Llueve y nieva sobre el Trapiche del Prado

La lluvia y la nieve permiten la molienda de cañas dulces a pie de Sierra Blanca, el comisionado en Marbella de la Santa Inquisición informa de la actividad plena del Trapiche del Prado pero también del desafío que supone el anuncio del poderoso  Tomás Domínguez, dispuesto a poner en funcionamiento un nuevo molino de cañas en su cortijo de Miraflores.

 Dada en 31 de diciembre de 1751.

Sr. Guerrero, Juez de Bienes.

 Sr. Inquisidor Mayor:

Muy Sr. Mío sólo sirva esta de noticiar a Vs. como D. Thomás Domínguez y Vargas está alistando a toda prisa la molienda para moler cañas dulces en su cortijo y que también está haciendo fundición de su suelo de jarope con D. Blas Román y habiendo fundido dos veces se les ha desgraciado y no han podido sacar nada a la hora presente y vuelven a hacer otra fundición y no tiene para la cocina dicho cuatro calderetas de tachas y lo que van a fundir se salieren con ello. La molienda le oí decir a uno de los maestros que en breve estaba acabada; y está el dicho Domínguez como su hermano D. Alonso envalentonados en que han de moler esta presente temporada. El trapiche propio de Vs. hace cinco días que empezó a moler con agua bastante pues en cinco días no ha dejado de llover y al mismo tiempo nevar, cosa que en este país se ve muy poco, esto es todo cuanto hay que poder decir a Vs. Como el que me mande que le obedeceré gustoso.

                                   Marvella y diciembre, 20  de 1751.

                                                                        Pedro Millán Fernández

Cada vez que la lluvia cae recuerdo esta carta, escrita por el  arrendatario del Trapiche del Prado, entre el miedo a los Domínguez y la alegría de sentir girar la voladera.

Cada aguacero precipita un poco más la ruina del Trapiche, ¿Quién confía ya en su salvación?

 

Calle Este-Oeste

Philippe SANDS, Calle Este-Oeste (Barcelona: Editorial Anagrama, 2017)

Por elogiosas que sean todas y cada una de las reseñas que han aparecido sobre este libro serán pocas e insuficientes para dar cuenta de su maestría, de su originalidad y de la aportación que supone para el conocimiento de la genealogía del Derecho Internacional Humanitario.

La obra nos acerca a la trayectoria vital de Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin, introductores de los conceptos de “Crímenes contra la Humanidad” y “Genocidio”. La incorporación del primero en la sentencia de los jerarcas nazis juzgados en Núremberg, entre 1945 y 1946, fue reconocida por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sentó las bases para la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. En Núremberg, en palabras de Philippe Sands, Raphael Lemkin quedó desolado, el Genocidio fue omitido en la sentencia. El jurista no cejó en el empeño y en diciembre de 1948, la ONU adoptó la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.

Frente a lo que cabría pensar no fue el Holocausto lo que desencadenó la preocupación del jurista por la protección de los grupos nacionales, sino el exterminio, durante la Primera Guerra Mundial, de la población armenia en el Imperio Otomano. Cuando aún era estudiante, en la década de los veinte, asistió al proceso de un joven armenio que había asesinado a un ex ministro del Imperio Turco. El abogado defensor argumentó en su favor jugando a la carta de la identidad.

Las vidas de Lauterpacht y Lemkin transcurren en esa Europa centro oriental que tan magistralmente retrató Stefan Zweig poco antes de suicidarse, aterrado por la progresión del nazismo. El mismo escenario que en Versalles vio morir el Imperio Austro-Húngaro y nacer estados heridos por el Tratado de las Minorías.

Ambos juristas nacieron en la Galitzia austriaca, convertida en polaca en 1918, en la misma región que otro de los protagonistas, Leon Buchholz, abuelo del autor. Los tres judíos, los tres heridos por la barbarie del Holocausto recomponen sus vidas lejos de Lemberg, Lwów o Lviv que es la misma ciudad con tantos nombres como identidades tuvo. Pero antes, a través de una historia que Leon jamás contó a su nieto, por Calle Este-Oeste pasan los enfrentamientos nacionales en la recién nacida Polonia; la Viena de entreguerras cada vez más cercana al paroxismo de la vecina Alemania; el asesinato de Dollfuss y El Anschluss.

Para los judíos vieneses y alemanes comenzó un viaje en dirección este, hacia el infierno. Las dos bisabuelas del autor lo recorrieron juntas hasta morir en el campo de Theresienstadt en el territorio que había sido Checoslovaquia.

La Francia ocupada es el escenario donde transcurre la otra vida de Leon. Su nunca mencionado papel en la Resistencia fue ignorado por su familia hasta que el autor lo descubrió en una fotografía junto a De Gaulle. Cuando en 1945 la familia Buchholz se autoimpuso el silencio sobre sus familiares desaparecidos en los campos de exterminio, Lauterpacht y Lemkin estaban a punto de culminar en Núremberg el gran proyecto de sus vidas, el final de Hans Frank –el cuarto protagonista del libro— se acercaba. Este, ministro de Hitler, también jurista, contribuyó a redactar las leyes raciales del III Reich promulgadas en la misma ciudad en la que se le estaba juzgando.

El relato de la vida de Hans Frank es una evocación del dominio sobre la parte de Polonia que le correspondió a Alemania en el reparto con Stalin. El gobernador general de los territorios polacos tuvo jurisdicción absoluta entre Cracovia y Varsovia. Tras la Operación Barbarroja, la Galizia austriaca fue arrebatada a los soviéticos. Entonces, Lwów volvió a llamarse Lemberg.

Cualquiera que haya leído Kapput, además de quedar hechizado por los caballos de hielo, vislumbra en Frank, lo que Arend llamará “la banalidad del mal”. Curzio Malaparte retrata una apacible cena cortesana en el castillo de Wawel, en Cracovia. Mientras en fuentes de plata se sirve oca asada, el “rey de Polonia” diserta sobre filosofía, música y arte. En Varsovia, el gueto era, según explicó Frank a Malaparte, solo un lugar mugriento. Allí miles de judíos esperaban ser deportados. A principios de 1942, en Wannsee, ya se había acordado “la solución final” para los once millones de judíos que había que eliminar del espacio vital alemán.

En Núremberg, Frank fue interrogado por el fiscal americano Jackson quien utilizó los diarios en los que el acusado, al dejar constancia de todos y cada uno de sus actos, se había incriminado. Sentenciado como criminal de guerra, fue condenado a muerte y ejecutado.

Difícilmente un historiador del siglo XX puede sustraerse a la seducción de una obra que es también un manual para el investigador. La utilización de fuentes primarias es exhaustiva: fuentes jurídicas, entre otras, los cuarenta y dos volúmenes que recopilan la documentación generada por el proceso de Núremberg; hemerográficas y memorialistas. Fotografías, cartas, documentos personales son los materiales con los que el autor ha construido la historia familiar. Junto a la utilización de archivos nacionales y los grandes centros dedicados a la memoria de la Shoa, Sands reconoce su deuda con pequeños archivos municipales, museos locales, incluso modestas colecciones de objetos y fotografías u obras de historiadores locales. Algo que debe ser valorado, dada la cínica práctica de cierto colonialismo historiográfico tendente a la utilización de la historia local, sin citar a los historiadores.

Y por último, la historia oral. El autor se ha servido de decenas de testimonios, pero es, sobre todo, la relación entablada con Niklas Frank, el hijo del gobernador de Polonia con quien visitó la sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg y con el hijo de Otto von Wächter, gobernador de la Galitzia ocupada, lo que permite al lector aproximarse a la relación que los descendientes de los criminales nazis mantienen con su recuerdo. Al respecto, Niklas admite la culpabilidad de su padre, mientras que el hijo de von Wächter la niega.

Philippe Sands, profesor de Derecho Internacional, vuelva a Lwów, en 2014. La ciudad, ahora en Ucrania, es Lviv, donde se reencuentra con la historia familiar.

Calle Este-Oeste nos da la oportunidad de reflexionar sobre el legado de los hombres que consiguieron que sobre el derecho soberano de los estados, puedan ser protegidos los derechos que como seres humanos tienen los individuos. Gracias a ellos, hoy Tribunales Internacionales pueden castigar el asesinato, la desaparición forzosa y la tortura, en definitiva la violación de los derechos humanos cometida por criminales de guerra. En España, Garzón no pudo con ellos, duermen en el lecho eterno de la impunidad.

MARBELLA: DE CULTURA Y POLITICAS CULTURALES

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) aprobó en 2014 un documento sobre Gestión Municipal del Patrimonio Histórico-Cultural. Su principal fundamento son las recomendaciones para el desarrollo de planes municipales de gestión del Patrimonio, elementos “irrepetibles” de carácter material: yacimientos, edificios, restos… sujetos al peligro de degeneración o pérdida. Los programas, inspirados en el marco de los proyectos exigidos por la UNESCO se sustentan en varios ejes confluyentes: diagnóstico, proyectos de conservación, perspectivas de uso y viabilidad económica.

Hasta la experiencia más reciente del laissez faire la acción cultural municipal ha sido heredera del modelo dirigista implantado en 1979 por los ayuntamientos socialistas, basado en el convencimiento de que las acción cultural –en la que el Teatro ocupaba una posición destacada— debía ser subvencionada y pilotada por los poderes públicos apoyados por intelectuales y artistas de prestigio. En Marbella, la mimesis se manifestó, en la importancia que alcanzó la actividad teatral y una oferta amplia de actividades literarias y musicales. Durante el gilismo, la Delegación de Cultura, se abrió a la colaboración con la Fundación José Banús y con el Museo del Grabado vertebró la oferta en torno al elitista mundo del arte. La creación, en la periferia, del Teatro Municipal fue un desagravio por la salvaje destrucción de la Sala de Usos Múltiples; la rehabilitación del Cortijo de Miraflores justificó la desaparición del patrimonio industrial de El Ángel y ocultó que el Trapiche del Prado era una cuadra. Sin que, por cierto, en aquellos años en los que se urbanizó el terreno colindante, nadie reclamara su conversión en residencia de mayores. La Delegación de Cultura dirigida, durante la Comisión Gestora, por Francisco Javier Moreno, historiador del arte, impulsó acciones encaminadas a paliar el expolio y los daños patrimoniales. Pero fue la creación del Archivo Histórico Municipal, instalado en el Cortijo, lo que abrió nuevas perspectivas para la investigación histórica al dotarlo de instalaciones y medios para su consulta. Esta nueva infraestructura cobró significado con la celebración de jornadas realizadas conjuntamente con las instituciones con responsabilidad en la gestión y divulgación del conocimiento histórico: el Archivo Histórico Provincial, el Centro de Profesores, la Asociación Cilniana y la Universidad de Málaga. Durante la primera legislatura del Partido Popular, Carmen Díaz, mantuvo un cierto compromiso con la Historia Local, y sobre todo, en función de la actuación en la Villa de Río Verde, con el patrimonio arqueológico.

Frente la homogeneidad de las políticas culturales que a lo largo de casi cuatro décadas han mantenido las artes escénicas, la música, el arte y la literatura, en Marbella no se ha asumido –al margen de actuaciones concretas— un plan de gestión municipal de preservación del Patrimonio en el sentido de las propuestas de la FEMP. Esta carencia se evidencia, por una parte, en la existencia de amenazas inmediatas como la que pesa sobre las Ferrerías de la Concepción y sobre el Trapiche del Prado y por otra, en un conjunto de debilidades que entorpecerán los planes futuros. Entre ellas, la ausencia de técnicos entre el personal con responsabilidad en el mantenimiento y conservación de los yacimientos y de programadores conectados al mundo de la docencia, a la investigación y con conocimiento de las demandas ciudadanas; la descoordinación entre las delegaciones y las administraciones con intereses patrimoniales y la debilidad de las actuaciones encaminadas a la obtención de fondos públicos para la financiación de los proyectos de conservación.

Frente a este conjunto de “debilidades” están las oportunidades que ofrece un tejido asociativo con sensibilidad hacia el patrimonio y la posibilidad de establecer mesas de trabajo con intervención ciudadana. En el sentido del compromiso contraído, pero incumplido, con la Plataforma en Defensa y Mantenimiento del Trapiche del Prado por el gobierno del tripartito.

Con perspectivas de futuro, el Plan Estratégico para Marbella y San Pedro Alcántara, 2022, de la anterior Delegación de Sostenibilidad, contempla, entre las estrategias de la ciudad de la Cultura, la puesta en valor del Patrimonio. Un Plan de Gestión Municipal ha de definir objetivos concretos y asumir como primera actuación, la creación de un Servicio de Patrimonio con funciones específicas, al modo que funcionan otras unidades de expertos en la programación y desarrollo de las restantes ofertas culturales.

La puesta en valor del escaso pero valioso patrimonio cultural exige mecanismos de vigilancia material que impidan agresiones como la sufrida por los mosaicos de la Villa Romana, posibilitada por una protección incompleta; el cumplimiento de la legislación que frene decisiones arbitrarias como la llevada a cabo por la introducción de maquinaria en Vega del Mar. El respeto, incluso simbólico al Patrimonio, necesita también unos mínimos controles que impidan la utilización de los espacios patrimoniales con fines particulares o la banalización de su función cultural mediante la proyección mediática de prácticas y fenomenologías que contribuyen a la prevención y desconfianza ciudadana hacia lugares destinados al estudio y al conocimiento. La divulgación del Patrimonio no se agota en la visibilidad de los yacimientos arqueológicos, es necesario potenciar el conocimiento y la sensibilidad hacia la arqueología industrial. La gestión sobre el Patrimonio ha de recuperar una línea editorial de materiales didácticos y divulgativos, visados por consejos editoriales competentes –editar no es imprimir— como instrumento de difusión de la Historia Local y publicar los resultados de las investigaciones realizadas en el Archivo Histórico Municipal. Espacio, este privilegiado para el desarrollo de actividades destinadas al encuentro de investigadores, docentes y estudiantes.

En el casco antiguo, la intersección de la industria turística y el mantenimiento de la singularidad de un trazado urbano que constituye su máximo atractivo, exige estrategias de conciliación con los intereses empresariales y establecer una normativa reguladora que evite los atentados estéticos. Pero, por encima de todo, poner en marcha el plan director del más importante de nuestros bienes patrimoniales, la Alcazaba.

Un programa de las características de los propuestos por la FEMP no puede surgir más que del consenso entre nuestros representantes y de una voluntad política única. El Patrimonio y la Historia no pueden seguir siendo, como en los dos últimos años, la metralla de la batalla política. Vega del Mar lleva siglos en el mismo lugar, son los cañones que apuntan los que cambian de trinchera.

ALGO VA MUY MAL

Algo va mal de Tony Judt (2010) sitúa la degradación de los programas políticos, basados en el interés colectivo en los años ochenta, cuando se desarrolla la privatización de los servicios públicos, se generaliza el culto a la riqueza y entra en crisis el estado intervencionista, garante de los derechos sociales. Es un ensayo imprescindible al que remito a los alumnos que me interrogan sobre el fenómeno Trump y el “Brexit”. Mediante los estudios de caso de Reino Unido y EEUU, Judt sostiene que cuanta más riqueza genera un país más amplia es la desigualdad, más se incrementa la tensión social, mayores son las injusticias de clase y los privilegios. Factores desde los que explica unos procesos que tienen su origen en el mandato de Ronald Reagan y Margaret thatcher. La argumentación principal de su obra gira en torno a la desaparición progresiva y, ya aceptada por la ciudadanía, de la desaparición de lo común que ha generado un enriquecimiento extremo y unos niveles de ostentación hasta el momento desconocidos.

El análisis del proceso me remite inevitablemente al paradigma del expolio que es Marbella. Poco queda por decir de Jesús Gil si no fuera por la perversidad de su herencia. Bajo su mandato se aceptó como normal la progresiva ocupación de espacios públicos por empresas como “La Pesquera”, que construyó su restaurante sobre el Teatro Municipal; la venta de Sierra Blanca –el último episodio de la desaparición de los comunales—; la ocupación de la línea de costa; la creación de una red de empresas municipales servidas por clientelas en sustitución del funcionariado; la privatización de servicios públicos y la concesión salvaje de obras y proyectos privados. Menos análisis han merecido y –sería imprescindible hacerlo— la configuración del amplio consenso social del gilismo en Marbella, implantado con un discurso anti sistémico, periférico a la democracia, al sistema de partidos y “sin ideología”. Este último extremo horroriza, porque fue un concejal de Gil quien quiso reponer el busto de Franco en la plaza de los Naranjos; porque el mismo Gil, llamaba a sus detractores, rojos, babosos y comunistas; porque puso al servicio del culto a su personalidad –rasgo común a todos los autoritarismos— a la televisión y la radio pública; porque bajo su mandato hubo muchos episodios de violencia policial, justificada como en todos los sistemas antidemocráticos por la autoría institucional.

Como no tenía ideología, sus seguidores también eran “neutros”. Ello no impidió que los más visibles –a los que se llamó palmeros— movilizados hábilmente contra la Guerra de Irak por Julián Muñoz, vociferarán –los vi en una manifestación contra el PP— e insultarán a Ángeles Muñoz, entonces en la oposición. En mayo de 2008, los mismos actores la aclamaban, como la harán la semana próxima, con vítores y palmas e insultando –como ya están haciendo en las redes— a los que a quienes aun sabemos distinguir entre la izquierda y la derecha.

Estos grupos “sin ideología” llevan más de dos décadas sosteniendo en Marbella el gobierno de la derecha y participan del sistema de valores conservador que simboliza el Partido Popular. Valores a los que en Marbella se ha sumado otras de las visceralidades del conservadurismo español, el nacionalismo. La exaltación “patria” en su vertiente local se ha manifestado en un discurso muy agresivo –particular e injustamente focalizado en “la delegada de Cultura”— contra los representantes del partido que aspira a la soberanía municipal para San Pedro. Estas sensibilidades “ultra”, no necesariamente vinculadas al PP, han apoyado un discurso cismático, han criticado la política cultural destinada a promocionar la historia y el patrimonio de San Pedro; han boicoteado el Trapiche de Guadaiza y han cuestionado la existencia de una historia propia. Como los políticos del OSP tampoco tienen ideología, olvidan, los historiadores no.

La negación de la ideología es la más perniciosa herencia del gilismo pues sustituyó el principio de la acción política por el de la gestión administrativa. Esto permite a los individuos distanciarse de las ideas y sustituir la lealtad a los principios cívicos por la aceptación de que el gobernante puede y debe reservar una parte de los recursos para su beneficio y el de sus apoyos. De ahí, la progresión y el mantenimiento del expolio. Expolio es el mantenimiento y la explotación de los bienes y recursos vendidos por el Gil en manos privadas. La privatización del subsuelo como el aparcamiento del Francisco Norte –cuatro euros la hora— y el del gimnasio Supera –tres euros— que con el logotipo del Ayuntamiento de Marbella se ha plantado sobre el cauce del Río Huelo. Como antes otro centro deportivo semiprivado –y sin ningún control sobre su gestión— se ubicó sobre el de la Represa; expolio es que El Barrio se haya quedado sin playa y que se den licencias a empresas y chiringuitos que cobran por poner la toalla sobre la arena…; expolio es la forma como las terrazas se adueñan de las calles.

Resultado de la detracción de la renta pública es el agudo contraste entre la opulencia y la degradación de los servicios: la ciudad de la Milla de Oro vela a sus muertos en habitáculos tan lóbregos como las cárceles de la posguerra; no tiene aparcamientos en los centros de Salud y lleva años con una biblioteca municipal provisional.

El expolio no es solo el resultado de haber vendido durante las dos décadas –en las que, insisto, ha gobernado la derecha— servicios y bienes municipales sino también la ausencia de controles que impidan el abuso de los concesionarios sobre las necesidades del ciudadano. El ayuntamiento actual ha heredado ese lastre de concesiones a precio de saldo y una plantilla municipal que conformada, en parte, por las clientelas de las corporaciones anteriores –ampliadas también con las suyas— configura un capital humano excedentario pero no siempre asimilable a las necesidades de servicios que terminan siendo deficitarios.

Por mucho que se empeñen en negar la ideología, resolver la tensión entre lo público y lo privado es una cuestión ideológica. Este Ayuntamiento ha intentado, como poco, buscar un equilibrio. Lo ha intentado en la plaza de los Naranjo, sin que se haya movido una mesa; en la revisión de las concesiones; en la regulación del Starlite, la empresa que desde la ocupación de la cantera cree haber dado a Marbella lo que siempre le ha sobrado: prestigio y fama. Esto es política de izquierda que apunta a corregir el abuso pero también amenaza atávicos privilegios particulares que los ayuntamientos anteriores han permitido. Y eso, ni los poderes económicos ni los fácticos lo van a permitir. Esa y no otra es la razón por la que el PP ha recurrido a una alianza con “el diablo”.

De forma paradójica, frente a la tímida política tendente a la recuperación del patrimonio común, la delegación que tiene el OSP se ha ido inhibiendo hasta dejar la política cultural, eso sí divulgada con medios públicos, en manos de particulares, de fundaciones privadas y entidades corporativas. Las actividades literarias, antaño orgullo de una ciudad que creó el Premio de Poesía Juan Carlos I y tiene como hijo adoptivo a un premio Nobel de Literatura, han quedado monopolizadas por el original modelo autárquico, de exclusiva producción y consumo local. Y su Feria del Libro, reducida a un mero mercadillo con puntos de venta en el Casino. Pero a fin de cuentas estos agentes son ya sus aliados.

Una moción de censura es legal, la oposición tiene el derecho de presentarla y los ciudadanos tenemos la obligación cívica de respetarla. Pero lo que es inverosímil es que siguiendo la estela del gilismo, sea apoyada por un grupo que ha formado parte de la coalición gobernante.

La excusa de que CSSP-Podemos, impide la aprobación de los presupuestos es inconsistente, si el PP los va a apoyar en el gobierno, también, por la estabilidad municipal podría aprobarlos en la oposición. OSP no tendrá ideología, pero dejando a la izquierda sin concluir su mandato, favorece los intereses atávicos de la derecha y demuestra que PSOE e IU no han sido sus socios sino sus rehenes.