El Consejo de Guerra de Casares

EL CONSEJO DE GUERRA DE CASARES

(27 de abril de 1937)

En Casares, tras los fusilamientos “irregulares” de febrero y las condenas a muerte impuestas en los consejos de guerra de los días 21 y 22 de abril, en Estepona, lo peor estaba por llegar.

El consejo de guerra compuesto por el teniente coronel de Infantería retirado Juan Liaño Lavalle, como presidente; el capián Auditor Florencio Darnaude, como vocal ponente, y los vocales Antonio Castel de Luna, Antonio García García y Luis Rodríguez Moya que el día 26 había actuado en Estepona se desplazó, al día siguiente, a Casares. Ante el mismo tendrían que haber comparecido cuarenta y una personas, procesadas en cuatro causas. Hombres y mujeres, una de ellas, Lucrecia Pozo, menor de edad, estaban presos en el arresto municipal y en varias dependencias controladas por falangistas. Cárceles improvisadas en la que los juzgados el día 27 de abril, prontamente conocerían la suerte de sus paisanos condenados días antes en Estepona. Muchos intentaron escapar, a través de una ventana. Lo consiguió Juan Vargas Rojas y Secundino Martínez Pérez.

Tampoco pudo comparecer el día 27 ante aquel consejo de guerra, “por encontrarse enferma”, Ana Gavira Parra, “La Lata”, que simplemente aplazó su fusilamiento hasta febrero de 1938.

La constitución de consejos de guerra en pueblos pequeños no parece frecuente, Casares puede constituir una excepción, al menos en la comarca occidental de la provincia, donde los consejos de guerra se instalan en núcleos más importantes, cabezas de partido. Posiblemente porque los centros de internamiento de Estepona no podían recibir al alto número de presos recluidos en Casares, parte de las diligencias se instruyeron en el pueblo, facilitando la continúa comparecencia de denunciantes, en su mayoría mujeres, ante el juez.

Entre los días 7 y 8 de abril, en apenas veinticuatro horas, cuarenta y una personas fueron denunciadas, detenidas, torturadas, interrogadas y procesadas en Casares. Permanecieron en las distintas cárceles habilitadas en el pueblo, hasta el día de su juicio. A excepción de los dos hombres, que consiguieron huir y de la incomparecencia de una mujer que enfermó, los restantes fueron juzgados por un consejo de guerra, que de forma excepcional se estableció en el pueblo. Treinta y cuatro personas fueron condenadas a muerte, tres a reclusión perpetua y una a doce años y un día de reclusión temporal. La sentencia les fue notificada en el cuartel de Falange. Ninguno de los detenidos solicitó copia. Pero aún a Casares le cabría otra macabra excepcionalidad. A diferencia de los juzgados en Estepona o de los restantes pueblos donde actuaron consejos de guerra, los condenados en Casares no fueron ejecutados en el cementerio, sino en una curva del camino, en el trayecto hacia Estepona, donde según la documentación sumarial debían ser conducidos. Nunca llegaron a la costa.

Los treinta y cuatro condenados fueron ejecutados a las afueras del pueblo, en “Arroyo Marín” y enterrados in situ en una fosa común de la misma forma que los asesinados sin sentencia dos meses antes. Era el día 5 de mayo, evocado en la memoria oral de Casares como el día de la Ascensión, uno de los más negros de su historia. Cincuenta y ocho vecinos del pueblo, casi el mismo número que según todos los autos-resúmenes del juez Gómez Contreras habían sido asesinados durante la guerra, fueron fusilados aquel día. Treinta y cuatro, un número similar al de los derechistas asesinados, se enfrentaron a la muerte de la misma forma que lo habían hecho meses antes sus enemigos, fusilados a la orilla de una carretera. El número de victimas y la naturaleza de la masacre se asemejan demasiado a la del 2 de septiembre de 1936 para ser casualidad.

El Consejo de Guerra celebrado en Casares

Fuentes Bibliográficas

Prieto Borrego, L., “El terror rojo en la Causa General de Casares”, Baetica, 22 (2000), pp. 525-545.

Prieto Borrego, L., Los días de la ira. Entre Mijas y El Guadiaro, de la República a la Sierra, Málaga: Universidad de Málaga, 2013.

Trujillano Mena, B., [et. al] (eds.), Casares en la Memoria, San Juan de Aznalfarache (Sevilla): Atrapasueños, 2011.

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