista; el intratable turismo de masas, la familia americana. Abdul es la metáfora del migrante y el señor Montebello, de la decadencia El autor parece resistirse a que el legado europeo tenga precio en Abu Dabi. Porque el Grand Hotel, es decir Europa, posee el cuadro que ningún jeque del desierto alcanzará: la Magdalena Penitente de Caravaggio: humillada y arrepentida. Este final impredecible parece ser la advertencia de un europeo: la herencia cultural de Europa sobrevivirá a su decadencia.

Marbella, un apunte en la obra de Juan Marsé

En la introducción de Viaje al sur (Juan Marsé, 2020) constan los avatares de su proceso editorial. Encargada por Ruedo Ibérico en 1962, tenía por objeto contrarrestar la propaganda franquista en el exterior. Se trataría de un libro de viajes, ilustrado por las fotografías de Albert Ripoll Guspi. Entregado a la editorial en 1963, no fue publicado. Llegó con el legado del director de Ruedo Ibérico al lugar que custodia la memoria libertaria: el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdan.

Durante décadas el autor se resignó a la pérdida del manuscrito cuyo primer borrador fue hallado en 2012 por su biógrafo. También se habían extraviado las fotografías de Guspi. En su busqueda se afanaba un equipo que investigaba por entonces la recopilación de canciones antifranquistas por parte de musicólogos italianos. Aunque el editor no da muchos datos sobre aquella investigación, no hay duda de que se trata del proyecto impulsado por el Partido Comunista italiano del que resultó Canti della nuova resistenza spagnola 1939-1961 (Alberto Carrillo, 2012). Esta obra, prohibida por el franquismo, obligó a Fraga a compartir su ensañamiento contra Ruedo Ibérico. Fue el hallazgo de las fotos de Guspi lo que condujo al manuscrito original. En realidad no se había perdido, se buscó de forma equivocada. Marsé para evitar represalias lo entregó en 1963 bajo un seudónimo y con otro título pero lo olvidó. Recordó de repente, poco antes de morir, que el manuscrito podía haber sido archivado bajo estos registros, el original fue recuperado. Es el que hoy ofrece Lumen, capaz de fascinar al más exigente lector.

No fue Marsé el único escritor que se enfrentó al franquismo con letras viajeras. Viaje al Sur sigue la estela, por poner un solo ejemplo, de Juan Goytisolo: Campos de Níjar (1960) y La Chancla (1962). Tampoco fue el único retrato que se hizo de aquella España con una finalidad política. Diez años antes, con su conocido y controvertido ensayo fotográfico, «Spanish Village» (LIFE, 1951), W. Eugene Smith había pretendido evitar el préstamo de Estados Unidos a Franco. Estaba convencido de que la ayuda económica beneficiaría tan sólo a la dictadura. La pobreza y el fatalismo de un pueblo extremeño, retratado por Smith, prolonga el paisaje de posguerra que refleja Gerald Brenan en La faz de España (1950). En 1949, Pitt Rivers llegaba a Grazalema para escribir lo que se convertiría en la primera monografía de antropología social sobre España. Años después (1957) Ronald Fraser convirtió Mijas en el laboratorio de un nuevo paradigma historiográfico: la historia oral. En la mirada de antropólogos e historiadores foráneos quedó prendida la expresión de rostros hambrientos, imágenes del miedo, del aislamiento, del mercado negro y de la marginalidad social. Por supuesto en los medios del régimen, periodistas como Gaspar Gómez de la Serna y Wenceslao Fernández Flórez negarían que esas realidades representaran la situación en España.

El editor de Viaje al Sur aventura que el libro no fue publicado porque el director de Ruedo Ibérico, lo consideró demasiado literario e insuficientemente crítico con el Régimen. Sin embargo, la belleza del relato no oculta que el escritor focalizó su mirada en la memoria viva de una España negra que contradecía los logros del Plan de Estabilización Económica (1959).

El periplo andaluz del escritor, otro compañero y el fotógrafo se inicia en Sevilla, ciudad que seduce a los viajeros. Sin embargo, cualquier interés por su monumentalidad y belleza es desplazado por la atención prestada al Real Círculo de Labradores y Propietarios. Resulta obvia la intención de retratar la atmosfera que envuelve al grupo de poder históricamente hegemónico en Andalucía. El carácter elitista del Casino no le impide una rápida inspección en la que toma nota de los apellidos más representativos del caciquismo andaluz. El autor no disimula su desprecio.

El desinterés por los aspectos patrimoniales se repite en Jerez. El autor que viaja acompañado de un ejemplar de Los latifundios en España de Pascual Carrión (1932) reflexiona sobre la persistencia de la concentración de la propiedad agraria y sobre sus efectos, la emigración. Su mirada se posa en los aspectos que niegan la existencia en España del Estado del Bienestar: la situación de las escuelas, la desigualdad, la explotación infantil, el fanatismo religioso y la conflictividad laboral. La denuncia más aguda resulta del impresionante reportaje fotográfico realizado en un inmenso enclave chabolista de Bárbate: “una negruzca mancha de aceite”. Es El Zapal, un submundo hecho de chapa y madera por el que corren niños desnudos y desnutridos pero bellos.

Tampoco interesan al autor las manifestaciones de la cultura andaluza ni el folklore. Considera a los pequeños grupos de escritores y poetas que conoce incultos, provincianos y despolitizados. No es su caso. Las impresiones anotadas en Rota concuerdan en plena Guerra Fría con el antiimperialismo y el antimilitarismo de la izquierda Europea. Se muestra tan despectivo con el militar americano como con el chulesco legionario que encuentra en Ronda.

De esta ciudad precisamente parten hacia la costa por una carretera que seguía siendo como en siglos anteriores, tortuosa.

El 22 de octubre cuando Kennedy anunció a los estadounidenses el descubrimiento de rampas de misiles en Cuba, los viajeros arribaron a Marbella. Encontraron un ambiente otoñal, las hojas cercaban las rejas, sobre la arena dormitaban las apagadas sombrillas… Aún algunas personas pasean junto a la orilla del mar. El viajero se fija en la piel rosada de las extranjeras, en la indecisión de quienes dudan sobre bañarse o no. Pero su atención de inmediato se proyecta sobre un hombre que camina pensativo. Lo identifica como “el joven cazador de extranjeras, ahora vacante que pasea su soledad”. Marsé traslada a la playa de Marbella a un arquetipo de masculinidad que ha conocido bien en las costas catalanas. La descripción de la representación, interpretada por la historia cultural, como la adaptación a la modernidad del mito de don Juan, es tan precisa como virtuosa. Pero el lector ignora si ese tipo, entre oportunista y desolado, provoca en Marsé rechazo o empatía.

Junto a ese joven, ocioso hasta el próximo estío, los protagonistas del relato son representaciones de las clases trabajadoras. El escritor charla con ellos en el Bar Agrícola, posiblemente se refiera al bar de la Casa Sindical en el que los viajeros comen callos y pescado frito. Allí charlan con campesinos, camioneros y albañiles sobre condiciones laborales y salarios. Fugazmente el relato refleja las expectativas que ofrece la construcción. En Marbella, según le cuenta un peón de Mijas, las jornadas son de diez horas pero los salarios son más altos. Trabaja en la actividad que transformará para siempre el litoral: el rebaje de la playa para la construcción de hoteles.

La Casa Sindical, finales de los años noventa del siglo XX. Fotografía: José A. Prieto

No hay en las palabras de este trabajador la desesperación del endémico parado andaluz sino las expectativas de un mundo en transformación: “gracias a Dios hay trabajo para muchos años aunque uno no pueda vivir decentemente”. En Marbella, escribe Marsé, no hay excepto “la fauna veraniega”, nada interesante. Reconoce que el pueblo es bonito y limpio pero no le seduce en absoluto. El desapego es tal que no se ocupa, como en los pueblos por los que ha pasado, de ningún referente arquitectónico urbano. Sorprendentemente el único elemento que llama su atención es el conjunto de hornacinas “de una catetez sublime en las paredes de las calles”. El ácido comentario no difiere de los que dedica a las manifestaciones religiosas pero sorprende que precisamente se fijara en esas modestas oquedades sin reparar en la belleza barroca de la Encarnación o en el ruinoso encanto de la Alcazaba.

El interés del viajero se desplaza del escenario a los actores que lo habitan. Pero los tipos que elige visibilizar no responden a la representación de la España atrasada que se pretende mostrar. Por el contrario tanto el canon de masculinidad del tardofranquismo como el tipo de trabajador retratado son evidencias de la modernidad y resultado del desarrollo turístico y económico.

En la Marbella de principios de los sesenta era imposible obviar la realidad de una prosperidad que era la principal seña de la ciudad en el imaginario colectivo.

Marsé parece asumir que su crónica no podría empañar el brillo de un icono que ya era internacional y formaba parte de la estrategia propagandística del Régimen. Pero no renunció a utilizar en contra de la imagen exterior de España, uno de los elementos que más daño podían hacer a la dictadura: la presencia de nazis en Marbella. Describe una imagen fugaz pero impactante: un hombre con botas de montar, sobre un caballo blanco, blandía su fusta “en el más estilo nazi”. Era, según la crónica del viaje, un antiguo SS, miembro de una comunidad de alemanes que el autor presupone muy activa e influyente.

La presencia de jerarcas del III Reich en las costas españolas ha venido alimentando variadas narrativas que abarcan desde la ficción al reportaje. Pero a principios de los sesenta esa evidencia podía estorbar el anhelo de una política exterior europeísta. El régimen de Franco había optimizado sus relaciones con la República Federal Alemana tras aceptar la devolución de bienes alemanes retenidos desde 1945. Albergar nazis en su territorio no facilitaría el anclaje de España en el bloque occidental.

En la inmediata posguerra, no pocos ciudadanos alemanes habían sorteado la demanda de extradición solicitada por los Aliados. En los años sesenta, el oscuro pasado, incluso de miembros de la Gestapo como Hans Hoffman, se había «olvidado» y nadie cuestionaba su permanencia en España (Cristian Cerón, 2008). Pero de forma paralela, en la República Federal Alemana, el fiscal Otto Bauer impulsaba la detención de Eichman, juzgado en Jerusalén en 1962. En Francia intelectuales comunistas apoyaban las demandas del grupo de Fráncfort que exigían la total desnazificación de Alemania.

Marsé no ignoraba que de la denuncia de la protección de criminales de guerra en España se derivaban ventajas para el movimiento antifranquista.

¿Quién era el hombre que sobre un caballo blanco vio Juan Marse en Marbella, el 22 de octubre de 1962?

La memoria oral de la época y la bibliografía local sobre aquel tiempo recoge la presencia de nazis en los establecimientos pioneros en la costa malagueña (Ana María Mata, 2005). Entre los primeros hoteles estuvo el Hotel Marbella Club, propiedad de la familia Hohenlohe, alemanes étnicos de Checoslovaquia (Antonio Rodríguez Feijóo, 2011). La vida de Max Egon zu Hohenlohe-Langenburg antes de su llegada a Marbella es hoy objeto de investigación por su importante papel en la Crisis de los Sudetes (Tereza Kozlová, 2016). Colaborador de Konrad Henlein, líder del partido nazi de aquel territorio, desarrolló una intensa labor diplomática para el reconocimiento de la incorporación de los Sudetes a Alemania, culminada por los Acuerdos de Múnich (1938). Pero el ocultamiento en la costa mediterránea de nazis no se explica por el asentamiento previo de familias de origen germánico sino por el apoyo total del régimen de Franco.

Hoy resulta bien conocida la identidad y la actividad de importantes jerarcas nazis que como Skorseny, el más famoso y peligroso, se afincaron en España. Pero posiblemente la mayor parte de los fugitivos nazis que vivieron en la Costa lo hicieron en el anonimato y bajo nuevas identidades. Una cosa es que el Régimen y sus representantes locales los protegieran y los ocultaran y otra que se exhibieran con una estética que los delataba. No se puede olvidar que vivían bajo otras identidades y que en Marbella habitaban franceses y británicos que los detestaban. No creo que el nazi que vio Marsé tuviera nombre propio y que paseara con cualquier signo que permitiera al viajero identificarlo como miembro de las SS. Más bien parece una representación literaria, quizá la única que el viajero encontró en Marbella para desprestigio del Régimen.

Bibliografía citada:

BRENAN, Gerald: The face of Spain, London, Turnstile Press, 1950 (La faz de España, Barcelona, Plaza & Janés, 1985).

CARRILLO-LINARES, Alberto: «Antifranquismo de guitarra y linotipia. Canciones de la nueva resistencia española (1936-1961)», Ayer, 87 (2012), pp. 195-224.

CARRIÓN, Pascual: Los latifundios en España, Madrid, Gráficas Reunidas, 1932.

CERÓN TORREBLANCA, Cristian: «Fugitivos nazis en la Costa del Sol», Andalucía en la Historia, 20 (2008), pp. 76-79.

FRASER, Ronald: MIJAS. República, guerra, franquismo en un pueblo andaluz, Barcelona, Antoni Bosch, 1985.

GOYTISOLO, Juan: Campos de Níjar, Barcelona, Seix Barral, 1960.

GOYTISOLO, Juan: La Chancla, París, Librería Española, 1962.

KOZLOVÁ, Tereza: Max Egon zu Hohenlohe-Langenburg a Československo. Diplomová práce. Univerzita Karlova, Filozofická fakulta, Ústav světových dějin. Vedoucí práce Horčička, Václav, 2016.

MARSÉ, Juan: Viaje al sur, Barcelona, Lumen, 2020.

MATA LARA, Ana María, Un hombre para una ciudad. Ricardo Soriano, Marbella, autoedición, 2005.

PITT-RIVERS, Julián A.: Un pueblo de la sierra: Grazalema, Madrid, Alianza, 1989.

RODRÍGUEZ FEIJÓO, Antonio: «Alfonso Hohenlohe Iturbe [1924-2004]», en Antonio PAREJO (dir.): Grandes empresarios andaluces, Madrid, LID,2011, pp. 644-651.

SMITH, W. Eugene: «Spanish Village», LIFE, 9 de abril de 1951.

Pensamiento crítico, feminismo y género, en perspectiva histórica: España-Argentina

Este Workshop Internacional se realiza en formato online a través de Microsoft Teams y para asistir se puede hacer a través del siguiente enlace: http://u.uma.es/bTc/

Los materiales de trabajo se pueden consultar previamente a través del siguiente enlace: https://drive.google.com/drive/u/0/folders/1UM_goWgjQDGNFIvGtAdE3OLB09VOP43